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Chalcatzingo, Morelos

Chalcatzingo a alrededor de dos horas de la Ciudad de México es un sitio arqueológico único y poco conocido.

Por Javier Arredondo
Fotografía de Guillermo Arredondo
noviembre 2020

Hace poco escuché a mi hermano hablar de Chalcatzingo, un sitio arqueológico en Morelos. Sin grandes expectativas, convenció a toda la familia de embarcarnos en un viaje a conocer algo nuevo.

Situado en el valle del río Amatzinac, cerca del límite de Morelos con Puebla —a unas dos horas al sureste de la Ciudad de México—, Chalcatzingo se encuentra en tierra templada, cortada de manera abrupta por barrancas de cerros rocosos. Desde la carretera, rumbo al sitio arqueológico, se alcanzan a ver dos picos gemelos: el cerro Chalcatzingo y el Delgado. A sus faldas se encuentra uno de los asentamientos más antiguos e importantes del Altiplano Central mexicano, que fue puente entre la cultura olmeca del Golfo y la cultura mezcala en Guerrero. Un sitio único.

Los antiguos constructores aprovecharon las condiciones geográficas para integrar el paisaje al genius loci, el espíritu del lugar, algo que siempre me ha fascinado y que muchos sitios arqueológicos de culturas alrededor del mundo comparten, difícil de percibir hasta que uno está ahí. Además de belleza, el estar rodeado por estos cerros le daba al sitio ventajas estratégicas en cuanto a protección y acceso al agua.

Al llegar a Chalcatzingo hay que cruzar la entrada discreta y caminar por un largo pasillo de piedra, flanqueado por árboles nativos, hasta llegar a una explanada amplia, sobria, como un jardín bien cuidado, en donde se sitúa un montículo piramidal y los restos del juego de pelota.

Las investigaciones arqueológicas empezaron aquí en 1952, bajo la dirección de Román Piña Chan, pero fue hasta 1972 que arrancó el proyecto de investigación conjunto del Centro Regional de Morelos- Guerrero del inah y la Universidad de Illinois. Desde entonces se han descubierto varios monumentos independientes y relieves a pie de monte, de entre los que destaca el Monumento 1, llamado “El Rey”, así como varios relieves que representan a animales pequeños. El de “Los olmecas caminantes”, por ejemplo, ilustra a cuatro personajes que bien podrían estar participando en un ritual de fertilidad. El relieve I-B-5, por su parte, muestra a dos felinos, un puma y un jaguar, atacando a dos seres humanos: víctimas de un sacrificio, quizá, posiblemente relacionados con el concepto mesoamericano de héroes gemelos y que representan al Sol y a Venus. Cerca de ahí se encontraron 6,000 figurillas, que se presume fueron usadas en rituales y que han ayudado a descifrar la iconografía de esta cultura.

La relación de Chalcatzingo con la cultura olmeca se puede ver en la materia prima con que fueron construidos los edificios, en su estilo arquitectónico, en su cerámica, así como en la fecha de la primera ocupación de la ciudad, en un periodo que llaman fase Amate y que va del 1500 al 1250 a.C., en su fase temprana, y del 1250 al 1100 a.C., en la tardía.

Las recomendaciones para visitar Chalcatzingo podrían dividirse en tres categorías, según la dificultad del esfuerzo físico. La primera es la más accesible, ya que uno llega a nivel de calle a la explanada- jardín en la que están las pirámides, con espectaculares vistas a los dos cerros; ésta es una visita cómoda para ir con personas mayores, niños pequeños o amigos poco activos, ya que hay árboles que dan buena sombra para descansar y admirar el sitio.

Una segunda opción es subir un poco para visitar algunas de las estructuras, estelas y grabados que se encuentran a lo largo de la ladera del cerro; este mediano esfuerzo permite llegar a la mitad del cerro para admirar las vistas hacia el valle y el pueblo de Chalcatzingo, la ex hacienda de Montefalco y el pueblo de Jonacatepec. La tercera opción es subir hasta la cima del cerro Chalcatzingo, que en una visita reciente nos tomó alrededor de dos horas el ascenso y otro tanto para bajar.

En temporada de lluvias, y hasta mitad del invierno, es una zona muy verde y con vistas espectaculares hacia el Popocatépetl y los valles de Morelos y Puebla. Además, está muy cerca de Yecapixtla, famosa por sus cecinas, por lo que en la zona se puede comer muy bien.

Cómo llegar

Desde la Ciudad de México son alrededor de dos horas hasta Chalcatzingo. Hay que tomar la carretera a Cuernavaca y luego la desviación a Tepoztlán-Cuautla hasta llegar a Cuautla. En este punto hay que dirigirse a Atlixco/Izúcar de Matamoros, Puebla. Aproximadamente a 20 minutos de Cuautla se llega al crucero con la carretera estatal Hueyapan-Axochiapan, la cual hay que tomar en dirección al sur. Una vez recorrios cuatro kilómetros es necesario desviarse una vez más, hacia el oriente, pasando por la ex hacienda de Santa Clara Montefalco, hasta arribar al poblado de Chalcatzingo

Datos en este artículo con información del libro Ancient Chalcatzingo (1987, David C. Grove, ed., Austin, University of Texas Press).