mayo 4, 2017
Expedición al oeste
Paulina Figueroa

Desde Victoria Island hasta Banff, pasando por Lake Louise, un recorrido por la naturaleza canadiense.

“Un día estás desayunando en casa, preparándote para salir a trabajar, y al siguiente abordas una lancha en busca de orcas”, le dijo nuestro guía al grupo mientras zarpábamos de Fisherman’s Wharf para observar a dos ballenas asesinas, madre e hijo, que paseaban tranquilas por la costa. Avistarlas es común para los habitantes de Victoria, quienes saben que en sus mares hay tres manadas de orcas residentes, además de unas cuantas migratorias que visitan la zona de vez en cuando; sin embargo, encontrarlas no deja de sorprender a locales y turistas.

Victoria es la capital de la isla de Vancouver, famosa por tener el mejor clima de todo Canadá (según los habitantes) y por llenarse de flores una vez que comienza la primavera. Forma parte de la provincia de British Columbia y es la primera parada en un recorrido por tres puntos en los que la naturaleza predomina y los paisajes parecen demasiado para los sentidos.

Desde nuestra lancha podíamos ver la costa, pasando por Beacon Hill Park —ideal para pasar una tarde bajo el sol—, Clover Point —desde donde se ven las montañas del Olympic National Park, en Seattle— y el Oak Bay, hotel construido en 1927 que volvió a abrir sus puertas en 2012. Seguimos a las ballenas hasta que fue hora de regresar al puerto, no sin antes pasar por Discovery Island y Chatham Islands, ambas parte del territorio de los songhees y hogar de un lobo solitario que se alimenta de focas desprevenidas y que fue visto en las islas por primera vez cuando el jefe Robert Sam —líder de los songhees—, murió. Algo muy significativo para la gente de esta tribu, en la que la figura del lobo tiene un lugar importante.

Al regresar a la ciudad recorrimos el barrio chino de Victoria, el segundo más antiguo de Canadá, que conecta con Government Street —la calle principal de la ciudad en la que se encuentran tiendas, restaurantes y el Royal British Columbia Museum, y que reúne la historia natural y humana de la provincia.

Para finalizar el día, Little Jumbo ofrece interesantes cocteles —¿Blue Pill o Red Pill?— y carnes y pescados que hay que acompañar con su ensalada de queso Haloumi y couscous israelí.

Esquiar en polvo de champagne
La única forma para llegar a Lake Louise desde Calgary es a través de la Trans-Canada Highway, la carretera que atraviesa por completo el segundo país más grande del mundo. El camino es largo pero impresionante. Pasando la ciudad, el paisaje se transforma de planicies bicolores a vistas dominadas por las Montañas Rocallosas. Aquí la primavera avanza poco a poco, los osos van despertando y el verde empieza a ganarle al blanco de la nieve, pero al adentrarnos en ellas se nota que el invierno planea quedarse al menos un mes más. Lake Louise tiene 139 pistas. Cada lift cuenta con una pista verde, para que todos puedan disfrutar a su propio ritmo la montaña completa, aunque según Jenny —nuestra instructora del día— algunas son un tanto engañosas, ya que las pistas verdes de este resort son más complicadas que las del lado este del país. Por eso, no está de más preguntarle a algún instructor qué camino es el mejor a seguir, en especial si en un mismo grupo hay personas con diferentes niveles de habilidad.

Nos dividimos entre los experimentados y los novatos, quienes nos estrenamos en este deporte junto a grupos de adolescentes,  niños de cinco años y uno que otro adulto. Después de tres horas de intenso aprendizaje nos reencontramos en Kuma Yama, el restaurante japonés del resort. Según nuestros guías, el sushi es perfecto para alimentarse en una tarde de esquí, porque es ligero e ideal para seguir surcando entre la nieve.

Al terminar nuestro día de práctica no me convertí en una estrella de esta actividad, pero sí me quedé con ganas de regresar.

El primer parque nacional
Dejamos Lake Louise atrás para adentrarnos en las montañas y descubrir Banff, un pequeño pueblo que tiempo después se convertiría en el primer parque nacional de Canadá (esto quiere decir que no es inusual encontrar algún ciervo o alce merodeando tranquilo en varios patios traseros de la localidad).

En Banff es fácil comprender por qué los canadienses se esfuerzan en proteger sus bosques y ríos, cuando las ciudades están tan cerca de las montañas y la vida silvestre interactúa con la vida cotidiana, cuando las actividades de fin de semana son ir a escalar, esquiar y hacer kayak en algún lago. Es seguro que se hará todo lo posible por mantener estos lugares intactos, respetando la vida alrededor.

La ventaja en Banff es que todo queda cerca. A 30 minutos del centro del pueblo está Cave and Basin, un conjunto de pozas termales conocidas por los pueblos indígenas de la región, que fueron redescubiertas por trabajadores ferroviarios, quienes decidieron usarlas como balneario. Al comprar las tierras, el gobierno canadiense les negó los derechos y en su lugar creó el primer parque nacional del país, empezando con los 16 km2 de tierra alrededor de Cave and Basin. Con el paso del tiempo, el parque —hasta entonces conocido como Rocky Mountains Park—, creció, hasta que en 1930 fue renombrado como Banff National Park, y ahora  abarca 6 700 km2.

Probablemente, la mejor forma de apreciar todo el parque nacional es tomando el teleférico que en cuestión de minutos te lleva a Banff Gondola, ubicado en la cima de Sulphur Mountain, y que cuenta con un museo, restaurantes, tiendas y un puente por el que se puede caminar al otro pico, donde la vista es inigualable.

De regreso en el pueblo dimos una última vuelta por el centro para evitar perder cualquier detalle. Las menciones honoríficas van para The Fudgery, una chocolatería artesanal que no puedo superar aún, y para Park Distillery, donde lo más recomendable es probar el gin y los distintos tipos de vodka que elaboran desde cero.

Terminamos el día y el viaje caminando de regreso al hotel, bajo la luna llena que iluminaba el río y delineaba las montañas, la manera perfecta de concluir una semana repleta de naturaleza.

Algunas de las especies que habitan en el Parque Nacional de Banff
– Oso grizzly
– Oso negro
– Caracol de Banff (en peligro de extinción)
– Woodland caribú (en peligro de extinción)
– Puma
– Ciervo mulo
– Alce
– Lince
– Borrego cimarrón

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