mayo 8, 2020
No hay mal que por bien no venga
María PellicerFotos: Alejandra Hauser, Eunice Adorno, Diego Berruecos

Le preguntamos a algunos de nuestros amigos en otros rincones del mundo qué cambios están esperando ver en los viajes.

“Every cloud has a silver lining” dice el dicho en inglés, que más o menos puede traducirse a nuestro “no hay mal que por bien no venga”. En momentos como los que vivimos, darle la vuelta al problema y buscarle el lado bueno es una manera bastante efectiva de sacar la cabeza de la montaña de agobios. Con eso en mente, esta semana buscamos a colegas periodistas y editores de la industria del turismo y les hicimos una pregunta: estamos seguros que muchas cosas van a cambiar en la industria de los viajes debido al COVID-19 pero, ¿se te ocurre algún cambio que estarás feliz de ver?

Jeri Clausing, Senior Editor de Travel Weekly me responde desde Albuquerque, Nuevo México. “Si hay algo que espero ver, aunque sea de manera temporal, es una disminución en las multitudes… ¡y solamente podríamos soñar con que las aerolíneas se deshicieran de los asientos de enmedio!” Puede sonar soñador pero existe una posibilidad bastante plausible de que, al menos en un inicio, las aerolíneas se vean obligadas a cancelar filas de asientos para dejar una sana distancia entre pasajeros. De hecho, Delta, Alaska y Spirit anunciaron que dejarían de ocupar los asientos centrales en sus vuelos; mientras que del otro lado del Atlántico, EasyJet hizo lo mismo y American Airlines emitió una política llamada “relaxed seating”, donde el 50% de los asientos del medio están bloqueados.

¿Y en cuanto a las multitudes? Jeri no es la única persona que me responde algo relacionado al tema. James Shillinglaw, Editor in Chief y Co-Fundador de Insider Travel Report dice: “Pienso que volver a viajar será genial en un principio, ya que todos los problemas de overtourism no serán un tema pues mucha menos gente estará viajando, por lo menos hacia el final de este año”. Y es que, después de los meses de encierro y de la gran cantidad de medidas sanitarias a las que nos hemos acostumbrado, el viajero ya no será el mismo. Para James, esto también hará que la industria cambie, “creo que los viajes regresarán como una opción más segura y sana de lo que teníamos en el pasado. Los cruceros, las aerolíneas, los hoteles y los resorts están trabajando de manera diligente para poder ofrecer a los clientes mejores condiciones que les de confianza a la hora de viajar. Los proveedores de servicios de viajes están desarrollando medidas más rigurosas y políticas que los ayuden a traer de nuevo a los clientes.” 

Juliana Saad me responde desde São Paulo y me asegura que incluso antes de la aparición del COVID-19 ya había pensado en todo lo que tenía que cambiar en esta industria. Tres palabras resuenan especialmente en lo que me cuenta Juliana: propósito, evolución y conciencia. Estos días se hubiera celebrado en Brasil la décima edición de ILTM Latin America y Juliana había preparado una nota que comparte conmigo. En ella señala diez tendencias que identifica en el futuro de los viajes:
1. Viajes con conciencia: conectar con uno mismo, los destinos y su gente.
2. Fuera de mapa: escapar de las multitudes.
3. Staycation: viajar en nuestra propia ciudad.
4. Bajar la huella de carbono: lujo positivo.
5. Slow travel: viajes de larga duración.
6. El desarrollo sostenible a través del viaje.
7. Lifestyle brands en hotelería y aviación.
8. Bienestar, expediciones e inmersiones.
9. Viajes espaciales.
10. Lo nuevo es JOMO (joy of missing out), la ostentación está fuera.

