marzo 20, 2019
Explorando la Kamchatka salvaje
Redacción TravesíasPor Debbie Pappyn / Fotos David De Vleeschauwer

Navegar al extremo oriente de Rusia entre volcanes activos y fauna marina.

En muchos sentidos, este es el final del mundo como lo conocemos. Volar del mundo occidental al extremo lejano de Rusia, a Anádyr en Chukotka, es como viajar a la orilla del planeta. Esta parte de Rusia es remota y sólo el despiadado estrecho de Bering se interpone entre nosotros y Estados Unidos. Es aquí donde nos embarcaremos durante un mes en esta travesía con L’Austral, una embarcación de expedición relativamente nueva y de alta tecnología que pertenece a Ponant, una empresa francesa de cruceros de lujo famosa por sus viajes por todo el mundo.

Explorando la Kamchatka salvaje

Nuestro itinerario no sólo incluye la desconocida Chukotka, sino también Kamchatka, las islas Kuriles y las islas de Sajalín. La forma de Rusia en un mapamundi evoca a un animal que corre con la lengua de fuera. Esa lengua es Kamchatka, una península de 1250 kilómetros de longitud atrapada entre el Pacífico y el mar de Ojotsk. Esta es una región de Rusia con pocos habitantes (apenas 322 000 en un área de 270 000 km2) y una naturaleza que puede describirse como magnífica e impresionante. Es mágico viajar a una zona en la que incontables volcanes han recibido la protección de la UNESCO desde 1996.

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Conociendo a los lugareños

El distrito autónomo de Chukotka representa el extremo oriental de la Federación Rusa. Casi 330 personas, una mezcla de chukchis y yupiks, viven aquí. Sobreviven principalmente gracias a la pesca y la cacería de renos. Viven en casas precarias de madera dañadas por el tiempo y el clima, que no puede describirse como apacible. No hay escapes posibles: ningún camino llega a la aldea y, cuando el mar se subleva, Enmelen queda aislado del resto del mundo. Apropiadamente, Enmelen significa “caprichoso” en el idioma local.

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Moras árticas y carne de ballena

En algún lugar de una casa que antes estuvo pintada de azul, un grupo de mujeres comparte unos manjares locales. Pan tostado con moras árticas, té local, salmón curado y, para los comensales osados, ballena que se come con un trago de vodka, como lo hacen los de aquí. Otro grupo de mujeres con atuendos tradicionales comienzan a tocar música y a cantar. Sus movimientos, vestimenta y bailes evocan a los nativos americanos, mientras que su apariencia es ligeramente groenlandesa, ¿o quizás al revés? La mayoría de los pasajeros intercambia el gris entorno de Enmelen y el viento helado por el calor y la escena musical de los chukchis en el salón comunitario.

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Explorando en busca de belleza

El clima gris y tempestuoso puede ser verdaderamente hermoso. Ese es el caso esta mañana al entrar a la bahía de Penkigney. En nuestra agenda se encuentra una pequeña excursión: estirar las piernas tras una noche en altamar, explorando la tundra siberiana con los ojos bien abiertos en busca de algunos residentes locales: ardillas y liebres árticas, zorros e incluso osos pardos. Nicolas Dubreuil, el líder francés de nuestra expedición, se aventura todas las mañanas con su equipo para verificar si es posible y seguro desembarcar.

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La aurora boreal rusa

“Mesdames, messieurs, levántense porque ha aparecido la aurora boreal”. El capitán Marchesseau interrumpe una noche profundamente oscura para anunciar este excepcional fenómeno natural. El puente de mando, que casi siempre está abierto para quien desee conocerlo, está repleto de pasajeros somnolientos. El capitán mismo, vestido con una bata de baño blanca, observa el espectáculo con un aire de satisfacción en el rostro. “Es bastante excepcional verla aquí”, según uno de los naturalistas.

El oso nadador

Se nos presenta la Kamchatka con la que todos sueñan. En la sabana africana uno busca ver elefantes y leones; aquí en la isla Medni, el equivalente es una colonia de leones marinos de Steller gigantes, la especie más grande de otáridos. Son los animales más fuertes que hay en este lugar; sólo las orcas y los tiburones blancos pueden superarlos. En tierra firme, recostados gruñendo sobre las rocas negras como la tinta, se ven enormes y torpes. Al nadar, o prácticamente deslizarse, en grandes grupos, rozando las zódiacs, se ven más pequeñas y menos amenazantes.

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Almuerzo con pirotecnia

Este podría ser el mejor día de la expedición. Considerando el perfecto cielo despejado, el placentero sol otoñal, la paleta de colores del verano indio, los pigargos de Steller y las cimas nevadas de múltiples volcanes. Ahora nos encontramos al sur de Kamchatka, el corazón del territorio volcánico en el que al menos 30 volcanes muestran señales de vida y, ocasionalmente, se hacen oír.

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Mad Max en Kamchatka

La bahía Russkaya bien podría ser el set para una película de Hitchcock. Hasta el nombre tiene un aire enigmático. Una fina bruma se suspende sobre este silencioso fiordo olvidado y una ligera llovizna oscurece sus flancos verdes en donde discurren pequeñas cascadas y arroyos. Parece que estamos en otro planeta: una de las estaciones de monitoreo desiertas de Rusia con un MI26 (el helicóptero más grande del mundo) caído y un avión de combate japonés, un cementerio sombrío y naufragios que, tras inspeccionarse cuidadosamente, parecen estar abandonados.

A pesar de lo desolada que pueda parecer, la bahía Russkaya no está desierta. Un puñado de rusos vive aquí en barracones de madera curtidos por el clima. Nos invitan a la calidez de sus sencillos hogares comunales. Pequeñas tostadas con hueva de salmón, té, vodka e incluso salmón ahumado, además de regalos hechos en casa a partir de conchas u objetos que ha traído el mar. Viven solos, lejos del mundo civilizado y de sus vidas anteriores.

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Cara a cara con candente lava al rojo vivo

Tenemos asientos de primera fila para un espectáculo de vaporosa lava ardiente al rojo vivo silbando en el océano frío. Aunque podría parecer Hawai, se trata de la isla inhabitada de Chirpoy, con su epónimo volcán que hizo erupción el 1 de septiembre de 2014 y aún muestra señales de actividad. Temprano en la mañana, antes del amanecer, navegamos cerca del espectáculo. Cuando la lava entra en contacto con el agua genera un humo de café blanquecino y un zumbido perceptible. Escuchamos un extraño sonido crepitante. Claramente estamos presenciado la creación de una nueva porción de la Madre Tierra.

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