mayo 14, 2020
El mar nos da tanto y nosotros le regresamos basura
Diego ParásFotos: Camilo Christen

Entrevistamos a Renata Terrazas, Vicepresidenta de Oceana, para saber cómo regresar al mar después del confinamiento.

¿Cuándo fue la última vez que estuviste en el mar?

Afortunadamente no fue hace mucho. El 13 de marzo, el último día que estuve afuera, lo pasé en el mar. Estaba en Mazatlán construyendo la política de trazabilidad (poder saber de dónde vienen los alimentos y el proceso por el que pasaron para llegar a las manos del consumidor) con CONAPESCA. Cada vez que voy a la playa, aunque sea de trabajo — a veces no me da tiempo ni de salir del hotel—me voy un rato a caminar al mar, a sentir el agua y la arena en los pies. 

¿En tiempos de cuarentena qué es lo que más extrañas del mar?

Hay algo que te da el mar que no encuentras en otros lugares. Una mezcla de fuerza e inmensidad al sentir las olas,una sensación de asombro y libertad al ver el horizonte. Al estar acostumbrada a la ciudad, cuando estoy en el mar me veo desde una perspectiva muy diferente. A comparación de otros ecosistemas, este siempre está en movimiento.

Hay muchas cosas que extraño en la vida sin confinamiento pero, sin duda, esa capacidad de andar con libertad en la arena es la que más extraño.

¿Qué reflexiones has tenido durante estos meses de confinamiento respecto al mar?

Vamos a salir de esta pandemia y el mar va a estar casi igual que como lo dejamos, pero no sabemos si eso sea posible en 10 ó 20 años. Eso que ahora valoramos, lo podemos perder, no por la pandemia, sino por nuestras acciones del día a día. Creo que es un buen momento para reflexionar que eso que extrañamos con toda nuestra alma, en algún momento lo podemos perder si no lo cuidamos. Hay que poner en su lugar aquello que nos mueve, eso que nos gusta tanto y darle la protección y el cuidado que necesita.

¿Cómo empezaste a involucrarte en el activismo ambiental? ¿Por qué te interesaste específicamente en salvar los océanos? 

Lo mío es incidir en lo público. Creo firmemente en el poder de los ciudadanos y en construir un mundo mucho más justo para todos a través de diferentes vías. Me ha tocado estar en temas de migración, derechos humanos y combate a la corrupción. Desde 2015 empecé a incluir la transparencia en el sector ambiental y el enfoque de política pública, quería explorar la posibilidad de introducir un nuevo enfoque y esquema para empezar a incidir más. Fue justo entonces cuando Oceana llegaba a México

Todo empezó con una conversación en el Metrobús con el vicepresidente de Oceana en ese momento. Me platicó cuál era el rol de la organización, qué querían hacer, cómo querían transformar la realidad de los océanos en el país y me llamaron la atención varias cosas, entre ellas la posibilidad de revertir la relación que hay entre los mexicanos y los océanos. El mar nos dan tanto (oxígeno, comida, recreación) y nosotros sólo le damos basura.

Ahora que hablas de la relación entre el mar y el humano, ¿cómo era tu relación con el mar antes de entrar a Oceana?

Te podría mentir y decir que era fenomenal, pero la verdad era muy mala. Mi mamá nadaba de Roqueta a Caleta en Acapulco, mis hermanos se quitaban la ropa y ya traían el traje de baño abajo. A mí, la primera vez que me metí al mar, me arrastró una ola, me le solté a mi papá, me sacó del pie y casi me ahogo. Por mucho tiempo, el mar era esta cosa donde hacía mucho calor, el agua estaba demasiado salada y siempre me revolcaba. 

Años después, el mar se ha convertido el lugar donde tomo mis decisiones más importantes.

La primera vez que lo vi de manera distinta fue cuando hice esnórquel en Puerto Vallarta a los 26 años. Al ver un simple pez que pasó nadando enfrente de mí, empañé el visor de la emoción que me dio. Ahora me ha tocado ver escuelas de mil jureles en Cabo Pulmo, nadar con lobos marinos… no hay experiencia más emocionante para mí.