Desde Bombay, Divia Thani, editora de Condé Nast Traveller India me cuenta, “mi deseo es que el mundo empiece a moverse hacia grandes innovaciones en sustentabilidad, incluyendo a la industria del viaje. Otra de las caras positivas en la India es que, hasta que las fronteras vuelvan a abrirse, parece que empezaremos a ver a más y más gente viajando en dentro del país. Tenemos una nación basta y muy amplia; desde los fenomenales Himalayas en el norte, hasta las exuberantes selvas donde los tigres salvajes y los elefantes deambulan libres. También están las serenas plantaciones de café y té, nuestros palacios que parecen sacados de un cuento de hadas que adornan los desiertos y desde luego, la costa con sus playas ocultas y rodeadas de palmeras. Nuestra cultura, artesanías, tradiciones y vibrantes festivales son ricos y muy variados. Espero que ésta sea una oportunidad para disfrutar y apreciar todo lo que nos ofrece nuestro país otra vez, para redescubrirlo con ojos nuevos y con otra perspectiva. Muchas veces damos por sentado lo que tenemos en nuestro patio trasero: ahora es el tiempo de reconocer estas gemas que atraen a viajeros de todo el mundo. ¡Mientras, las tenemos para nosotros solos!” La respuesta de Divia me hace pensar que esa tendencia del turismo volcado a lo local fue el tema de nuestra columna la semana pasada

 

Desde Seattle, Jennifer Flowers, Deputy Editor de la revisa AFAR, me responde con una visión muy personal y que comparto completamente: “Yo espero que dejemos de dar por sentado el viaje, que valoremos y saboreemos realmente las experiencias. Creo que el hecho de que viajar en avión sea tan fácil nos ha hecho olvidar lo privilegiados que somos de poder ver tanto de nuestro planeta en tan poco tiempo. Espero que salgamos de ésta con una mayor apreciación de la naturaleza, pues tenemos que comprender que nuestro destino como especie está atado al de la naturaleza, estamos totalmente interconectados. Es nuestra última oportunidad de convertirnos en mejores guardianes de la Tierra antes de que sea demasiado tarde” concluye Jennifer, que desde hace unas semanas dejó Nueva York para instalarse con su familia en Seattle.

Sin duda, la industria atravesará cambios profundos y probablemente muy positivos. Cambios que hasta ahora nadie se atrevía a poner en acción y que en un par de semanas se convirtieron en nuevas realidades. Todo adquiere otro valor cuando lo vemos desde esta nueva perspectiva y para ejemplo, la respuesta de Vicky Vilches desde Madrid que me dice “se me ocurren varias cosas, ¡pero es la hora del paseo! Que por cierto es una cosa que nunca se ha hecho en Madrid, al contrario que en otras ciudades pequeñas. En Madrid uno se traslada pero no pasea, pero no creo que eso haya venido para quedarse, me temo.” Y quién sabe pienso yo, tal vez todos, donde sea que estemos, salgamos cuando todo esto termine y empecemos por valorar el más sencillo de todos los viajes, un buen paseo por el barrio.

 

Posdata

Hoy recibí un correo de Vicky. Dejo aquí su respuesta como cierre a esta invitación al paseo.
“Pues he estado pensando en tu pregunta y yo creo que lo que me ha traído este confinamiento, y especialmente estos días de desescalada en los que los madrileños podemos pasear unas horas cerca de nuestra vivienda es precisamente esta recuperación del paseo. Algo que me gustaría mantener. El paseo como divertimento, como algo placentero que hacía mucho tiempo que no disfrutaba en mi propia ciudad. Y esa actitud de ver mi ciudad con esos ojos curiosos que adoptas cuando vas de viaje, ese deseo de aprender de lo que te rodea, de pararte en una esquina, de buscar con la mirada lo alto de los edificios o asomarte a un antiguo paso de carruajes convertido en portal. Esas cosas que haces en Nueva York o en París y que no haces en tu barrio. En estos cuatro días de paseos he redescubierto mi barrio, porque he caminado sin motivo alguno, sin propósito concreto, sin el fin de desplazarme. Y me he parado a leer todas las placas de mis ilustres convecinos ya fallecidos, que son unos cuantos, desde Rafael Alberti a María Teresa León y Pablo Neruda. Y he pensado en cómo fueron sus vidas por estas calles que ahora yo transito y trato de disfrutar, pese a todo. Y llenaría estas aceras de sus poemas pintados sobre los adoquines de estas aceras, para que nuestros jóvenes conozcan mejor sus barrios. Y porque un poco de poesía, en estos malos tiempos para la lírica, tampoco viene mal.”

 

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