julio 18, 2020
¿Cómo volveremos a viajar?: #jumpstarttravel 
María Pellicer

Alguien tiene que poner el ejemplo. Los agentes de viajes, los operadores y los periodistas —además de los viajeros empedernidos— han sido los primeros en ponerse la mascarilla y careta y subirse a un avión. Esto es lo que nos cuentan de la experiencia de viajar en tiempos de COVID-19.

Hace casi cuatro meses que los viajes en todo el mundo entró en un impasse. La pandemia obligó a hoteles, operadores, aerolíneas, restaurantes, museos y tiendas a cerrar y esperar. Para algunos fueron dos meses; para otros, tres. Hay quienes continúan cerrados. Pero, poco a poco, las puertas vuelven a abrirse. Siguiendo todas las medidas de seguridad y todos los protocolos, algunos oficiales, otros inventados (la pandemia ha dado rienda suelta a la imaginación y la creatividad) el turismo y la hospitalidad se topan ahora con la nueva normalidad. Y los viajeros empiezan a salir de nuevo. 

Un arranque distinto

Busqué a Eduardo Gaz, de SkiUSA, porque al revisar el hashtag #jumpstarttravel en Instagram encontré varias publicaciones suyas. Hablamos por teléfono un sábado por la mañana, él en Miami y yo en la Ciudad de México pero Eduardo ya tiene la mirada puesta en un viaje a Europa que planea poder hacer dentro de las próximas semanas con su familia, aunque eso implique volver vía Maldvias. En circunstancias normales estaría en Chile, esquiando, pero Chile está fuera de la ecuación, como la mayoría de Sudamérica, pues son países que han cerrado fronteras. 

Eduardo tiene muy clara la situación y los problemas que enfrentamos como industria y como viajeros. Me los enumera como si los tuviera escritos en un papel, lo que me hace pensar que ha estado dándole muchas vueltas al tema en los últimos meses. “Veo tres problemas. Primero, las restricciones de las autoridades. Segundo, la cuestión financiera y finalmente, el tema de la confianza del viajero”. Con las dos primeras no hay nada que hacer pero en el tema de la confianza es donde la industria tiene más capacidad de acción. Para Eduardo, el problema no es que el viajero tenga “miedo” de contagiarse; el viajero que viaja —valga la redundancia— de lo que tiene “miedo” es de una mala experiencia. 

El viajero no quiere sentir el interior de un hotel como si se tratara de un hospital.

“Hace unos días vi un video de una aerolínea que explicaba cómo desinfectaban cada avión y parecía como un hospital. El viajero no quiere saber eso.” Quien está dispuesto a viajar sabe que se están siguiendo protocolos, lo que ese viajero quiere saber es que valdrá la pena ir de vacaciones, porque lo va a pasar bien, porque lo va a disfrutar, y porque estas medidas no van a convertir sus vacaciones en algo raro. Los viajeros quieren pasarlo bien.

Medidas para estar seguros

Por otro lado, los gobiernos están preocupados por demostrar que sí se están siguiendo medidas y protocolos que eviten rebrotes. Sonia Graupera —quién lleva años escribiendo de viajes en su blog y ahora es consultora— me cuenta de la experiencia de su primer viaje. “Estoy en un viaje organizado por Turismo Canarias para periodistas nacionales, internacionales y agentes de viaje. Somos como 100 personas divididas en las diferentes islas. Estamos aquí para revisar y explicar los protocolos anti coronavirus.” De hecho Sonia escribió un artículo mucho más completo de lo que le tocó ver en Canarias que pueden leer aquí. “Las Canarias han escrito un protocolo de 200 páginas, dividido por 18 sectores de Turismo y me pareció una buena idea dar apoyo a la industria”. Cuando platico con ella todavía está en Fuerteventura y me asegura que le está encantando. “¡No tenía ni idea, venía sin ninguna idea preconcebida!”. Me parece que esos son los mejores viajes, a los que llegas sin ideas previas y te dejas sorprender por el destino. 

Fuerteventura, España.

