mayo 30, 2020
Volveremos…
Mario BallesterosIlustraciones: Daniel Castrejón

¿Cuándo estaremos listos para volver a viajar?

Hoy me tocó marcar el día 78 en mi agenda, que ahora es calendario de cuarentena. Un día antes de encerrarme, el jueves 12 de marzo, volé rumbo a la Ciudad de México desde Los Ángeles. Fue una semana extraña. El día previo, Donald Trump salió en la televisión —naranja y enfurecido como de costumbre— anunciando la suspensión de todos los viajes de Europa a Estados Unidos. De repente, las sonrisas luminosas del sur de California se sentían más forzadas que nunca. Aferrados a la placidez soleada, la gente seguía saludándose de abrazo y de mano, como si no pasara nada, aunque los casos confirmados de coronavirus en el estado se contaban por docena. 

LAX estaba mucho más tranquilo que de costumbre, pero todavía se sentía “normal”.

Mi hermana, que vive en Washington D.C. y es más bien realista dura, me llamó por teléfono y, muy seria, me recomendó que recortara mi viaje y volviera a México en cuanto antes. En Nueva York empezaba a sonar eso de shelter in place: resguárdate donde estés, una versión burocrática del quédate en casa que poco después se volvió nuestro mantra cotidiano. Llamé a la aerolínea y me querían cobrar el doble del boleto por hacer un cambio. Le expliqué a la persona que me atendió que me preocupaba quedarme varado en Estados Unidos en medio de una pandemia, y, después de veinte minutos de espera con música relajante en bucle, me confirmaron que acababan de cambiar su política —aparentemente en ese instante— y que podía adelantar mi vuelo de regreso sin penalización alguna. 

LAX estaba mucho más tranquilo que de costumbre, pero todavía se sentía “normal”. Casi nadie llevaba cubrebocas, mucho menos guantes, respiradores N95 o trajes EPP. Los más obsesivos sacábamos de nuestra mochila una toallita desinfectante —en ese entonces se conseguían en el super y no tenían esa condición mítica que tienen ahora— para limpiar nuestro asiento y mesita de servicio antes de despegar. 

 

Volveremos a viajar

Ilustración: Daniel Castrejón

 

Esa semana extraña cambiamos. Nuestros instintos básicos de criaturas de mundo —agarrar un avión o un Uber, vacacionar, salir a tomar una copa con amigos, ir al cine o a festivales de música, conglomerarnos, arrejuntarnos— se cancelaron de un día para otro. El cuerpo se obstinaba en seguir a su ritmo, pero la cabeza ya andaba en otro plano, enfrascada en la incertidumbre existencial que se avecina a la monomanía: ¿me habrá contagiado ese señor que no paraba de toser en el asiento de enfrente? ¿O la recepcionista que estornudó tímidamente antes de entregarme la llave del cuarto? ¿Alguien habrá estornudado sobre mi maleta? ¿Cuántas maletas esculcó el policía antes de la mía? ¿Se habrá lavado las manos antes durante 20 segundos? ¿Cuándo volveré a subirme a un avión? 

Nuestros instintos básicos de criaturas de mundo —agarrar un avión o un Uber, vacacionar, salir a tomar una copa con amigos, ir al cine o a festivales de música, conglomerarnos, arrejuntarnos— se cancelaron de un día para otro.

Un par de meses de encierro después, la ansiedad es más por volver a la normalidad. Pero ya sabemos —aunque no queramos saberlo— que esa dichosa nueva normalidad no se parecerá tanto a la normalidad de antes. La nueva normalidad promete guardar algo de la mezcla de incertidumbre, tedio y paranoia que de momento todos compartimos. Tendremos que vivir (y viajar) con ello. Últimamente me han llegado varios cuestionarios por correo: ¿Estás planeando algún viaje? ¿Cuándo crees que estarás listo para viajar? ¿Viajarás cerca o lejos? ¿En coche o en avión? ¿Comprarías un seguro COVID-19? ¿Qué será más importante para tí al viajar: tu salud, la limpieza, las políticas de cancelación o los precios de ganga?

La verdad es que en estos momentos no tengo ánimos para responder a ninguna de estas preguntas. Para mí, lo más importante de viajar es satisfacer mi hambre de conocer. Nadie sabe cómo será mañana, menos todavía qué estaremos haciendo en un mes o en un año. Pero sé que esa hambre seguirá ahí. De alguna u otra manera, volveremos.

Más Leídas

Ver Más