septiembre 25, 2017
El parque elevado de París
Diego Parás

Un paseo para huir de los turistas en la quinta ciudad más visitada del mundo.

París está dividida en 20 distritos. Cada uno tiene algo distinto, eso que lo hace ser único: el 18 tiene el Sacre Coeur, el 7 la Torre Eiffel, el 4 tiene el Pompidou; el 12 tiene el Coulée verte René-Dumont (Castillo verde de René-Dumont en español).

Plantas, fuentes y más plantas. El verano se siente en este estrecho paseo que cruza puentes y túneles a lo largo de todo el distrito. Como si se caminara entre las azoteas de estilo Haussmaniano, típicas de París, un kilómetro del paseo transcurre a diez metros de altura. Por debajo de este kilómetro elevado está el “Viaduc des Arts”, en donde entre arco y arco hay distintos talleres de los 52 artesanos que exponen en estas tiendas. En total, el camino es de 5 kilómetros que siguen el trazo de lo que era una línea ferroviaria que desde 1988 se convirtió en un camino peatonal.

Conforme uno sigue caminando, el parque deja los arcos y vuelve al nivel del suelo. Gente va y viene, caminando o corriendo a la Plaza de la Bastilla -donde comienza el Viaducto de las Artes- o hacia el Bosque de Vincennes, también dentro del distrito 12. Este bosque tiene mucho que ofrecer: el zoológico, lagos e islas, el hipódromo y los infinitos caminos para pasear en medio del bosque a las orillas de la ciudad; perfecto para olvidar que uno está en el área metropolitana más poblada de Europa.

El recorrido, en cada uno de sus miradores y bancas, presta vistas de la ciudad como ningún otro lugar lo puede hacer; una vista elevada pero no lejana. Para los que ya dominan los cuatro lados de la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, es una gran oportunidad para conocer otra cara de París que si bien no es la más frecuentada por los turistas (que muchas veces es una gran ventaja), no pierde en ningún momento la esencia de la ciudad.

Muy al estilo del High Line de Nueva York, este tipo de proyectos buscan hacer habitable un espacio público que de otra manera estaría abandonado o simplemente no existiría, además de tener la función de ser una especie de carretera peatonal que vuelve más sencillo caminar por la misma, incentivando así un estilo de vida cada vez más alejado del automóvil.

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