junio 2, 2014
Las utopías de Chapingo
Redacción Travesías

Una gran oportunidad para admirar los murales de Diego Rivera en la Universidad Autónoma de Chapingo.

A tan sólo una hora de la Ciudad de México, en el kilómetro 38.5 de la carretera México-Texcoco, se encuentra la zona de Chapingo, Estado de México, cuyo interés artístico va mucho más allá del centro de investigación y producción de conocimiento vinculado con el campo, la agricultura y el ámbito rural más importante de México: la Universidad Autónoma de Chapingo. Su antecesora, la Escuela Nacional de Agricultura, se mudó de la ciudad a la Ex Hacienda de Chapingo en 1924; el casco, que fue construido en el siglo xvii y remodelado en el siglo xix, fue después expropiado por el presidente Álvaro Obregón. 

Así pues, en 1924 se iniciaron simultáneamente la remodelación de la Ex Hacienda y la construcción de las instalaciones de lo que sería la UACH, y Diego Rivera fue invitado a participar en la construcción del Primer Pueblo Cooperativo de la República Mexicana, basado en los modelos de colonias proletarias soviéticas. 

El proyecto utópico planteaba la posibilidad de ofrecer a la comunidad de trabajadores de la ENA viviendas dignas (ahora llamadas de interés social), y el fraccionamiento aún tiene una glorieta, la Plaza de la Unión y La fuente del pueblo, espacio trazado y diseñado por el artista y adornado con azulejos, que ostenta, grabado en la piedra pero con partes casi ilegibles debido al daño causado con el paso de los años, el reglamento de esta comunidad: Éste es el primer pueblo Cooperativo de la República Mexicana. Aquí no hay cantinas, porque sabemos que el alcohol embrutece. No tenemos templos (casi ilegible), nuestra oración es el trabajo (casi ilegible). Nuestra fe (ilegible). El bienestar colectivo. Nuestro dogma la cooperación. Nada tenemos ni esperamos que no sea resultado de nuestros propios actos y fruto de nuestros sinceros esfuerzos”.

Otra placa conmemorativa, la que consigna la visita de León Trotsky a la comunidad, se encuentra también en pésimo estado … pero de todas formas se recomienda visitar el edificio (que ahora alberga un minisúper), planeado como Salón de Actos Públicos, en cuyo techo Rivera dibujó los trazos de un mural que (por increíble que parezca) ha sido borrado.

Los murales de su autoría que sí pueden apreciarse son los del Museo Nacional de Agricultura, dentro del casco de la hacienda. Destacan El mal gobierno y el buen gobierno y El espíritu de la Revolución. Y no está de más hacer un recorrido museográfico acerca de la historia de una de las actividades fundamentales de la cultura mexicana desde la época prehispánica, a través de 4000 objetos —algunos de los cuales sin duda valen mucho la pena. Pero sobre todo, hay que darse tiempo para conocer la serie de imágenes realizadas por el fotógrafo alemán que viviera y muriera en México en 1982: Hans Guttman, mejor conocido como Juan Guzmán, cuya obra relacionada con la fiebre aftosa y temas relacionados con el campo fue adquirida por la UACH. Además, dentro del complejo se puede deambular por el patio de honor, visitar el Auditorio Álvaro Carrillo, o pasear por la Calzada de los Agrónomos Ilustres, para llegar a la Fuentes de las Circasianas.

La ahora Capilla Riveriana también fue encomendada al prolífico muralista en el año de 1924, mientras realizaba los murales de la Secretaría de Educación Pública en Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, por comisión del Secretario José Vasconcelos. Los inmensos murales cubren en total una extensión cercana a los 700 metros cuadrados y fueron pintados con reminiscencias de las composiciones espaciales propias del arte cristiano del Renacimiento italiano y de los frescos católicos. Rivera los realizaría en conjunto con su asistente, el pintor Xavier Guerrero, en torno al ideario de la Revolución Agraria: La formación del liderazgo revolucionario, La tierra oprimida y La trilogía de la Revolución. El otro tema de la obra es el de la evolución biológica, que se aprecia en Las fuerzas subterráneas, La germinación, La floración y Los frutos de la tierra, y, en la misma tónica pero acompañados de desnudos, La tierra fecunda y la familia humana, y La tierra dormida. 

Como modelo para algunos de esos desnudos, el muralista se sirve de la fotógrafa y activista italiana que fuera su amante, Tina Modotti, y a la vez de su esposa, Guadalupe Marín, embarazada, para caracterizar a la “Tierra fecunda”. Entre sus representaciones también figura el entierro de Emiliano Zapata, así como el de su seguidor, el líder campesino Otilio Montaño, quien irónicamente sería ejecutado por órdenes del caudillo del sur.

El lema de la UACH, que se puede leer en la parte superior de una de las representaciones pictóricas —“Aquí se enseña a explotar a la tierra, no a los hombres”—, deja muy clara la tendencia ideológica del agrarismo obregonista que Rivera plasmó en esta “paradójica” capilla, motivo que sin duda encontró ecos en el Pueblo Cooperativo.

Otro de los edificios del complejo que amerita una visita es “El Partenón”, de 1924, que ya se encuentra en la lista de inmuebles de Patrimonio Cultural de la unesco, y fue la primera sede de la biblioteca de la Escuela Nacional de Agricultura. El espacio fue restaurado y rehabilitado entre 2004 y 2007, y aloja los murales realizados en la ENAP y donados por los pintores Luis Nishizawa y Alfredo Nieto, en colaboración con los también artistas Homero Santamaría y Miguel Ángel Suárez. 

Los 14 paneles y otras dos obras monumentales pintadas al fresco decoran la actual sala del Consejo Universitario de la UACH, y “representan el contexto del imaginario social sobre el que se construye la nación, y que a mediados del siglo xix da pauta para la creación de instituciones esenciales, entre ellas la ENA” y son también “una síntesis y compromiso de la institución y su comunidad universitaria hacia el futuro”, en palabras del maestro Nishizawa.

Para terminar con esta escapada por las inmediaciones del lago de Texcoco, y el Caracol, esa planta de tratamiento de aguas residuales que vista desde el aire parecería una pieza de land art, —digamos el Spiral Jetty de Robert Smithson, sólo que tierra adentro—, es necesario mencionar que existe una rareza digna de visitarse: el Centro Cultural Puente del Arte que se encuentra en la Vía Morelos, la misma avenida donde está el Museo Casa Morelos, antes Casa de los Virreyes, donde fue encarcelado y más tarde fusilado este héroe de la Independencia, y que contiene entre sus muros una osamenta de mamut hallado en los alrededores. 

El Puente del Arte, como se le conoce desde 2000, es un puente diseñado por Gustave Eiffel en 1921 —y traído a México en 1979— cuya armónica estructura de fierro se encuentra sorprendentemente bien escondida debajo de una carpa de plástico. 

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