Un día en la Narvarte, Ciudad de México | Revista Travesías
julio 6, 2015
Un día en la Narvarte
Redacción Travesías

Ver tu ciudad con ojos de turista te da la sensación de vacaciones, aunque sea por una tarde.

Llegamos a la Narvarte en bici para poder desplazarnos con facilidad y sin pelearnos con el tráfico de sábado. La primera parada fue la Glorieta Scop. Le vimos cara de parque y nos sentamos dispuestos a leer y relajarnos un rato, pero pronto notamos que más bien era una vía transitada —con claxonazos como banda sonora— y desistimos.

Para entonces ya teníamos un poco de hambre, así que partimos rumbo a Pinche Gringo BBQ, a una cuadra de distancia. Queríamos probarlo desde hace tiempo, pero sus interminables filas que le daban vuelta a la manzana nos habían disuadido. Nos asomamos y no parecía tan lleno, así que entramos.

Un viejo estacionamiento con un camión y bancas de madera nos recibieron. Tuvimos que esperar un poco por nuestro platillo, pero una vez servido nos lo llevamos directo a la mesa con una cerveza Cosaco Roja. Ahí es cuando sentimos que la espera había valido la pena. Después del segundo bocado, hasta se nos olvidó el reloj.

Salimos de ahí contentos por haber palomeado, por fin, un pendiente que teníamos dentro de la ciudad y nos dirigimos rumbo al siguiente punto: Alma Negra Café, una pequeña pero acogedora barra en la que recibes buenos precios, buenos productos y buen trato. Pedimos el culto al café, una degustación de tres bebidas extraídas por distintos métodos.

Salimos de ahí, ahora sí, dispuestos a perdernos entre las calles. Llegamos a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, un edificio que conserva el espíritu de los años cincuenta, y cuyos murales están hechos por Juan O’Gorman.

Ya no está en buenas condiciones por culpa del tiempo y el terremoto del 85,  pero es interesante ver cómo ha evolucionado un edificio que alguna vez, en otros tiempos, fue un símbolo de modernidad y nacionalismo.

La misma sensación de algo que pudo ser y no fue da el resto de la colonia. Viejos edificios decorados con mosaicos de colores —cuyas plantas bajas tienen su propia puerta y, por eso, fácilmente se convierten en comercios— se pelean para subsistir entre las nuevas construcciones, desarrollos verticales con acabados austeros pero atractivos para los jóvenes de la clase media.

A unas cuadras, y también honrando esta tradición que tiene el barrio de quedarse un poco atrapado en el pasado, está la Pastelería Fenicia, una tienda de productos libaneses abierta desde los sesenta. Vale la pena pedir kipe, tabule, hojas de parra y arroz con fideo para llevar (y ser testigo del arte de empacar con papeles floreados e hilo, al viejo estilo), pues el pequeño y oscuro restaurante no invita a quedarse.

Ya con itacate en mano, y después de haber recorrido las manzanas suficientes como para bajar la comida y entender esa mezcla entre casonas y comercios, no queda más que buscar un buen lugar para contemplar el resto de la tarde. Ver pasar, como dicen. Nosotros escogimos Nibelungengarten, un restaurante alemán donde sirven cerveza extranjera a buenos precios.

Pinche Gringo BBQ, Cumbres de Maltrata 360, Narvarte Oriente, T. 55 6389 1129

Alma Negra Café, Avenida Universidad 420, Benito Juárez, T. 55 4162 5899

Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Xola Universidad S/N, Narvarte Poniente, T. 55 5687 6166, sct.gob.mx

Pastelería Fenicia, Eje 4 Sur (Xola) Esquina Navarra 1963, Álamos, T. 55 5590 9210

Nibelungengarten, Doctor José María Vertiz 1024, Narvarte Poniente, T. 55 5609 1309

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