septiembre 22, 2020
Así era Acapulco en los años 50… clavados, arena y Kennedy
Viviana Cohen

En la mitad del siglo XX, Acapulco se transformó. Pasó de ser un pueblito de pescadores desolado a un destino mundial de descanso.

Alguna vez en un viaje a Acapulco, un europeo dijo que lo que más le impresionaba de la carretera entre la Ciudad de México y el Pacífico eran las distintas tonalidades de verde que aparecían en el paisaje. Alguien tuvo a bien responderle que lo que veía no era nada, en otra época, en otra década, ir al destino costero más cercano de la capital, era una oda a la naturaleza.

En los años 50, por ejemplo, para llegar al puerto había que atravesar la carretera México- Acapulco, que era esencialmente un camino en medio de un bosque exuberante que se transformaba en cada kilómetro. Entre más se avanzaba más aumentaba el calor, y aprecian en las ventanas otros árboles, otros animales, otros verdes. Así era hasta que aparecía el océano. Un mar limpio que no estaba rodeado de tantos hoteles ni de tanta gente en la arena.

fotografía: Acapulco en el tiempo

La esencia

Esto se debió, en parte,  al gran desarrollo que tuvo este sitio en los 50. En esta década se inauguró la Avenida Costera Miguel Alemán, comenzaron a instalarse los grandes hoteles y hasta abrió sus puertas el aeropuerto. El mismo Miguel Alemán lo visitó durante una semana, y nadó en el mar a las 11 de la noche.

Fotografía: Acapulco en tiempo

Y es que aunque resulte difícil de imaginar, existió un Acapulco cuya esencia estaba lejos de los resorts. Una época en la que las calles terminaban en una playa y lo único que se requería de las vacaciones era nadar en el mar y luego pasar  la tarde en la terraza de un hotel– quizá el Presidente o el Boca Chica–,  que prometía vista a la bahía, con un trago en mano y una conversación larga.

En el día siempre estaba (y está) La Quebrada donde un grupo de hombres atléticos se tiraban 45 metros al vacío desde un acantilado. En el momento se puso de moda ir a contemplar los saltos en el alojamiento la Perla. También por esos años llegó al puerto Las Américas,  el primer hotel con alberca En la noche, las personas iban de Caleta a Rocaleta en busca de cabarets que animaran las madrugadas. Había un bar llamado Beachcomber donde, según los historiadores, se realizaban carreras de tortugas y los ricos apostaban en dólares buenas cantidades de dinero.

Fotografía: Acapulco en el tiempo

La época  de oro

Algo tenía esta playa que no se parecía a ninguna del planeta. Quizá por eso, en 1947 llegó ahí, con todo y su gran producción de Hollywood, el mítico Orson Wells para filmar La dama de Sahangai  un clásico del cine negro que estaba protagonizado por la no menos mítica Rita Hayword. En esta cinta hay una buena colección de imágenes de la época. Un poco de Caleta y Caletilla, el Hotel Casa Blanca y hasta algunas tomas del barrio de la Candelaria.

Un año después llegó, Robert Florey para dirigir Tarzan y las Sirenas. Aunque no dejó una gran huella en la historia del séptimo arte, sí dejó para siempre la constancia de que en el puerto existía La Quebrada. El actor principal, Johnny Weissmüller se volvió loco por el puerto y en el puerto, en una de las ostentosas habitaciones del Hotel Flamingos.

 En tanto Emilio “el Indio” Fernández rodaba, por el 52, una película llamada Acapulco, protagonizada por Elsa Aguirre, Silvia Pinal y Pedro Infante se paseaban en el mar, Tin Tan tomaba el sol con lentes y Kennedy, antes de ser Kennedy, veía el atardecer en su luna de miel.

 

Acapulco en el tiempo

Aunque muchos de los edificios han desaparecido y en el puerto actualmente quedan sólo algunas huellas del espledonde los años 50, para recuperar el pasado se creó una página llamada Acapulco en el tiempo una inciativa que busca rescarar la historia de esta ciudad desde la fotógrafía. Aquí les dejamos algunas postales que encontramos en esta página.

Fotografía: Acapulco en el tiempo.

Fotografía: Acapulco en tiempo.

Fotografía: Acapulco en el tiempo.

Fotografía: Acapulco en el tiempo

 

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