Para Sonia, la cosa es sencilla: “[yo] no iría a ningún lugar donde no tenga claro que se están tomando las medidas de precaución adecuadas y donde no tengan actualmente pocos enfermos (nada de Estados Unidos, nada de Brasil, etc.). Sí iré a Asia en cuanto me dejen volar y entrar. Sin miedo… para mí se puede hacer lo mismo, siempre y cuando la gente respete las normas y sea consciente de lo que puede volver a pasar (rebrotes, confinamiento). Yo voy siempre con la mascarilla puesta. Me lavo las manos con frecuencia y me separo un metro o dos de la personas con quien hablo”. De hecho, Sonia fue un paso más allá y durante el confinamiento en Barcelona aprovechó el tiempo para poner en marcha un nuevo negocio: una boutique en línea que ofrece mascarillas de tela, perfectas para los viajes.

La importancia de la reactivación

Millones de profesionales de esta industria han perdido su trabajo durante los últimos meses. Según algunos cálculos, como el del World Travel and Tourism Council —WTTC—, unos 100 millones de personas en todo el mundo podrían haber perdido su empleo en el sector debido a la crisis del COVID-19. Por eso, la reactivación es fundamental. 

Para Annie Fitzsimmons, que hoy trabaja en la revista AFAR pero fue parte de National Geographic y de Virtuoso, tampoco hay duda al respecto. “Siento una gran responsabilidad, después de 15 años siendo parte de la industria del turismo, de salir y empezar a viajar”.

“Viajar no es nada más un tema de vacaciones y de hoteles —se trata también de reconectar con la familia y los amigos, de construir tu carrera y tu negocio, de apoyar economías y empleos en todo el mundo. Viajar tiene un impacto directo en los sitios que visitamos”. 

“Para mí, viajar hoy es esencial para demostrar que no tenemos miedo”, continúa Annie, “y que lo estamos haciendo con responsabilidad y también para recordarle a la gente el placer del viaje. Ya estuve en Suiza y en España y la próxima semana regresaré a Suiza y luego iré a Italia. Como estadounidense que vive en Londres, ahora me doy cuenta de la suerte que tengo de estar aquí… es tan extraño pensar que nuestros pasaportes americanos ya no son ese boleto a la libertad que normalmente eran”. 

Annie me cuenta de las inconveniencias de viajar en tiempos de COVID-19 (a nadie puede gustarle volar con la mascarilla puesta) pero también está convencida que son medidas temporales. Al final volvemos al inicio de nuestra plática, “siento mucha responsabilidad en ayudar a la industria de los viajes a levantarse. Conozco por lo menos a 15 personas que no pueden alimentar a sus familias por culpa del turismo y la manera en la que se detuvo completamente.” 

Entre las diferentes acciones que uno puede tomar para evitar contagiarse, el tapabocas encabeza la lista.

Annie estuvo apenas la semana en Andalucía, muy cerca de Marbella. “Tomando un trago en la terraza de Finca Cortesín, bajo la luna llena, me acordé por qué viajo: por la risa, la comida, la bebida, los amigos, el baile y la música. Tenemos que liderar este camino, porque tampoco sabemos cuándo habrá una vacuna y yo definitivamente no voy a estar esperando ese momento”. 

La nueva experiencia de viajar

Entonces, ¿qué podemos esperar realmente como viajeros que se suben a un avión en estos días? Marc Kosberg es agente de viajes y apenas la semana pasada tomó un avión desde la Ciudad de México. “Era el primer viaje en avión desde marzo y estábamos muy emocionados de salir. Aeroméxico con muy buenas medidas: te entregan un formulario de salud antes de subir al avión que también se puede llenar en el celular, si prefieres no tocar ningún papel. En el avión no hay servicio de comida, solamente cosas empacadas.

“En general muy bien y limpio todo. De hecho, creo que nunca vi un baño de avión tan limpio”.

Lo que me llama la atención de la historia de Marc es que al aterrizar en Los Ángeles, que es uno de los aeropuertos más transitados de Estados Unidos, lo encuentra muy tranquilo y a la hora del temido paso por migración nadie les hace preguntas ni cuestiona los motivos de su viaje. El rumor de que las fronteras con nuestro vecino del norte están cerradas y de que no se pueden hacer viajes a Estados Unidos ha hecho que muchos duden de considerar el destino.

Claro que las cosas no son como antes. Marc me cuenta que en el hotel en el que se hospedan hay solamente 80 empleados, de los 500 que habría normalmente y que la ciudad se siente todavía tristona. Pero es verano, el sol brilla y en las terrazas ya hay gente. Es hora de empezar a ponerle vida a la calles, con todas las precauciones posibles.

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