septiembre 12, 2017
Carne y Arena: Vivir la migración hasta los propios huesos
Marcela Vargas

Alejandro González Iñárritu presentó en México la instalación de realidad virtual “Carne y Arena”, en el CCU Tlatelolco.

El frío es insoportable, congela la respiración y el alma. La oscuridad sobrecoge y la arena lo cubre todo. Se necesita coraje para entrar a la habitación del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) donde se presenta Carne y Arena, del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu (The Revenant) en colaboración con el cinefotógrafo Emmanuel Lubezki (Birdman), ambos ganadores del Oscar. Esta instalación fue estrenada en la 70ª edición del Festival de Cine de Cannes y se ha presentado también en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA) y en la Fundación Prada, en Milán.

Con Carne y Arena (Virtualmente presente, físicamente invisible), Alejandro González Iñárritu enfrenta al espectador con las vivencias de los migrantes que cruzan el desierto mexicano en busca del sueño americano. La muestra llega a México en el contexto de la era Trump, cuyas políticas anti-inmigratorias y xenofóbicas –como la recisión de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia– tienen en jaque a cientos de miles de migrantes indocumentados de origen mexicano y centroamericano que viven en los Estados Unidos. “Nunca lo concebí como respuesta o proyecto político,” comentó González Iñárritu a medios de comunicación en México. “Nació mucho antes de la realidad que vivimos ahora. Quería una obra que hablara de una crisis humana a nivel mundial, no solo nacionalista”.

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Carne y Arena no es para los débiles de corazón. En un escenario extraordinariamente vívido al que se accede por un visor de realidad virtual (RV), el espectador camina por el desierto con los transmigrantes mexicanos y centroamericanos. Su dolor y sufrimiento están al alcance de los dedos, sus voces se sienten cercanas y su salvación, por el contrario, se percibe lejana, como un oasis inalcanzable. “Tiene el poder de transportarte al desierto de Sonora y vivir en carne propia la tragedia”, dijo sobre la experiencia Alejandro Ramírez, director de Cinépolis, uno de los patrocinadores de la muestra. “Nunca ha sido tan oportuno un trabajo como éste. Ojalá llegue a Washington y lo vean quienes hacen las políticas internacionales en Estados Unidos”.

Es imposible no empatizar con estos compañeros de viaje, verdaderos migrantes entrevistados por González Iñárritu y cuyas historias de vida reprodujeron para sus cámaras. Para él, este proyecto inició como trabajo periodístico, documental, que después se convirtió en pieza de arte. “Fue un proceso de aprendizaje. La Realidad Virtual es todo lo que no es el cine: es multidimensionales y el cine es un pequeño porcentaje de la realidad, pasivo y no participativo”.

Tras cuatro años de entrevistas, el cineasta buscaba utilizar herramientas tecnológicas de punta para explorar la condición humana y meter al espectador en la piel del migrante. “La forma más elevada de un ser humano de relacionarse es la compasión”, afirma. “y esta tecnología te pone en los zapatos de alguien más.”

De acuerdo con el propio González Iñárritu, Carne y Arena está planteada como una experiencia en tres actos: físico, virtual e intelectual. La primera sala recuerda a las “hieleras”, habitaciones de detención donde los migrantes capturados pasan hasta dos semanas en condiciones precarias, ahí se vive la fisicalidad de la experiencia. La segunda sala, donde se vive la experiencia de RV, corresponde con la vivencia virtual del viaje a través del desierto. Finalmente, el último espacio apela a la reflexión intelectual pues se tiene acceso a las historias de vida de los migrantes entrevistados a través de retratos en video. “La virtualidad no es suficiente, por eso apelo a la realidad”, asegura el cineasta. “Me entristece la coincidencia, pero me alegra que desde esta plataforma humanística se pueda hablar del tema migratorio desde realidades más complejas”.

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La dinámica de Carne y Arena tiene su corazón en la pieza principal, un espacio de alrededor de 200m cuadrados, que se convierte en una plataforma tangible para no perder la noción de la realidad al comenzar la proyección. No se trata únicamente de colocarse el visor y presenciar los increíbles paisajes en 360º que fotografió Lubezki. Hay en esta instalación una necesidad de provocar una ruptura en la estructura cinematográfica del encuadre, así como replicar este quiebre en la perspectiva de la audiencia.

La estructura y funcionamiento de la instalación requieren que entre un espectador a la vez, de modo que para experimentar Carne y Arena deberá comprarse el boleto con anticipación en la página web www.carneyarenatlatelolco.com, a partir del lunes 18 de septiembre. Es importante verificar las recomendaciones de salud de la instalación, disponibles en ese mismo sitio web.

Los boletos estarán disponibles semanalmente, a partir de las 9:30 AM del lunes, hasta agotar existencias de la semana en curso. De igual manera, a partir de las 9:00 AM de cada lunes se venderán 40 boletos físicos en la taquilla del CCUT. Solo podrán adquirirse 2 entradas por persona, con un costo de 300 pesos cada una –50% de descuento para estudiantes, maestros y trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudiantes de Prepa Sí, personas con discapacidad, trabajadores y maestros del Gobierno de la CDMX y afiliados al INAPAM–.

La autora, Marcela Vargas, es editora web de gatopardo.com

Carne y Arena (Virtualmente presente, físicamente invisible)
De Alejandro González Iñárritu
A partir del 18 de septiembre de 2017
carneyarenatlatelolco.com

 

 

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