abril 4, 2019
Los volcanes mexicanos que alguna vez pintó Dr. Atl
Karen Martínez

Uno de los más grandes muralistas y paisajistas de México

Pionero del movimiento mexicano y creador de su propia marca de pinturas acrílicas, Dr. Atl –bautizado por sus padres como Gerardo Murillo– fue el pintor que se atrevió a mezclar el arte tradicional de la época con experimentaciones contemporáneas. Un artista que distorsionó sus trazos y creó así una forma única de expresión.

Conocido también por su amor y admiración hacia los volcanes, Dr. Atl nació un 8 de octubre de 1875 en Guadalajara, Jalisco. Hay quien dice que se adjudicó ese seudónimo tras experimentar una  tormenta en altamar, después de todo, Atl significa agua en náhuatl. La versión menos romántica pero no por ello menos importante afirma que se autonombró así para honrar su raíces mexicanas, origen del que siempre se sitió orgulloso.

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Autorretrato

Los inicios

En 1907, y después culminar sus estudios artísticos en Europa, regresó a México con ese nuevo nombre y con nuevas ideas acerca de cómo dar vida a sus pensamientos. Tanto así, que mientras laboraba en la academia de San Carlos lo llamaban el agitador por alentar la rebeldía entre los alumnos e incitarlos a ser subversivos. Durante su vida –principalmente en su juventud– participó en diversos movimientos políticos, teniendo que exiliarse por un tiempo en Estados Unidos.

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Gerardo Murillo y “Nahui Ollin” en La Merced

El tributo a la naturaleza nacional

Gerardo Murillo alcanzó la estabilidad artística tras dedicarse a pintar paisajes y retratos. Fue hasta 1920 cuando inició su interés por los volcanes, en un principio por iniciativa del artista Joaquín Clausell. El impacto que se llevó fue tal, que se marchó a Italia para estudiar vulcanología y, posteriormente, mudarse a las faldas del Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Luego el destino le permitió presenciar el nacimiento del Paricutín (Michoacán) en 1943.

“…así, sobre las convulsiones de la tierra se levantan incomparables de belleza y de desprecio los grandes volcanes de México…”, se lee en Las sinfonías del Popocatépetl, una suerte de oda cósmica a los cráteres mexicanos por parte de Murillo.

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El volcán y la noche estrellada

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Erupción del Paricutín

La obsesión por los volcanes

Descrito también como botánico, yerbero, astrólogo y hechicero por Diego Rivera, Alt dedicó gran parte de su vida a rendirle tributo a la naturaleza nacional hasta el cansancio, incluso cuando le amputaron la pierna derecha y no pudo escalar más. Siempre se las arregló para sobrevolar México y capturar los paisajes desde las alturas en busca de las mejores postales.

Respecto a lo de la pierna y según sus allegados, el problema se debía a que no cambiaba sus zapatos ni sus calcetines por meses. Lo más probable es que haya sufrido daños por el calor y las fumarolas a las que se expuso por tantísimos días y años.

Gerardo Murillo, Dr. Atl, murió el 15 de agosto de 1964 por complicaciones respiratorias; sus restos reposan en el panteón de Dolores en México en la Rotonda de los Hombres Ilustres. En vida donó gran parte de su obra plástica al Instituto Nacional de Bellas Artes.

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La sombra del Popocatépetl

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Sierra de Santa Catarina

La ruta de Dr. Atl

El Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl comprende un área de más de 25 mil hectáreas y se ubica en las orillas de Puebla, Morelos y México. El Popocatépetl, que en náhuatl significa “monte que humea” es un volcán que se formó, aproximadamente, hace 12 millones de años. Su vegetación se compone de oyameles, pinos y diversas flores. En cuanto a la fauna, es posible encontrarse con ardillas, zorrillos o zorros. Para apreciar sus imponentes paisajes, se recomienda visitarlo de noviembre a marzo, cuando hay mejores condiciones climatológicas (por lo pronto no se puede escalar).

El Iztaccíhuatl, nombrado La mujer blanca o La mujer dormida por su silueta  que se asemeja a la de una mujer recostada, es considerada una montaña sagrada. En ella habitan venados, ratones, conejos, armadillos y teporingos. Se puede hacer senderismo, alpinismo, bicicleta de montaña alta y hasta campamento. Aunque se puede ir en cualquier época del año, lo ideal es acudir de noviembre a marzo.

En ambos casos hay que seguir ciertas reglas, como usar ropa y calzado para montaña, así como cargar alimentos saludables y energéticos para soportar las largas caminatas; entre ellos: nueces, chocolate, queso, barras de proteína y agua natural. Es imprescindible usar bloqueador y lentes de sol.

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Popocatépetl

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