marzo 5, 2019
Encontraron una ofrenda a Tláloc en una cueva secreta de Chichén Itzá
Paola Gerez Levy

Mil años después, aún hay muchísimo que aprender y conocer de los mayas.

Las culturas prehispánicas, por más antiguas que sean, están más presentes que nunca en la actualidad. Y aunque todavía no se sabe todo acerca de los grupos originarios que habitaban nuestro país, cada vez aparecen en el subsuelo nuevos respuestas acerca del pasado de México. Prueba de ello son los nuevos descubrimientos en Monte Albán o los hallazgos inesperados que han aparecido en la capital.

El más reciente descubrimiento se acaba de realizar en Chichén Itzá, en donde investigadores del Gran Acuífero Maya hicieron una exploración preliminar de Balamkú –”cueva del dios Jaguar“; un santuario subterráneo de más de mil años de antigüedad que está ubicado debajo de dicha zona arqueológica.

Primera exploración de un santuario maya subterráneo bajo Chichén Itzá

Foto: Karla Ortega / Gran Acuífero Maya

En 1966 algunos ejidatarios del poblado de San Felipe encontraron esta cueva por casualidad. A pesar de que se registró su hallazgo, se cerró su entrada y no fue hasta ahora, más de 50 años después, que se hizo un primer acercamiento al sitio.

Este retraso en la investigación se explica por la dificultad que hay para llegar a las profundidades. Hablamos de una cámara de casi cuatro metros de alto en la que hay que recorrer cerca de 400 metros de grietas y pasadizos estrechos. Los científicos calculan que hasta ahora solo se ha podido entrar a una tercera parte del santuario. Asimismo, en lo que va de la investigación dentro de la caverna se han encontrado siete ofrendas, lo que deja suponer que su uso era exclusivamente ceremonial.

Primera exploración de un santuario maya subterráneo bajo Chichén Itzá

Foto: Karla Ortega / Gran Acuífero Maya

En el interior del santuario

Repartidas en los diferentes altares se hallaron cientos de objetos de piedra, concha jade o semillas, muchos de éstos usados en rituales. Además, se hallaron cazuelas pequeñas, piedras de molienda, malacates, metates e incensarios con la representación de Tláloc: el dios del rayo o de la lluvia. Sin embargo, existe la posibilidad de que haya más artefactos debajo de las capas de sedimento.

Balamkú es una de las más de 20 cuevas y cenotes que eran utilizados para fines religiosos. Tal abundancia de ofrendas en sitios cercanos a ojos de agua no es coincidencia, pues su auge (entre los años 700 y 1000) coincide con una temporada de sequía en el norte dela Península de Yucatán que provocó un aumento de ofrendas a la lluvia entre los mayas itzáes (los fundadores de Chichén Itzá).

Primera exploración de un santuario maya subterráneo bajo Chichén Itzá

Foto: Karla Ortega / Gran Acuífero Maya

Lo que se hará en el futuro

Esta exploración sin precedentes está liderada por Guillermo de Anda, investigador del INAH. Lo anterior no es más que un primer acercamiento a los tesoros dentro de Balamkú; en el futuro vendrán más entradas a la cueva, un mapeo detallado y la realización de un modelo en tercera dimensión del espacio.

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