agosto 11, 2020
El Valle de los Enigmas de Jalisco (oda a las piedras extraterrestres)
Diego Parás

Nadie sabe de dónde vienen estas formaciones rocosas a dos horas de Guadalajara.

Las civilizaciones antiguas atribuían a los dioses los fenómenos naturales que no podían comprender. “¿Cómo funciona la lluvia?, ¿cómo es que el sol sale cada mañana?, ¿dónde se genera el viento?” Hoy podemos responder estas preguntas; sin embargo, la naturaleza contiene una multitud de situaciones que todavía no podemos explicar. Una de ellas está en Jalisco.

A cinco kilómetros del pueblo de Tapalpa, hay un valle de llanuras de pasto en el que lo único que interrumpe el paisaje son grandes piedras que no se corresponden a la naturaleza que las rodea. Los locales las conocen como “las piedrotas” y no hay mejor descripción que esa, son grandes rocas en medio de un valle pero…

Hay piedras amontonadas y otras solas, en medio del valle.

¿Cómo llegaron ahí?

Existen, principalmente, dos teorías. La primera es que son meteoritos que alguna vez cayeron desde el espacio y que, con el paso de los años, rellenaron sus cráteres con la erosión de la Tierra. La segunda supone que son piedras que fueron arrastradas hasta ese lugar por un cuerpo de agua (mar, río o lago) que en algún momento circuló por ese sitio.

Sea cual sea la explicación, lo que es seguro es que han estado ahí por mucho tiempo – algunas de ellas hay petroglifos grabados de civilizaciones antiguas– por lo que los antropólogos, más preocupados por el significado que le daban las culturas y no tanto su origen, creen que era un sitio ceremonial.

No se sabe cómo es que llegaron estas piedras al valle.

Son tan importantes que gracias a estas piedras el lugar ha sido bautizado como Valle de los Enigmas. Para visitarlo desde la Ciudad de México, lo más sencillo es volar a Guadalajara y manejar los 130 kilómetros (dos horas aproximadamente) hasta llegar al valle. Una vez ahí hay muchas actividades para convivir com la naturaleza como paseo en bicicleta y rappel.

 

Tapalpa

Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, Tapalpa.

Este pueblo es una muy buena opción para practicar deportes extremos, especialmente aéreos. Ha sido escenario de competencias internacionales de vuelo en parapente y ofrece una vista espectacular a la naturaleza que lo rodea. Más de 40 mil hectáreas de áreas naturales, como las que rodean el humedal de Sayula, el Nevado de Colima y el Salto del Nogal: una cascada  de más de 100 metros de altura que desciende sobre un bosque con varias opciones de hospedaje.

De regreso a Guadalajara, vale la pena hacer una pequeña desviación al lago de Chapala, el cuerpo de agua dulce más grande de México. Aquí otra parada es la isla de Mezcala, que fue protagonista de un episodio poco conocido de la Guerra de Independencia: un grupo de insurgentes se instaló ahí y construyó una fortaleza que resistió durante cuatro años (1812-1816) los ataques de los realistas. Tiempo después, el fuerte fue utilizado como prisión, por lo que la isla es también conocida como Isla del Presidio.

El lago de Chapala es el más grande de todo México.

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