abril 1, 2019
El fascinante lado B de Puerto Vallarta
Diego Parás

Los índices de migración han bajado, los de la calidad de vida subido y el impacto al medioambiente disminuido.

Visitar uno de los principales destinos costeros en México sin pasar tiempo en la playa suena a un reto, pero en Puerto Vallarta, la verde y ondulante Sierra Madre Occidental es razón suficiente para darle la espalda al agua y correr directo a la montaña. En esta ocasión, dejamos el traje de baño guardado y nos dirigimos a El Jorullo, un lugar que decidió apostarle a las montañas y los ríos. “Por ser campesinos no sabíamos nada de negocios turísticos, era como un sueño”, nos comenta Miguel Pulido Vázquez, quien en una asamblea ejidal del 2005, presentó junto con 59 ejidatarios más una idea simple pero revolucionaria: construir tirolesas para dar un servicio turístico.

Canopy Rive

Hoy en día, Canopy River recibe en promedio a 55 000 visitantes al año, ofrece 14 actividades por aire, agua y tierra en más de 500 hectáreas de parque ecoturístico y —presume orgulloso el señor Vázquez mientras se acomoda el bigote— es el número siete en las actividades al aire libre en Puerto Vallarta de Tripadvisor. Recientemente, inauguraron la pieza central del parque: el Jorullo Bridge, que con 470 metros de largo y 150 de alto es uno de los puentes de este tipo más largos del mundo.

Los índices de migración han bajado, los de la calidad de vida subido y el impacto al medioambiente disminuido.

El parque comenzó a operar en 2006 con diez tirolesas y únicamente 35 socios de los 180 ejidatarios que comparten estas tierras. Al principio, las tirolesas eran manejadas por una operadora externa; hoy, el 95 % del personal es gente de la comunidad, quienes fueron capacitados con cursos de inglés, de operación de los equipos y de hospitalidad para cumplir con los altos estándares de calidad de su principal afluencia: el turismo estadounidense.

Los índices de migración han bajado, los de la calidad de vida han subido y el impacto al medioambiente han disminuido. “Yo estaba en el campo con mi familia, tenía que trabajar sembrando y haciendo carbón y leña para que ellos pudieran comer. Un proyecto de estos viene a mitigar el impacto ambiental porque es una empresa que da empleo bien remunerado, los otros son de supervivencia en los que hay que desmontar. Ahora nos dedicamos a preservar, lo que vendemos es paisaje, flora y fauna”. Además, venden actividades en el río Cuale, paseos a caballo, excursiones a pie, eventos nocturnos y, próximamente, hospedaje.

Los índices de migración han bajado, los de la calidad de vida subido y el impacto al medioambiente disminuido.

Wildlife Connection

De la montaña nos saltamos la playa para irnos a una de las lanchas de Wildlife Connection, una empresa ecoturística dirigida por la bióloga María Eugenia Rodríguez, quien asegura que algunos de los problemas a los que se enfrenta Puerto Vallarta tienen que ver con la falta de vigilancia por parte de las autoridades. En el caso del avistamiento de ballenas, hay muchas embarcaciones privadas que no conocen las regulaciones y permisos, por lo que pueden estresar a los animales.

Hay momentos que nunca se olvidan, la primera vez que uno ve ballenas es uno de ellos. El mar en la superficie es bastante silencioso: el sonido del viento y las pequeñas olas chocando contra la lancha. Nadie dice nada, estamos esperando a ver una aleta o algo que indique la presencia de una ballena. De pronto, tanta serenidad es interrumpida abruptamente por el salto de un ballenato. De unos cuatro o cinco metros de largo, sigue jugando dando vueltas en el agua al lado de su madre, saca sus aletas y las estrella contra el mar.

Los índices de migración han bajado, los de la calidad de vida subido y el impacto al medioambiente disminuido.

Para poder apreciar la orquesta de las ballenas, Maru saca un hidrófono (micrófono subacuático) que nos acerca a un mundo desconocido de sonidos. Con ayuda de la bióloga, identificamos un macho solitario cantando en busca de compañía; su canción siempre tiene un mismo orden, tanto así que uno se lo puede aprender. Todas las ballenas de la zona cantan la misma y el próximo año cambiarán a una tonada diferente. En este mismo instante (sin importar cuál sea) hay miles de ballenas cantando en el mar, razón suficiente para querer volver y experimentar todo de nuevo.

Los índices de migración han bajado, los de la calidad de vida subido y el impacto al medioambiente disminuido.

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