El país latinoamericano que inspiró los textiles de la Bauhaus
mayo 9, 2021
El país latinoamericano que inspiró los textiles de la Bauhaus
Diego Ávila

Los antiguos textiles andinos sirvieron de inspiración para que Anni Albers creara algunos de los diseños más importantes del siglo XX

El año pasado se descubrió una obra de arte que había estado perdida por casi 30 años en las bodegas del Camino Real de la Ciudad de México. Para la apertura del hotel en 1968, se comisionó a varios de los principales artistas de la época para que crearan obras para el nuevo edificio. Mathias Goeritz, Rufino Tamayo y Pedro Friedeberg crearon algunas de las piezas que hasta hoy adornan el lobby y espacios comunes del hotel. Sin embargo, el tapiz creado por la alemana Anni Albers estuvo desaparecido hasta hace no mucho.

Fotografía de época donde se ve el tapiz de Anni Albers en el bar del Camino Real de la Ciudad de México.

La obra mide casi tres metros cuadrados y cuenta con un patrón compuesto por numerosos triángulos sobre un fondo rojo. Sin embargo, este diseño abstracto hecho por una las principales exponentes de la Bauhaus tiene sus orígenes en los paisaje formados por pirámides y templos prehispánicos que se pueden ver en diversos lugares en México y Perú. Así, y aunque la influencia que tuvo la Bauhaus en el diseño y la arquitectura del siglo XX es mundialmente reconocida, muy pocos saben que algunas de sus formas fueron inspiradas por las civilizaciones prehispánicas del Nuevo Mundo.

Líneas andinas para el modernismo europeo

Los textiles peruanos antiguos habían recibido mucha atención en Alemania desde el siglo XIX, cuando diversos arqueólogos señalaron (y alabaron) su elaborado diseño y uso del color. Sus formas y representaciones abstractas hicieron que además se volvieran especialmente populares entre los artistas y académicos que buscaban “nuevas” formas y lenguajes visuales para sus obras. En oposición a los industriales, los textiles andinos (prehispánicos y modernos) tenían intrincados modelos hechos con técnicas rudimentarias, por lo que se volvieron símbolos de las propiedades fundamentales del arte del tejido.

Detalle de textil andino prehispánico.

Textil andino prehispánico.

Además de su gran valor artesanal, los textiles cumplían labores sumamente prácticas en el mundo andino, pues se usaban para señalar rangos sociopolíticos, pertenencia a ciertas comunidades u origen geográfico. Esto resonaba mucho con las ideas de la Bauhaus, y los textiles peruanos sirvieron como modelo para traducir las ideas de la escuela alemana respecto a la producción, construcción y utilidad del diseño en el mundo textil. Además, como se hacían a mano se volvieran también un paradigma de la relación entre proceso y producto final. Es importante decir que en muchas ocasiones, estos artistas europeos no estaban muy interesados en la historia de estas antiguas culturas, sino más bien en los lenguajes visuales que habían creado.

Los Bauhäusler llegan al continente americano

Tras el ascenso de los nazis al poder, la famosa escuela alemana de diseño moderno de la Bauhaus cerró sus puertas en 1933. Sus antiguos profesores (conocidos como Bauhäusler) y alumnos se vieron entonces obligados a emigrar, y los Estados Unidos fue uno de sus destinos predilectos. En este país, muchos de los artistas que se habían exiliado de Alemania siguieron produciendo y enseñando en algunas de sus centros de estudio más prestigiosos, tales y como el Black Mountain College, la universidad de Harvard, Yale, y el Illinois Institute of Technology.

bauhaus-taller-textil

Desde su fundación en 1919, la Bauhaus había albergado un taller de tejido que como el resto de las prácticas de la escuela, era bastante innovador.

Uso tradicional de textiles por los indígenas peruanos.

Muchos de estos personajes empezaron a viajar al sur, donde pudieron conocer de primera mano algunas de las culturas indígenas y prehispánicas que habitan (o habían habitado) los actuales territorios de México y Perú. Y entre todos, unos de los que más viajaron fueron el matrimonio compuesto por los alemanes Anni y Josef Albers. La pareja sentía compartir el interés de los antiguos artesanos prehispánicos por el uso de las líneas, el color y la técnica artística. Ambos Realizaron catorce viajes al sur de la frontera estadounidense e incluso llegaron a describir a América Latina como “la tierra prometida del arte abstracto”. Sin embargo, y si Josef se había fascinado con las ciudades prehispánicas de México, la atención de Anni se había dirigido aún más al sur: al Perú.

Anni Albers y el Perú

Anni Albers fue una artista textil, diseñadora, grabadora y maestra. Estudió en la Bauhaus y al graduarse se incorporó a la escuela como profesora del taller de textiles. Anni (que es cariñosamente conocida como la madrina de la Bauhaus) había entrado en contacto desde su juventud con las culturas prehispánicas de América (y especialmente con los textiles del mundo andino) gracias a las colecciones del Museo Etnológico de Berlín. Así que al mudarse a los Estados Unidos, vio la oportunidad de conocer más directamente los pueblos y culturas que ya había conocido desde Europa.

Diseño de Anni Albers para un textil.

De esta manera, y tras sus numerosos viajes a Perú, Anni logró logró combinar las teorías que había aprendido de Paul Klee, el constructivismo ruso y la corriente holandesa De Stijl con lo que a su vez veía en los textiles andinos. Es reconocida por haber sido una pionera en tapices, tejidos y diseños gráficos, y aunque al principio su obra fue opacada por la de su marido (el famoso pintor abstracto Josef Albers) poco a poco comenzó a ser revalorada. Hoy se le reconoce como la artista que logró juntar la abstracción con la artesanía, los textiles con el diseño industrial y posicionó al tejido como una de las Bellas Artes.

Textil de Anni Albers

Diseño del tapiz “Camino Real” que Anni Albers creó para el hotel homónimo en la Ciudad de México.

En 1949 Anni Albers se convirtió en la primera diseñadora en tener una exposición personal en el MoMA, y más recientemente se le dedicó otra gran expo entre el 11 de octubre de 2018 y el 27 de enero del 2019 en el Tate Modern de Londres.

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