mayo 19, 2020
Buenas noticias: se cerró el hoyo en la capa de ozono sobre el Ártico
Paola Gerez Levy

Hay veces que la Tierra se enferma y se cura sola.

En marzo, una noticia desconcertó a científicos alrededor del mundo: un enorme hoyo de aproximadamente 6 mil 500 millones de kilómetros cuadrados –tres veces el tamaño de Groenlandia– se abrió en la capa de ozono sobre la región Ártica. Por fortuna, este desastre atmosférico duró poco, pues el 1 de mayo se cerró de nuevo.

Según datos de la NASA, este año se registró el agujero más grande jamás visto. Un suceso raro, que aunque había ocurrido en menor medida en 1997 y 2011, que nunca se había visto con estas dimensiones. Esta aparición propició un escenario incierto entre los meteorólogos; afortunadamente, el 20 de abril el orificio comenzó a reducirse hasta que a principios de mayo la capa de ozono volvió a unirse.

capa de ozono

Foto: NASA’s Goddard Space Flight Center.

¿Por qué se creó el hoyo en la capa de ozono?

Es relativamente común que cada invierno, sobre la zona polar de la Tierra, la concentración de ozono disminuya, pues el aire en la estratósfera –la capa atmosférica ubicada a una altura entre los 10 y los 50 km del suelo– se enfría y se crean vórtices polares, es decir áreas de baja presión que aíslan el viento de otras corrientes. Durante el verano, estos vórtices se debilitan y permiten el flujo de otros gases presentes en la atmósfera baja, entre ellos el ozono.

Sin embargo, en 2020 el fenómeno fue más extremo porque el aire alcanzó temperaturas de hasta -80ºC y el vórtice polar fue más gélido. No obstante, cuando llegó la primavera los grados de la estratósfera subieron, el vórtice polar se dividió y se restablecieron los niveles del ozono.

atmósfera

Foto: Artur D. / Unsplash

Otro orificio al otro lado del planeta

Aunque el orificio en el polo norte se haya remendado, no hay que olvidar el hoyo que está sobre la Antártida, el cual se forma cada invierno –por lo menos– desde 1982. De acuerdo a información que divulgaron la NASA y la NOAA, este inmenso agujero también redujo su tamaño, de hecho en 2019 sus proporciones bajaron al máximo.

Esto no es casualidad, pues el disminuir el tamaño de este hoyo en la capa de ozono ha sido uno de los más grandes compromisos internacionales. Para hacerlo desaparecer se firmó, en 1987, el Protocolo de Montreal, en el cual 197 miembros de la ONU se comprometieron a regular la producción y el consumo de un centenar de sustancias químicas.

smog ciudad

Foto: Nina Hale / Flickr

No hay ninguna relación con los efectos de la cuarentena

Muchas personas especularon que la cuarentena había sido la responsable de la súbita desaparición del hueco que se abrió. Y no es ilógico pensarlo, ya que en los últimos días se frenó la producción de las fábricas y se redujo el flujo vehicular a tal punto que incluso los Hiamalayas fueron visibles. No obstante, Clare Nullis, la portavoz de la Organización Meteorológica Mundial (WMO), declaró que los cambios en dichas condiciones atmosféricas no están relacionadas con los efectos que el encierro a nivel mundial ha ocasionado en la naturaleza.

La importancia de la capa de ozono

La capa de ozono se encuentra en la estratósfera y rodea la Tierra a una altura de entre 20 y 30 km. Dicho gas, en contacto directo, causa daños a las plantas y a los tejidos pulmonares, pero a esa distancia y en una concentración de 0.03% es clave para proteger la vida terrestre de la radiación ultravioleta B, la responsable de los daños en la piel, entre muchos otros.

iceberg

Foto: Patrick Schneider / Unsplash

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Foto de portada: NASA

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