diciembre 18, 2019
Madrid de noche
Redacción Travesías

La vida es lo que transcurre entre bares.

Los bares en Madrid son cruciales como espacio social, no sólo de noche. Hay niños, se bebe café en la mañana, se habla de política. Si necesitas dejarle unas llaves a alguien o hacer alguna transacción, es con el que atiende el bar. Los madrileños saben de antemano qué ponen de tapa en qué bar, y eso determina sus decisiones. Luego de dos cañas y un bocado (con mucha sal), pasan al siguiente bar de confianza y hacen lo mismo. Así, como decía Hemingway, nadie vuelve a casa en Madrid hasta que se muere la noche. Lo que es claro para el viajero es que a donde vaya, a cualquiera de las decenas de bares que encontrará en su camino, comerá y beberá bien. Hay 2.13 bares por cada mil habitantes de la capital, y se puede decir que en cada uno la comida es como debe de ser, porque es prioridad. Beber y comer bien, en ese orden.

Donde se bebe jerez como hace cien años

Si hablamos del Madrid más castizo, La Venencia es indispensable. Un local estrecho y poco iluminado, de madera desgastada y mobiliario antiguo. Pero que no desanime la descripción. Nada parece haber cambiado desde 1922, cuando abrió sus puertas. Aquí se ofrece, desde hace casi cien años, exclusivamente vinos de Jerez: fino, amontillado y palo cortado. Para acompañar, mojama —atún salado—, aceitunas, y poco más. No se necesita otra cosa para disfrutar de estos vinos generosos. De precio muy accesible, y de horarios caprichosos (abren del mediodía y hasta las 15:30, y luego vuelven a abrir por la tarde, a partir de las 19:00 y hasta pasada la medianoche), lo ideal es probar una copa de cada vino, para ir notando sus diferencias y dejar la estrella de la casa para el final (¿o será mejor para empezar?): el palo cortado. Este es un vino que tradicionalmente se dice “sucede” u “ocurre”, en lugar de elaborarse tal cual, pues adquiere sus características de forma fortuita y por eso se le considera un vino sumamente especial. Aunque los procesos de elaboración modernos han cambiado mucho, y se discute si el palo cortado sigue “sucediendo” como en otros tiempos, lo cierto es que es un vino que llama la atención por su complejo aroma y su sabor seco. En fin, hay que probarlo. Así que parada obligada en el barrio de las Letras. Y recordar: palo cortado, mojama, no se deja propina y no permiten tomar fotos.

La Venencia. Fotos: Diego Berruecos

La Venencia, Calle de Echegaray, 7, Las Letras.

De la generación del 98 al Don Cipote de la Manga

El Imparcial fue el primer periódico moderno de España. Lo fundó Eduardo Gasset y Artime, abuelo del filósofo y escritor José Ortega y Gasset, en 1867. El diario fue muy influyente, ya que, a diferencia de los panfletos partidistas de la época, logró mantener una línea informativa liberal y neutral. Junto con grandes redactores políticos, por sus páginas pasaron los escritores de la generación del 98, como Azorín, Pío Baroja, Leopoldo Alas “Clarín”, Ramón María del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno. A principios de 1900, el periódico se mudó al edificio neoclásico proyectado por el arquitecto Daniel Zavala Álvarez en la calle Duque de Alba, a un costado de la plaza Tirso de Molina. Para entonces, El Imparcial estaba decaído: desapareció en 1933, entre vaivenes políticos. Hoy, El Imparcial alberga una minúscula tienda con una cuidada selección de revistas, un salón de exposiciones y uno de los comedores más coquetos de la ciudad —además de una carta digna de atención, a precios accesibles—.

El Imparcial. Fotos: Andrea Cinta

El Imparcial, Calle del Duque de Alba, 4, el Rastro.

En el mismo inmueble se encuentra uno de los espacios de ocio más sui generis de Madrid: la Sala Equis. Cuando cerró el periódico, el patio de imprenta se convirtió en el cine Alba, que después, en la década de los ochenta, fue cine porno. En 2015 era la última sala X que quedaba en el centro de Madrid. Fue entonces cuando el despacho Plantea reinventó el espacio como sala de proyecciones, espacio cultural multiusos y bar. Si bien se presta para el moderneo, la Sala Equis no reniega de su pasado cochinón. En la taquilla de entrada la cartelera anuncia la última peli impúdica que se proyectó aquí (Don Cipote de la Manga). Las paredes están adornadas con carteles del “cine de destape” español de los setenta. Regularmente programan ciclos de cine que rompen tabúes, eventos de cabaret y sesiones picarescas de poesía. Todo bañado de luz roja.

