agosto 11, 2020
Los viajes entre Nueva España y Asia: la nueva muestra del Franz Mayer
Paola Gerez Levy

Un viaje por los tesoros y la historia de la Nao de China, cortesía de la colección del Museo Franz Mayer.

El 8 de octubre 1565, Fray Andrés de Urdaneta y Felipe Salcedo se encontraban en un viaje por el archipiélago filipino, que hacía apenas 13 años se había anexado a la corona española. Entonces, en una de sus tantas andanzas a bordo de una nave de madera coronada por velas tensadas, dieron con la ruta marítima correcta para llegar al puerto de Acapulco, a más de 14 mil km de distancia. No sabían que ese descubrimiento sería la base para una de las conexiones comerciales más duraderas del mundo y la posibilidad de conectar Asia con la Nueva España a través del inmenso Océano Pacífico.

A dicho trayecto se le conoce como el Galeón de Manila, y aunque es por demás importante, en México hay pocos acervos históricos que resguardan los tesoros que quedaron de aquella época de expansión. Uno de ellos pertenece a la colección del Museo Franz Mayer conformada por muebles, textiles, fotografías, mapas, pinturas y demás objetos virreinales que el alemán del mismo nombre –filántropo, financiero y floricultor– juntó a lo largo de su vida en el país.

A propósito de esto, recientemente el famoso recinto del Centro Histórico abrió una exhibición virtual con el objetivo de dar a conocer a fondo el origen y la historia del Galeón de Manila. La intención es que los visitantes puedan apreciar de cerca la magnitud y la variedad de objetos que se intercambiaron entre Asia y América; un canje inadvertido que generó una gran sinergia de estéticas y hasta un nuevo estilo artesanal.

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Foto: cortesía Museo Franz Mayer

En esta muestra se pueden ver videos con animaciones cartográficas y muchísimas fotografías de alta definición de todos los artefactos que iban y venían en el trayecto y que representan, de algún modo, destellos de los que era la vida en México durante la colonia. Entre las piezas que forman parte de la exhibición hay algunas esculturas de marfil asiático, que representaban santos; un tibor de cerámica china del siglo XVII, pintada con escenas cotidianas de China; petacas de viaje hechas de bambú, cubiertas de piel bordada y forradas en el interior con lino; y cigarreras de plata repujada en la que se fusionan los motivos orientales con el estilo rococó francés que marcaba lo último de la moda en la capital novohispana.

Para recorrer la exhibición El Galeón de Manila hay que entrar aquí.

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Foto: cortesía Museo Franz Mayer

De cómo una porcelana china llegaba hasta Sevilla

La ruta comercial funcionó de 1565 hasta 1815. Desde Acapulco a Manila el viaje era de tres meses; partía en la primavera para aprovechar la corriente ecuatoriana. Aquellas naves pesadas surcaban las olas y atravesaban las tormentas cargadas, sobre todo, de plata en forma de lingotes y monedas, a tal punto que los atracos de piratas eran una amenaza constante. Por su parte, el viaje de regreso bordeaba Japón y llegaba al puerto novohispano por el norte después de siete meses de vaivén. A veces los barcos se perdían a merced de las tormentas; cruzar el Galeón de Manila era impredecible.

Imagen del Códice Boxer.

Cuando los barcos lograban llegar a México, los acapulqueños organizaban fiestas y un sinnúmero de mercados donde se vendían toda clase de chinerías. Luego la mercancía se trasladaba sobre mulas tierra adentro; para llegar a la Ciudad de México había que atravesar la Sierra Madre Occidental. Dentro de los baúles que venían del Pacífico había especias, perfumes, abanicos para las damas aristocráticas, sedas, biombos, piezas de porcelana, colmillos de marfil tallados; todo proveniente de Japón, China, Persia e India.

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Foto: cortesía Museo Franz Mayer

Una vez en la Nueva España, la gran parte de los productos se vendía en el Mercado del Parián. Otros cargamentos iban hacia Valladolid (hoy Morelia) o Guadalajara, otros a Puebla, Xalapa y Veracruz –desde aquí partían más barcos rumbo al puerto de Cádiz que estaban retacados de tesoros orientales ansiados por la realeza– y otra parte se contrabandeaba hacia Perú.

El Parián, el mercado que definió el comercio en la Ciudad de México

Lo que hoy es una explanada de concreto, que supera los 20 mil metros cuadrados y que está enmarcada por edificios de tezontle y cantera, a finales del siglo XVIII fue un prominente mercado donde la gente acaudalada buscaba objetos y ropa exótica. A través de ocho puertas uno tenía acceso a un centenar de locales distribuidos en dos plantas; una especie de universo de ultramar que mostraba que el mundo estaba conectado.

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Foto: INAH

El Parián de la Ciudad de México operó alrededor de 150 años, y estaba dividido en secciones mercantiles en las que se podían adquirir desde ropa o relojes hasta municiones y pieles raras. En este establecimiento también había una división de clases, ya que había un lado para los aristócratas y otro para los menos favorecidos económicamente.

La era de este mercado llegó a su fin a mediados del siglo XIX, cuando Santa Anna decretó su demolición en un ímpetu de reurbanizar y embellecer el paisaje urbano de la capital.

El Parián, pintura de Cristóbal de Villalpando, ca. 1590.

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Foto de portada: cortesía Museo Franz Mayer

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