julio 3, 2019
Encontrar la paz interior a través del agua y del silencio
Viviana Cohen

Scandinave Spa: hidroterapia en Mont-Tremblant

En Quebec el invierno dura cinco meses, con temperaturas que pueden descender hasta los -20 ºC y toneladas de hielo. Aun así, durante esta temporada, la región está llena de vida y calidez. En Montreal, por ejemplo, visitantes y locales pueden tomar clases de yoga con música clásica en la estación del metro Place des Arts. Además, la ciudad está llena de cafés con jardines interiores —para no olvidarse del verde— y de festivales invernales.

Si hablamos de naturaleza, las posibilidades en esta provincia son infinitas. Una opción es darse una escapada a Mont-Tremblant, una diminuta población ubicada en la región administrativa de Laurentides, en la que se puede esquiar, patinar, avistar venados y pasar unos días en el Scandinave Spa, un templo de tranquilidad que está a sólo unos minutos de los resorts.

Scandinave Spa en Mont-Tremblant

Scandinave Spa: relajación ancestral

Se trata de un centro de bienestar enfocado en la hidroterapia, un tipo de relajación ancestral que funciona a partir de contrastar lo frío con lo caliente. Para llegar hay que internarse en un bosque, transitar por un camino de madera en el que sólo hay un letrero discreto y entrar a una casa gigante llena de ventanales y sillones. El primer paso es acatar las normas del sitio: apagar el celular, mantenerse en silencio total y dirigirse a unos vestidores subterráneos en los que la ropa de invierno se cambia por un traje de baño y una bata blanca de algodón.

La siguiente parte de la experiencia es un desafío. Hay que tomar valor, quitarse la bata, colgarla en un perchero lleno de hielo y dar algunos pasos hacia la piscina de agua caliente más cercana. Una vez dentro, el frío abandona el cuerpo y los chorros de propulsión ofrecen un masaje instantáneo. Si uno sube la mirada aparecen las copas de los árboles congelados; si la baja, puede observar cómo el hielo se convierte en agua y el agua, en humo.

Scandinave Spa en Mont-Tremblant

Un rato después —cuando el calor abruma—, llega el momento de tomar otras decisiones difíciles. Hay que salirse del jacuzzi hirviente y caminar descalzos en la nieve para dirigirse ya sea a una alberca fría (que puede estar hasta -1 ºC) o a la parte descongelada del Diable River. Entonces hay que sumergirse rápido en el agua fría, sin pensarlo. El agua helada le pone un reto al organismo de inmediato. Los poros se cierran y una sensación de poder (de vida) recorre el cuerpo, que según los científicos se debe a que inmediatamente nuestro sistema inmune se estimula y fortalece.

Otra manera de encontrar paz interior

Tras concluir el ciclo de inmersión, hay que caminar a alguna de las tantas islas de relajación que están en el spa. Salones muy cómodos —y con calefacción— en los que uno se sienta en silencio a ver los pormenores del bosque solitario de Mont-Tremblant. Aquí el corazón retoma su ritmo normal (uno puede sentirlo, escuchar cómo se calma) y mientras la temperatura interna encuentra un balance, llega el instante máximo de relajación. La piel es más suave y los pensamientos fluyen con lentitud y orden, uno a la vez.

Scandinave Spa en Mont-Tremblant

Cuando concluye el primer ciclo uno se vuelve adicto. Lo puede repetir cuantas veces quiera: piscina caliente, agua helada en un extremo del río y secarse en el cuarto de relajación. Entre ciclo y ciclo, los visitantes pueden acceder a los saunas que hay en las instalaciones; sentarse en la madera y dejar que el calor elimine las toxinas y que la elevada humedad haga milagros en la piel. También se puede tomar un masaje. Hay desde suecos —ideados para quitar el estrés—hasta uno Deep Tissue, diseñado para relajar la parte más profunda de los músculos.

Tras un día lleno de agua y pocas palabras, uno entiende que el objetivo de este spa es sumamente genuino: encontrar la paz interior a través del agua y del silencio. La tranquilidad necesaria para detenernos antes de avanzar.

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