noviembre 10, 2017
Aspen, más allá de la nieve
Jorge del Río

Muchos llegan a este destino para esquiar unos días, pero encuentran que todo el año tiene diversos atractivos que enamoran al viajero.

Sólo hay que preguntarle a cualquier local; aquí la gente llega por una temporada de invierno y se queda a vivir por el verano.

Clavado en lo que los indios de Norteamérica creyeron había sido obra del Gran Alce, que con su trote le había dado el relieve a la cordillera de las Rocallosas, Aspen nació con el invierno. Son cuatro las montañas que conforman el parque para esquiar de la ciudad, entre las que destacan Aspen Mountain y Snowmass; pero en verano, cuando la nieve se derrite, ese mismo escenario se convierte en un paraíso para todo tipo de actividades culturales y al aire libre, mostrando así otro de sus rostros.

Aspen

En pleno frenesí de la minería en el oeste de los Estados Unidos, hacia el final del siglo XIX, este pueblo minero extraía un sexto de la producción mundial de plata. Años después, cuando los precios internacionales del mineral cayeron, pueblos como Ashcroft y Aspen abandonaron el pico y la pala, y con ellos la principal actividad económica de la zona. ¿Cómo fue entonces que Aspen se convirtió en una ciudad llena de arte, lujo, gastronomía y actividades deportivas? Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras se entrenaba al Décimo Regimiento de Esquiadores, William Paepcke y Friedl Pfeiffer propusieron que este lugar se transformara en un centro de esquí y cultura. Por primera vez, la riqueza de Aspen no se encontraba en el subsuelo.

Durante el verano es posible subir por el Ute Trail a ver el amanecer desde una roca en las faldas de la montaña, y contemplar un pueblo que se regocija por los cambios que traen las estaciones. Ese cambio es parte de la esencia de su gente: el Museo de Arte de Aspen, construido por el arquitecto Shigeru Ban, no tiene colecciones ni exposiciones permanentes; y restaurantes como el Bosq y el Pyramid Bistro cambian de menú conforme a los productos de la temporada. Para Jimmy Yeager, dueño de Jimmy’s, un restaurante que ha estado en el negocio por 20 años, Aspen es un poco como la ciudad de Oaxaca: una infusión de gastronomía, arte y tradición, que se ve reflejada en cada calle, en cada galería, en cada platillo. Dice que Oaxaca es el mezcal y los artesanos de la Sierra Azul, mientras que Aspen el vino y las vistas de las Rocallosas al fondo.

Aspen

Para descifrar el encanto de la ciudad, el viajero debe transitar la enorme cantidad de senderos que recorren sus montañas, que con el deshielo son escenario para conciertos; asistir a los festivales de vino; tomar el camión gratuito a las Maroon Bells; pescar con mosca en sus ríos y lagos; y conocer los restaurantes y hoteles de lujo que, como el Jerome, reflejan la historia del lugar.

Quizá las cumbres y las hojas confabulen para mostrar su lado más bello, en cada estación; y aunque éstas cambien, Aspen queda múltiple e infinito, con su verano siempre por venir.

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