marzo 26, 2020
Trashumancia a la italiana
Redacción TravesíasPor Debbie Pappyn

Conoce la antigua tradición ganadera que define el carácter de la región de Abruzzo.

La transumanza —el movimiento estacional de rebaños de ovejas y cabras entre montañas y pastizales— se ha practicado en las escarpadas laderas de la remota región de Abruzzo, en el centro de Italia, desde hace al menos un milenio. La UNESCO acaba de declarar esta vieja tradición ganadera como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.

Si le preguntas a cualquier abruzzese de cierta edad qué significa esta tradición, lo más seguro es que te responda algo así: “Abruzzo es trashumancia. Es el alma de Abruzzo. Todo tiene que ver con la trashumancia: los productos que comemos, el vino que tomamos, la vida que llevamos, la conexión con la tierra y el paisaje”. Esta forma de vida, marcada por el movimiento estacional para alimentar al ganado, perdura, define y da carácter a esta región. Las ovejas se mueven para comer. La gente de Abruzzo come para celebrar su tierra. Esta conexión entre la gente y el paisaje es lo que mantiene viva la transumanza.

Ahora puedes vivir esta experiencia de primera mano: viaja a Italia y únete a una de las trashumancias que tienen lugar dos veces al año. El viaje a pie da comienzo en el pueblo de Anversa degli Abruzzi, en L’Aquila, una de las cuatro provincias que conforman Abruzzo (las otras tres son Chieti, Pescara y Téramo). En Anversa, un hombre se empeña en que esta antigua costumbre no se pierda. El hecho de que la UNESCO la haya nombrado Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad seguramente ayudará a preservar esta actividad histórica.

Aquí uno se siente muy lejos de la vida en la ciudad y los problemas cotidianos. La señal del teléfono y las montañas de Abruzzo no se llevan. Foto: David De Vleeschauwer

Adopta una oveja

A fin de ponerte a prueba como pastor, reserva un fin de semana para caminar con más de 500 ovejas y cabras por las dehesas de Piano delle Cinque Miglia, cuesta abajo del pueblo de Roccaraso, una zona de senderos pecuarios que se adentran en una de las regiones más remotas de Europa y que atraviesa Anversa degli Abruzzi, las gargantas de Sagittario, Castrovalva, Frattura Vecchia y el pueblo de Scanno. 

Nunzio Marcelli nos espera. Famoso en la región por su granja de cría de ovejas, también es autor del concepto “adopta una oveja” y dueño de La Porta dei Parchi, un restaurante y bed & breakfast. A cambio de la aportación anual de “adopta una oveja”, cada donador recibe productos de la granja dos veces al año: queso delicioso, lana e incluso carne. Nunzio tiene patronos de todo el mundo, muchos de ellos estadounidenses que leyeron sobre la iniciativa en The New York Times. Y es gracias a Nunzio que los viajeros también pueden unirse a la trashumancia, caminando entre un mar de ovejas por estos bellísimos paisajes. 

Trashumancia a la italiana

Derecha: Nunzio Marcelli no sólo tiene una granja, un restaurante y un bed & breakfast; gracias a él, los viajeros pueden unirse a la trashumancia y caminar entre un mar de ovejas por bellísimos paisajes. Fotos: David De Vleeschauwer

Don Quijote

La pequeña localidad de Anversa degli Abruzzi es el escenario perfecto para comenzar nuestro trayecto como pastores. Nunzio nos acoge en un departamento que tiene para rentar en el centro del pueblo. El balcón da a una pequeña y bulliciosa plaza, donde los habitantes se reúnen para tomar café o un aperitivo, las mujeres hablan en voz alta, los niños juegan y todo el mundo se conoce. Nunzio es una celebridad en el pueblo, con su personalidad carismática y una voluminosa barba, ojos intensos y manos fuertes de quien trabaja la tierra. Como un don Quijote, lucha contra la fuerza invisible del mundo moderno que poco a poco invade las poblaciones de Abruzzo, amenazando su forma de vida y su cultura. Esa tarde antes de partir, Nunzio  y otros se ponen de pie y empiezan a bailar. El vino tinto de la región fluye sin límite, la pasta se cocina al dente con precisión italiana y la noche es tibia y larga. No hay ninguna señal aún de que, a la mañana siguiente, 500 ovejas nos estarán esperando para trasladarlas a una dehesa donde se alimentarán para crecer sanas y hacerse más fuertes. Durante esa noche, el día siguiente no existe. 

Fotos: David De Vleeschauwer

Pastores rumanos

Pero la mañana siguiente llega, implacable, con un rebaño de ovejas que parece un río que surge de las puertas de la granja hacia el grandioso paisaje alrededor de Anversa degli Abruzzi. Son las siete y un grupo de extraños, unas 20 personas, nos encontramos para caminar junto a los pastores, las ovejas, un caballo y 15 perros por los senderos históricos de la trashumancia. 

