septiembre 12, 2018
Barcelonnette: un pueblo mexicano en Francia
Frida Méndez

En este lugar se puede pasar una noche frente a los Alpes en el campamento Tampico o caminar por la avenida Porfirio Díaz.

Todos los viajes nos hacen saber que rendir tributo a la historia de un lugar es una forma generosa de alabar su cultura y sus tradiciones. Tal es el caso de Barcelonnette, un pueblito francés ubicado en el Valle de Ubaye, que a través de sus arterias y de sus colores le ha rendido un homenaje pocas veces visto en México

Esta localidad de los Alpes preserva su esencia europea, por lo menos a simple vista, pero sólo falta leer el letrero de la Avenida Porfirio Díaz o visitar la Plaza Valle de Bravo para darse cuenta que el lugar tiene una íntima relación con el país latinoamericano. Pero además de los topónimos de sus calles, este singular homenaje a México se materializa en generaciones de franceses que hablan perfectamente español, conocen de mariachis y pasan su vida junto a, aproximadamente, sesenta mil individuos con ascendencia mexicana que viven en Barcelonnette.

La historia detrás

Pero, ¿cómo nació este peculiar vínculo? Cuenta la leyenda que el gran flujo de barcelonnettes a México comenzó con los hermanos Arnaud, que emprendieron el viaje a América en busca de oportunidades; su plan era establecerse en Luisiana pero cuando ésta paso a ser parte de Estados Unidos prefirieron emigrar a la Nueva España donde generaron una gran fortuna que inspiró a otros franceses a probar suerte en este país.

Esta migración tuvo importantes repercusiones en la economía mexicana, y para finales de siglo XIX los franceses ya controlaban el 70% del comercio textil del país. Si bien hay quien dice que es un porcentaje inflado, no ponen en duda la importancia que tuvo este sector, cuya influencia culminó en las grandes tiendas departamentales: Liverpool, Palacio de Hierro y Fábricas de Francia.

Una Europa muy mexicana

Se dice que las personas de esta región alpina emigraron para regresar, y así fue. Muchos de estos franceses decidieron volver a su pueblo natal pero se trajeron con ellos la comida, música, idioma y cultura del país que los acogió por tantos años. Este sincretismo permitió que hoy en día  Barcelonnette sea un poco mexicano.

En este lugar se puede pasar una noche con los Alpes de fondo en el campamento Tampico, caminar por las casas estilo europeo de la avenida Porfirio Díaz, esconderse del frío del invierno en el Hotel Azteca y comprar artesanías en la Baïta. Además, hay unas Maisons Mexicanas que se llaman: Puebla, Anita, San Carlos o Durango,  y aunque su arquitectura no tenga un gran componente de nuestro país, algunas le hacen un pequeño guiño con sus azulejos o vitrales.

Sin embargo, si de celebraciones hablamos, no podemos dejar de mencionar el Festival Latino-Mexicano, el cual se lleva a cabo en agosto y es una verdadera fiesta a México con exposiciones, desfiles y mariachis que traen a Europa el espíritu de la plaza Garibaldi.

Barcelonnette es, entonces, el resultado de una historia poca conocida, pero de gran relevancia para Francia y para las tierras aztecas; un relato de dos países que está lejos de acabarse.

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