Sala Equis. Fotos: Andrea Cinta

Sala Equis, Calle del Duque de Alba, 4, el Rastro.

De un pequeño local, pequeños productores y grandes vinos

La Fisna abrió en 2008, pero parece haber estado aquí desde hace 50 años. La tendencia de producir vinos con la menor intervención humana posible cada vez agarra más fuerza en España; y Delia e Iñaki, dueños y creadores de La Fisna, han sido pieza clave para que esto sea posible. Una carta de más de 30 vinos naturales, de diferentes regiones de España, Francia y Alemania, es el material con el que realizan diferentes cursos —disponibles a todo el público—, desde una introducción a cómo catar un vino hasta presentaciones de nuevas botellas de diferentes bodegas. El lugar es pequeño y el hecho de que los dueños estén atendiendo y platicando con los comensales lo vuelve mucho más íntimo; perfecto para tomarse una copa o llevarse una botella (no sin antes una explicación sobre lo que estás eligiendo). La Fisna es un pequeño refugio para los amantes del vino natural.

La Fisna. Fotos: Diego Berruecos

La Fisna, Doctor Fourquet, 30, Lavapiés.

Copas clásicas

Hay algo en los cocteles clásicos que por más que los mejores mixólogos experimenten con ellos, nunca serán reemplazados. Los bares de copas (de toda la vida y nuevos) buscan satisfacer a los puristas de la coctelería. 1862 Dry Bar abrió en 2012 y se enfoca en la coctelería de la época de la prohibición en Estados Unidos. Alberto Martínez, dueño y barman, encontró en un edificio construido en 1862 el lugar perfecto para su bar (mismo año en el que se escribió el primer libro de cocteles, de donde saca algunas de las recetas que prepara).

Bar Cock. Fotos: Diego Berruecos

1862 Dry Bar, Calle del Pez, 27, Malasaña.

Por otro lado, el bar Cock abrió 90 años antes que el Dry Bar, y uno va con el mismo propósito: coctelería clásica. Muchas personalidades —desde Dalí hasta George Clooney— han pasado por estas puertas. Hoy, una de las mejores fechas para ir es al final de ARCO, porque es aquí donde se hace una de las fiestas al terminar la feria. El bar Del Diego es el intermedio entre los dos anteriores, abrió en 1992 y es tal vez el más flexible de los tres. En la carta hay desde un clásico Manhattan hasta una piña colada, pasando por las creaciones del lugar, como el soltero tranquilo (vodka, calmados, lima, curaçao azul). Su ambiente relajado invita a grupos nada homogéneos a pasar un rato y que todos estén contentos.

Bar Cock, Calle de la Reina, 16, Chueca.
Del Diego,
 Calle de la Reina, 12, Chueca.

La última guarida de la Movida

España no tuvo un movimiento contracultural en los sesenta. Pero en los ochenta, tras la muerte de Franco, hubo una explosión creativa rabiosa que se conoce como la Movida madrileña. Encendida por la transición democrática, la Movida cimbró a España en el cine —el primer Almodóvar de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) o Iván Zulueta y su película de culto, Arrebato (1979)— en revistas como Madrid me mata y programas de televisión de variedad musical, como La edad de oro y La bola de cristal, y en las instantáneas de Gorka de Dúo o lo retratos embrujantes de Alberto García-Alix. Pero sobre todo fue una sacudida musical que se concentró en un barrio madrileño: Malasaña. En los garitos de este barrio rudo pero céntrico se juntaban poperos, punkis, rockeros y rockabillies a ver y escuchar a grupos como Kaka de Luxe, Nacha Pop, Tos, Loquillo y los Trogloditas, Burning, Los Nikis, Aviador Dro, La Mode o Glutamato Yé-Yé. De aquellos bares legendarios —el King Creole (hoy Freeway), la Sala Rock-Ola, el Cien por Cien, el Malandro— sobreviven unos cuantos, como El Penta (1976) y La Vía Láctea (1979), aunque apenas como sombra de lo que fueron. Hace algunos años abrió también un bar-museo, Madrid Me Mata, con parafernalia de la época, para los más nostálgicos. Y quedará uno que otro fantasma con chupa de cuero, cabello alborotado y rímel dando tumbos por las calles de madrugada.

Izquierda: Vía Láctea

El Penta, Calle de la Palma, 4, Malasaña.
La Vía Láctea, Calle de Velarde, 18, Malasaña.
Madrid Me Mata, Corredera Alta de San Pablo, 31, Malasaña.

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Foto de portada: Diego Berruecos

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