septiembre 3, 2019
Fundación León XIII: verdaderas iniciativas de desarrollo
Redacción TravesíasTexto y fotos: Andrea Cinta

Una iniciativa que se basa en la sostenibilidad

La Fundación León XIII tiene una misión principal: disminuir la desigualdad y la pobreza en México. Sin embargo, este proyecto no es ninguna asociación de beneficencia. Desde su creación en 1996, la Fundación lleva a cabo diferentes programas en comunidades de Guerrero, Oaxaca y Chiapas basándose en la sostenibilidad, nunca en el asistencialismo. El patronato que sostiene a la Fundación dona dinero que no llega en monedas contantes y sonantes a las comunidades indígenas, sino en forma de verdaderas iniciativas de desarrollo.

Las personas a las que la Fundación apoya no son sujetos de crédito, no tienen acceso a ningún servicio financiero y, en momentos de necesidad, pueden perder todo su patrimonio. Por eso, todo inicia con los Grupos de Ahorro. El primer paso es la educación y administración financiera: los miembros de la Fundación enseñan a la comunidad las bases de las cajas de ahorro que son, de manera muy literal, cajas de madera en las que cada participante pone lo que puede ahorrar; el mínimo es un peso. Lo que reúnen sirve para otorgar pequeños préstamos a los integrantes de la comunidad. Además de la parte financiera, los programas de la Fundación también contemplan la alimentación, la salud, el emprendimiento y, tal vez la cara más visible del proyecto, el desarrollo artesanal.

Kitzin es el mayor representante de León XIII en este último sector. La marca nació para comercializar el trabajo de las artesanas locales, aunque la venta es el último eslabón de su plan de desarrollo. Todo comienza con las capacitaciones para producir piezas de calidad extraordinaria, seguido por el aprendizaje para calcular costos, materiales y márgenes de ganancia. Después viene la búsqueda continua e incansable de puntos de venta. Muchas piezas se pueden encontrar en la tienda de Kitzin, en la Ciudad de México, pero también participan en bazares y colaboran con museos y diseñadores.

Cuando los proyectos son exitosos, familias enteras terminan dedicándose a los pedidos. Petrona Díaz Pérez —artesana de San Andrés Larráinzar— es un gran ejemplo; al menos 10 miembros de su familia tejen los delicados hilos de algodón en telares de cintura para los encargos de la Fundación. En temporadas altas (como las compras navideñas), los artesanos tienen asegurado un ingreso; sin embargo, la Fundación se encarga de buscar más oportunidades de venta todo el año, más donaciones y más formas de ayudar a la comunidad a crecer.

Para más información, visita fundacionleontrece.org

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