Vemos muchos videos y noticias sobre la naturaleza “recuperando espacios”. ¿Crees que la crisis del COVID-19 tendrá un impacto positivo en el medioambiente y los océanos? 

Creo que esta pandemia es terrible, no trae nada positivo. El impacto que está teniendo en las personas es brutal, gente se está muriendo y hay quienes se están quedando sin trabajo. Creo que lo que debemos aprender de esta recuperación de ver animales en algunas zonas donde antes no los veíamos, más allá de la pandemia, es que necesitamos una relación armónica entre los seres humanos y los demás animales. Tenemos que ser más respetuosos con  el medioambiente y los océanos. No vamos a dejar de ir al mar, no vamos a dejar de subirnos embarcaciones para conocer o para pescar pero creo que podemos buscar tener un mejor equilibrio.

La pandemia está cambiando radicalmente el panorama de los viajes. Sobre todo los viajes por mar —en cruceros, por ejemplo— han sido muy afectados. ¿Cómo crees que cambiará la manera que viajamos en el futuro? ¿Seremos más responsables?

Se suele satanizar demasiado al turismo. Quienes viajan tienen un poder gigantesco para empezar a transformar las cosas, creo que los turistas pueden ser grandes aliados en la protección y defensa de los océanos. 

Una de las cosas que identificamos en nuestra investigación de Gato por Liebre, fue que vendían mero (uno de los pescados más caros del mercado mexicano) pero en realidad era basa (el más barato). Ahí hay un engaño al turista, es bien difícil poder identificar los pescados y mariscos pero hay un poder no usado de exigir la información que le permita tener la certeza del pescado que está comprando, que se exija un certificado, una etiqueta que conste que lo que estás comiendo es mero y no otra cosa. 

Por otro lado, en Oceana tenemos la certeza de que la contaminación plástica tiene como origen la sobreproducción  de plásticos innecesarios, de un solo uso. Como consumidor, a veces no pedimos ese plástico pero ya está ahí y es nuestra responsabilidad tirarlo en donde se debe, porque en las playas tiene repercusiones enormes el que la basura termine en el mar y sea consumida por aves, peces, tiburones, etc.

Hay muchísimas formas de que el turismo proteja a los océanos, lo vimos cuando tuvimos la invasión de sargazo en el caribe. Los turistas fueron los primeros en hacer notar que estaba pasando algo, en subir fotos, en decir “esto no está bien”. Si el turismo empieza a exigir la sustentabilidad de los prestadores de servicio creo que podemos empezar a estar del otro lado, entonces ya sea que te lleven a pasear en una lancha o que sea un hotel, van a tener que demostrar que hacen las cosas bajo la norma.

Tenemos un papel bien importante, muchos aspectos de la sustentabilidad están atravesados por una cuestión de mercado, en el momento que el consumidor empiece a exigir, las empresas van a cambiar sus prácticas.

Sería un gravísimo error pensar que hay que dejar de ir a la playa. Como turista hay que seguir yendo, hay que reactivar las economías costeras, consumir pescado y mariscos (es la proteína animal que menos se está consumiendo ahora).

¿A dónde quieres viajar cuando pase la cuarentena?

En el momento que se pueda viajar en definitiva lo primero que voy a hacer es ir al mar. Ya es justo y necesario, en ningún lugar se recargan las pilas como en el mar. Balandra es quizás la playa más hermosa que he visto en mi vida, amo la gente y los mariscos de Mazatlán y hay muchas playas alrededor de Progreso que se han mantenido secretas que también me gustaría volver a visitar.

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Sobre Oceana:

Oceana, fundada en 2001, es la mayor organización internacional centrada exclusivamente en la conservación de los océanos. Sus oficinas en todo el mundo trabajan juntas para generar campañas estratégicas, destinadas a conseguir resultados tangibles que ayuden a recuperar la salud y la biodiversidad de los océanos.

Sobre Renata Terrazas:

Renata es politóloga con especialización en políticas públicas. Durante los últimos años, ha enfocado su trabajo en la lucha por una asignación de recursos más transparente y un proceso de toma de decisiones sobre la pesca en México. Actualmente es la Vicepresidenta de Oceana México.

 

 

 

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