Trashumancia a la italiana

La UNESCO acaba de declarar esta vieja tradición ganadera como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. Foto: David De Vleeschauwer

Los movimientos estacionales de este tipo de ganadería requieren un conocimiento profundo de las necesidades de los animales y cómo protegerlos, de las características de cada hábitat y clima, de cómo manejar los recursos naturales de la tierra. La conexión de los pastores con los animales es muy especial: aquéllos no sólo viajan acompañados de sus ovejas, sino también de perros y animales de carga. Y además de poseer esta sabiduría ancestral, es gente con miles de conocimientos prácticos que aseguran su bienestar durante la trashumancia. Los que viajan con nosotros son pastores rumanos que vinieron a Italia con sus familias para trabajar y vivir en la granja de Nunzio. El padre, un maestro quesero, fabrica algunas de las delicias que son nuestro alimento durante los tres días del viaje: ricotta, pecorino, queso con hierbas y chile, scamorze, caciottine. Los protagonistas principales de este viaje a pie, sin duda alguna, son la comida y el magnífico paisaje que se extiende, salvaje, sin interrupción.

Fotos: David De Vleeschauwer

El primer día cruzamos las gargantas del Sagittario (Gole del Sagittario), escenario de una tragedia en verso del escritor decadente Gabriele D’Annunzio (La antorcha escondida), para llegar a la pequeña villa de Castrovalva, situada sobre las gargantas. El artista holandés M. C. Escher dibujó este pueblo después de enamorarse de Abruzzo, inspirado por su vastedad y aislamiento. Cruzamos una montaña más, caminando entre las ovejas, y llegamos a Frattura Vecchia, una localidad de pastores casi deshabitada. Después de pasar el día entero caminando, todos nos echamos sobre el pasto para descansar. Las ovejas pastan tranquilas a unos 100 metros de nosotros. Ellas descansan, nosotros también. Caminar es más duro de lo que esperábamos. Pensábamos que las ovejas caminan despacio, pero lo cierto es que van a toda prisa, como si supieran lo delicioso que es el pasto en la siguiente dehesa. 

Trashumancia a la italiana

Foto: David De Vleeschauwer

Un rebaño de energía

Moverse al ritmo del rebaño es al mismo tiempo emocionante y relajante. Sí, se mueve más despacio que cualquier vehículo inventado por los seres humanos, constantemente pastando donde encuentra algo que comer. A veces una oveja se queda atrás, pero, en cuanto se da cuenta, corre a una velocidad sorprendente para alcanzar a las demás. De pronto, uno termina en medio del rebaño, rodeado de cientos de ovejas. Y la sensación al moverse con esta masa casi uniforme, oscilante y esponjosa que forma un solo objeto, que no se disuelve nunca, es extraña e hipnótica. Cada individuo sigue al que tiene enfrente; se detiene si el de adelante se detiene y continúa cuando los demás lo hacen. Todo tiene su razón de ser, todo está marcado por el ritmo de los animales que se mueven con propósito, con voluntad, para encontrar pastizales más verdes. 

Derecha: Durante la trashumancia, viajeros, pastores, perros y más de 500 ovejas y cabras caminan por los senderos históricos. Fotos: David De Vleeschauwer

Llegamos al lago Scanno, con forma de corazón. Éste se formó hace “poco” tiempo (2 000 años) debido a una fractura en las montañas a su alrededor, lo que creó una presa natural. Visitamos el pueblo del mismo nombre, a una altitud de 1 100 metros, cuyo origen fue la economía pastoril y donde todavía se puede ver a mujeres con las prendas típicas de la región, unas pesadas faldas de lana. Son las mismas faldas que salen en las fotografías del gran Henri Cartier-Bresson, quien visitó Scanno en 1951. Es un pueblo donde las mujeres están acostumbradas a dirigir la vida, ya que los hombres pasan muchos meses al año lejos, con las ovejas. 

Durante dos días de camino, el teléfono no capta señal alguna. El 3G y las montañas de Abruzzo no se llevan. Pasamos la noche aquí, comiendo, bebiendo, descansando. Seguir al rebaño da mucho sueño. 

Trashumancia a la italiana

Foto: David De Vleeschauwer

Movimiento constante

El último día caminamos unas horas por el bosque antes de llegar a nuestro destino: un amplio pastizal, como salido de un cuento, en el Piano delle Cinque Miglia, cerca del pueblo medieval de Roccaraso (en invierno es un resort de montaña). El ritmo de nuestros pasos acompaña el sonido de los cencerros de las ovejas y el crujido de las ramas secas al pisarlas. Aquí uno se siente muy lejos de la vida en la ciudad y los problemas de la existencia cotidiana, entre paisajes sublimes que son muestra constante de las riquezas de este territorio. 

Fotos: David De Vleeschauwer

Éste es el destino final para las ovejas. Aquí descansarán y se alimentarán hasta octubre, cuando el movimiento de la transumanza las regrese al abrigo de la granja para pasar el invierno. Nos hemos dado cuenta de que cualquier persona con un mínimo de condición física puede disfrutar este viaje, aunque no sea un caminante apasionado, tanto por las historias que escuchamos y que permanecerán para siempre vivas en nuestra memoria como por las largas horas caminando, en las que la mente y el corazón regresan a un estado de calma casi zen, a lo básico de la vida, lejos “del mundanal ruido” de la modernidad. 

Trashumancia a la italiana

Derecha: Moverse al ritmo del rebaño es al mismo tiempo emocionante y relajante. El paisaje siempre es magnífico y se extiende sin interrupción. Fotos: David De Vleeschauwer

Foto de portada: David De Vleeschauwer

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