México y Filipinas, más similares de lo que parece
octubre 6, 2020
De por qué Filipinas es el país más mexicano de Asia
Paola Gerez Levy

Desde la música romántica hasta la longaniza o el idioma español, algunas similitudes entre ambas excolonias españolas.

Los restos de lo que fue el virreinato están visibles no solo en México, sino en un sinnúmero de ciudades a lo largo y ancho de Latinoamérica. No obstabte en las islas Filipinas, ese archipiélago que también estuvo bajo el mando de la corona española, más que influencia hispánica, lo que perduró fueron numerosos rasgos de la cultura mexicana.

Todo comenzó con el descubrimiento de América y con eso la exploración de nuevas rutas comerciales –el Galeón de Manila–. A la partir del inicio de la colonización del actual México a manos de Cortés, Fernando de Magallanes llegó a las islas del Pacífico occidental y comenzó a buscar tierras para clavar su bandera. Dos décadas después, un tal  López de Villalobos bautizó a esos islotes en honor al rey Felipe II: Islas Filipinas.

A partir de ahí inició un intercambio cultural que fue, hablando en términos mestizos, aún más ecléctico que el de España y México. Y es que no fueron directamente los ibéricos los que manejaban el archipiélago, sino los criollos españoles-mexicanos. Es por eso que en la actualidad podemos detectar numerosas similitudes entre ambas naciones, que van desde la arquitectura hasta la gastronomía y el idioma.

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Manila. Foto: Kristine Wook / Unsplash

El español fue idioma oficial de Filipinas

No es de extrañar que, después de 300 años de colonia, el español sea una de las lenguas más habladas en el archipiélago asiático, en especial en el sur. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX se prefería usar el español sobre el tagalo, la lengua nativa, pues era un símbolo de estatus social y se usaba con la servidumbre de los hogares.

El castellano fue una de las lenguas oficiales hasta que fue retirada, por orden oficial, en 1987, quedando sólo inglés y tagalo –este último en vías de ser devorado por los anglicismos.

Sin embargo, se calcula que todavía hay dos millones de hispanohablantes filipinos y que el mismo idioma tagalo moderno tiene dos millares de términos derivados del castellano; tinidor (tenedor), lamesa (mesa), suwerte (suerte) o kotse (coche) son tan solo algunas de ellas. Lo más curioso es que su acento es más parecido al español mexicano que al de otro país hispano.

Nombres compartidos

Pasear por cualquier gran ciudad filipina y mirar hacia los letreros que muestran los nombres de las vialidades puede resultar familiar. En la capital Manila uno puede toparse con la cerrada Acapulco, las calles Valdez o Montalban, la Abenida Ayala o el gran Paseo de Roxas. No obstante también existen toònimos como Office Dr., United Nations Avenue o McKinley Rd., esto nos recuerda que el país estuvo bajo ocupación de Estados Unidos entre 1898 y 1964.

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Las playas son grandes destinos en ambos países. En la foto: Boracay Malay. Foto: Laimonas Kesriauskis / Unsplash

Iglesias y más iglesias

Las Filipinas no estuvieron exentas de la labor evangelizadora de los misioneros españoles. Los templos religiosos más antiguos de todas las latitudes presumen un claro estilo barroco, muy similar al que encontramos en los pueblos mexicano. Por esto mismo, vale la pena aclarar que este es el único país en Asia en donde predomina la religión católica; la Virgen de Guadalupe es una de las figuras más veneradas entre los creyentes.

De hecho existe una cuarteta de construcciones – nombradas Patrimonio de la Humanidad–  que están bajo el nombre Iglesias Barrocas de Filipinas. Se trata de cuatro edificaciones que se encuentran en las ciudades de Manila, Miag (al centro), Santa María y Paoay (al norte) y que muestran fachadas imponentes de piedra, algunas más decoradas que otras.

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Iglesia de Santa María en Ilocos Sur. Foto: Harry Balais / Wikimedia Commons

Garnachas en el mercado

El folclor está presente en los mercados de Filipinas y México. Establecimientos que han encontrado su identidad a partir del mestizaje. En México fueron los mesoamericanos y, en las islas, asiáticos.

También hay puestos –instalados e improvisados– que ofrecen los productos coloridos y frescos del momento. Algunos platillos que no solo compartimos en sabor y preparación, sino también en nombre. Está por ejemplo, el chicharon, que no se necesita aclarar para entender de qué se trata; el adobo, uno de los platos caseros por excelencia; o la longganisa, la cual se prepara de diferentes formas y puede saber desde salada a dulce, con toques fuertes a ajo o muy picante.

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Foto: JR Padlan / Unsplash

La actual capital fue el centro económico de la Colonia

La Ciudad de México resguarda hasta la fecha enormes edificios de tezontle y cantera que alojaron a las clases más poderosas del virreinato. Manila, la capital de la provincia de ultramar de las Filipinas, también era hogar de los adinerados españoles. Hablamos de Intramuros, el primer desarrollo hispano en la región que se construyó para segregar a blancos y a nativos con barreras naturales y edificadas. Por dos lados el Pacífico y el río Pasig, y de los otros dos, espesos muros con baluartes de vigilancia –similares a los que encontramos en Campeche– que servían para defender el barrio de eventuales piratas. Actualmente, Intramuros es el centro antiguo de Manila y se pueden recorrer construcciones históricas como el palacio de gobierno, la catedral o la antigua prisión.

Música para el corazón

En Filipinas es común que la gente ubique productos mediáticos mexicanos, en especial las telenovelas. Pero una faceta cultural que ocupa un lugar en las almas de mexicanos y filipinos es la música romántica. Tanto así que se puede decir que el bolero es a México lo que el kundiman es a Filipinas. Melodías donde predominan las voces y las líricas de (des)amor y un ritmo tranquilo que no inspira más que a cantar con sentimiento.

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Foto de portada: Michael Buillerey / Unsplash

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