febrero 14, 2019
Los sobrecargos confiesan: ¿Qué hacer y qué no hacer en un avión?
Paola Gerez Levy

Aun a diez mil metros sobre la tierra, hay comportamientos que son molestos para el personal.

Viajar en avión puede ser algo muy tedioso. La ida a nuestro destino puede volverse un infierno o un camino apacible, todo depende si el trayecto es lejano, la comida espaciada y si los asientos son o no cómodos. Quizá lo único que no es relativo es que todos somos pasajeros, y eso implica que algunas veces nos sintamos con derechos que aunque nos pueden parecer normales y naturales, en realidad quebrantan las reglas del viaje.

¿Pero cuáles son estas reglas mudas que sin querer rompemos?, la respuesta la tiene el famoso portal  Fashionbeans que a través de una serie de entrevistas a sobrecargos identificó las peores costumbres y formas de viajar en un avión. El resultado de esta investigación fue una asombrosa colección de errores involuntarios, datos curiosos y sugerencias que cualquier viajero puede tomar en cuenta cada vez que vaya a subirse en un avión.

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Quitarse los zapatos

Si caminamos en calcetines por los pasillos del avión, no hay mayor problema, lo grave es quedarse descalzo. Este hábito es de lo más común en casa, pero en las alturas cobra otro sentido y la razón no es la estética, sino la higiene. A pesar de que los aviones se lavan después de cada vuelo, no tienen las alfombras ni los baños más limpios que vayamos a encontrar. Así que es mejor quedarse con zapatos puestos.

Solicitar upgrades

A la hora de abordar la cantidad de lugares ocupados en cada clase del avión están contabilizada. Aunque siempre está la posibilidad de ascender a clase business o primera durante la documentación. Sin embargo una vez sentados  es improbable negociarlo. Hay que tomar en cuanta que los sobrecargos no están en control de los lugares y las reservaciones, por lo que ellos difícilmente podrán revolver algo y solo se distraen de su trabajo.

Cambiarse de lugar

No hay nada que no pueda arreglarse preguntando. En caso de querer cambiar de lugar a uno más cómodo o accesible al que se tiene asignado, primero, hay que esperar después del despegue, pues existe una cuestión de balance de peso. Después, lo recomendable es preguntar a la tripulación a bordo para considerar posibilidades y no molestar a los demás pasajeros.

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Quejarse de la comida

La comida de los aviones no tiene la mejor fama. Invariablemente se ofrecen de dos a tres opciones de alimentos. Tener algún problema con los platillos de un vuelo, como la variedad o el sabor, no recae en lo sobrecargos, sino en el proveedor externo de la aerolínea. También, la posibilidad de alternativas vegetarianas se puede resolver desde la reservación del viaje, y no en pleno vuelo, cuando la comida ya está contabilizada.

Reclinar el asiento durante la comida

Unos más que otros, los asientos en un avión están separados por pocos centímetros. Comer sobre las pequeñas mesas desplegables puede ser incómodo para algunos. Pero por decencia y respeto, es recomendable enderezar nuestro asiento para que el pasajero de atrás de nosotros pueda comer más placenteramente. Así habrá menos quejas y momentos de molestia innecesaria entre pasajeros y sobrecargos.

Recoger el celular cuando se cae

No existe un vuelo en que a ningún pasajero se le caiga el celular debajo del asiento anterior. Esto se ha convertido en un problema para el personal de los aviones pues algunos pasajeros en su intento por recogerlo han dañado los asientos o la alfombra. Por lo anterior, se recomienda contactar a algún sobrecargo para que nos asista en sacar el celular sin ningún daño colateral al equipamiento del avión.

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Meterse a la cocina

Para los sobrecargos, las cocinas y almacenes dentro del avión son como su oficina. El personal del avión conoce bien estos espacio y sabe dónde se guardan las cosas. Como pasajeros, meternos a la cocina a buscar alguna botana o un vaso con agua solo entorpece su trabajo. Además, estas cocinas no funcionan como las cocinas domésticas, por lo que también conlleva un grado de riesgo para los pasajeros. Lo mejor es pedir lo que necesitemos a los sobrecargos.

Deteriorar la canastilla de revistas

Después de leer y hojear las revistas y publicaciones que ofrecen las aerolíneas, es normal que utilicemos el resorte donde se guardan como un almacén para nuestras pertenencias, como libro o audífonos. Sin embargo, existe un límite: retacarla con ropa o basura solo ocasiona que se deteriore o que se ensucie y que los sobrecargos tengan que hacer un trabajo sucio. Pero también, deteriorar incluye rasgar páginas de las revistas. Así como lo encontramos, hay que dejar las publicaciones.

 

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