junio 20, 2016
Lugares para salir por la noche en Tijuana
Redacción Travesías

En la Revo, sobre todo en la Sexta y sus alrededores, hay bares discretos, añejos, que se alejan del ruido de los antros.

Tijuana no puede entenderse sin la noche. Ambas parecen estar asociadas de manera indisoluble. Dentro del imaginario colectivo está la visión de una zona atestada de bares, de gente que deambula de un sitio a otro, que vive en la fiesta continua. Algo hay de eso todavía en el centro de la ciudad: bares en penumbra, solitarios frente a una copa, música que sale de rocolas infinitas. Las escenas podrían ser muy parecidas en blanco y negro o a color.

En la Revo, sobre todo en la Sexta y sus alrededores, hay bares discretos, añejos, que se alejan del ruido de los antros, de la prisa por encontrar la última copa. Lugares como el mítico El Dandy del Sur, con su letrero de neón en la entrada, su larga barra de madera, la rocola que lanza desde blues o rock hasta rancheras o norteñas, el gato perezoso que deambula entre las mesas, los músicos o estrellas de cine, los gringos extraviados, los parroquianos de siempre, es un lugar para disfrutar tranquilo.

Frente al Dandy se encuentra el Tropic’s Bar, con una barra ondulada, ambiente en penumbra y grupos de jovencitos distribuidos a lo largo de este angosto bar. En los bajos del decadente Hotel Nelson está el Bar Nelson, un silencioso espacio en donde no se sabe nunca si es de día o de noche y a veces Tom Waits o Neil Young se escuchan casi entre susurros.

En otro mood o sintonía, en la parte más nueva de la ciudad, dentro de las instalaciones del edificio Vía Corporativo se halla el Bar 20, un lugar de diseño, relajado, del chef Javier Plascencia, donde lo fuerte es la mixología contemporánea. Los dos tragos más pedidos son Pomodoro 19 —mezcal con tomate— y Pepino Misionero —vodka fusionado con pepino—. Es un lugar para ver y ser visto.

De vuelta a la Revo se encuentra el Café Praga, frente al Caesar’s. Por las noches, ciertas noches especiales, en este café de espíritu checo, decorado con afiches del escritor Franz Kafka, pueden escucharse sesiones de dj, jazz, blues o rock, mientras avanza con pasos lentos la noche y Tijuana es demasiado joven aún.

El Casino de Agua Caliente y su galgódromo son, de alguna manera, herederos del famoso casino de los años veinte, que reunió a celebridades, artistas, escritores y políticos. El espíritu ludópata invade a los visitantes y los lleva de sala en sala o a la pista a ver correr a los galgos —al fondo puede apreciarse el estadio de los Xolos—. Algo hay de espíritu cinematográfico en estos ambientes; algo hay de novela negra, de residuos de otras épocas, de cierta sensación de gozo.

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