octubre 16, 2019
Rosewood Puebla: la excusa perfecta para escapar de la CDMX
Diego Parás

Cómo hacer que una escapada de fin de semana a Puebla se sienta como una vacación completa.

Con apenas dos años de haber abierto sus puertas en Puebla, todo parece indicar que Rosewood logró descifrar a la ciudad desde el primer momento. Ya sea en su propuesta gastronómica, la arquitectura o el diseño de interiores, es posible apreciar la esencia de uno de los destinos más bellos del país, a tan sólo dos horas y media de la capital. 

Patio Central. Foto: Paulina Figueroa.

Como lo ha demostrado en sus tres propiedades hermanas en México (San Miguel de Allende, Los Cabos, Riviera MayaRiviera Nayarit para 2020), esta compañía pone el ojo en cada detalle: en Puebla transmite el espíritu colonial de las calles en sus 78 habitaciones y atractivos espacios públicos. Al entrar, los huéspedes se sienten como en una tienda de antigüedades con la mejor curaduría.

Otra forma en la que Rosewood ha logrado abstraer a Puebla es a partir de la gastronomía, y sus cuatro propuestas culinarias son prueba de ello. La más formal, Pasquinel Bistro, es una fusión de la cocina mexicana y la europea. Es difícil elegir el mejor momento para comer en este restaurante, pues en la mañana el pan dulce es la estrella discreta (en específico un croissant de almendras), mientras que en la tarde la posibilidad de comer en la terraza seduce a cualquiera. Por la noche, y para terminar bien el día, vale la pena visitar el jardín iluminado.

Pasquinel Bistro. Foto: Paulina Figueroa.

Sin embargo, hay que probar el resto de las ofertas. Mientras que Café Azul Talavera es de ambiente mucho más relajado, perfecto para una comida con niños, el bar de la azotea es el lugar ideal para la hora del té (hay que preguntar por los bocadillos con los que se puede acompañar la extensa carta de bebidas calientes). Para la velada, la elección por excelencia es el bar Los Lavaderos, un espacio íntimo y elegante a un lado de los Lavaderos de Almoloya del siglo XIX que corrían bajo el edificio.

Café Azul Talavera. Foto: Paulina Figueroa.

Aquí nada está por error y lo que no está tendrá su razón para faltar. Los edificios antiguos están dispuestos alrededor de un jardín central y presumen elegantes fachadas de colores vivos diseñadas por el arquitecto poblano Eric Meza Leinesque (quien, cabe resaltar, ganó la categoría de Arquitectura de Exteriores de los premios Prix Versailles en 2018 por su trabajo en este hotel). En contraste, los huéspedes pueden admirar el interior sobrio repleto de madera y piel, las habitaciones de doble altura, la iluminación natural o el característico aroma del elevador.

A continuación, les compartimos una serie de sugerencias para vivir un fin de semana en Rosewood Puebla y volver transformado, como si de una vacación completa se tratara.

Habitación

Hay tres tipos de habitaciones y tres suites. Si bien cada una tiene su propia personalidad y se adapta a las necesidades de cada viajero, la tina de cobre en la Habitación Puebla y la Habitación Premier King hace que éstas sean nuestras favoritas.

Foto: Cortesía Rosewood.

Personaje clave

Jonathan Alvarado, el sous chef ejecutivo, ha logrado crear una personalidad propia en cada uno de los restaurantes del hotel. Si uno lo ve caminando o detrás de la cocina, no hay que dudar en saludarlo y preguntarle sobre su propuesta en el menú, pues seguro se detendrá a conversar. 

Espacio público

Al estar en el límite del Centro Histórico de la ciudad, la vista desde la azotea es una panorámica de las famosas cúpulas de Puebla (siendo la más cercana la de la iglesia vecina, la parroquia de San Francisco de Asís). Se puede disfrutar nadando en la alberca hecha de azulejos de talavera.

Vista desde la alberca en la azotea. Foto: Paulina Figueroa.

Detalle

En el patio principal se encuentra la barda más vieja de la propiedad, donde escurre una fuente que hace que crezcan pequeños helechos del adobe que sostiene el muro. El chorro cae a un espejo de agua de tradicional talavera poblana en el que están sumergidas macetas de barro con plantas acuáticas. 

A la izquierda, el muro más antiguo de la propiedad. Foto: Cortesía.

Algo imprescindible

Sense, el spa del hotel. La recomendación es pedir la Cura de Lodo Volcánico que, como su nombre lo indica, es mucho más que un masaje. Es un tratamiento, casi ritual, en el que después de un pequeño masaje relajante, embalsaman el cuerpo con el lodo de los volcanes que rodean a la ciudad; su temperatura y textura suave (contrario a lo que se podría pensar) hacen que uno se relaje inmediatamente. Lo que sigue es reposar y dejar que las propiedades minerales del volcán hagan lo suyo sobre la piel.

un pSense Spa. Foto: Cortesía.

Un platillo

El Nido, uno de los postres insignia del hotel. Tan bello que da pena romperlo, este postre de chocolate es perfecto para compartir sin empalagarse.

El Nido. Foto: Paulina Figueroa.

Algo para beber

El “caliente”, una mezcla de tequila, pepino, piña, cáscara de limón y hielo, servido en un vaso de cobre.

Foto: Paulina Figueroa.

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