marzo 20, 2019
Un recorrido a la grandiosa Casa Pedro Domecq
Diana Solano

Justo a tiempo para la vendimia, que ocurre en el verano

Son los primeros días de marzo y por momentos estamos alrededor de los 10 °C; las mañanas son neblinosas; el resto del día hay llovizna, viento y cerrazones. Conforme avanzamos por el Valle de Guadalupe vemos los árboles desnudos que combinan con las rocas y destacan sobre el manto verde.

Las vides —lo mismo las más jóvenes y delgadas que las que se yerguen en filas robustas desde hace medio siglo— están en reposo; esperan que suba la temperatura para, en unos meses, transformar por completo el panorama del valle, del ocre al verde más brillante y ostentoso, justo a tiempo para la vendimia, que ocurre en el verano.

Por ahora, Alberto Verdeja, enólogo desde hace décadas de Casa Pedro Domecq, se dedica, junto con Rafael Bojórquez, el agrónomo, a recorrer el campo, a ver planta por planta y podar las vides para darles forma y asegurar que la producción será óptima y cuantiosa; que cada planta producirá los ocho kilos de Vitis vinifera previstos y, en fin, que obtendrán los mejores ejemplares de Cabernet Sauvignon, Viognier, Chardonnay o Nebbiolo para los 1.2 millones de litros de vino que cada año se producen en esta bodega.

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Foto Casa Pedro Domecq

El empeño que se pone en los campos se mantiene intacto en el área de fermentación y en la sala de barricas, donde Verdeja cuida las mezclas de diversas variedades y evalúa la evolución de los vinos en sus diferentes etapas para asegurarse de que la calidad y las características de cada etiqueta se mantienen.

La sala de barricas —adjunta al nuevo Museo Domecq, donde se cuenta la historia de la firma— es también el espacio en el que el enólogo experimenta con nuevas mezclas y procesos. Es, nos cuenta, el primero en llegar a la bodega y el último en irse; es la única forma de crear las condiciones perfectas para dejarse llevar por su creatividad y sentido del gusto, e imaginar la evolución futura del contenido de cada barrica.

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Fotos Casa Domecq

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Foto Casa Pedro Domecq

Pasamos por la larguísima cava cuyas paredes están tapizadas con botellas históricas de Casa Pedro Domecq y llegamos a la nueva terraza que mira directo a los viñedos y al valle. Combatimos el frío con copas de los renovados Château Domecq tinto —un ensamble de Cabernet, Merlot y Nebbiolo— y blanco —de Chardonnay y Viognier—, además de los XA, un blanc de blancs y un monovarietal de Cabernet Sauvignon que muestra toda la potencia del terruño.

Pasamos horas acomodados estratégicamente cerca de la comida y el vino, hablando de nada; es uno de esos momentos en los que es fácil hacer amigos y dedicarse con empeño a no hacer nada. La luz cambia sobre el valle conforme cae el atardecer y, antes de que oscurezca, aparece un enorme arcoíris al que los bajacalifornianos no prestan atención —aquí, por lo visto, eso es un fenómeno de todos los días.

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Foto Casa Pedro Domecq

Casa Pedro Domecq (desde 1972)
Carretera Tecate-El Sauzal km 73, Valle de Guadalupe
Lunes a domingo de 10:00 a 16:30 horas
T. (646) 155 2249
Catas desde 100 pesos; recorrido por los viñedos desde 230
Más información: @casapedrodomecq| FB: Casa Pedro Domecq

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