agosto 15, 2017
Madrid centenario
Esther González Jacques

En Madrid hay más de 128 locales en los que se siguen aplicando los procesos artesanales heredados en otros siglos.

Hay ciudades que te roban el corazón, y que al dejarlas, experimentas una singular sensación de tristeza. Una de ellas es Madrid, ese particular punto del mundo donde todo lo increíble es igual a “una pasada”. En Madrid, los meseros no esperan propinas, los bares abren después de la media noche y debes cuidarte para no ir cuezo (borracho) a tu hotel. Hay que vivir la experiencia de colocarse de pie frente a la barra de cualquier taberna para ordenar una bocata de calamar (y tener a tus pies una alfombra de servilletas usadas). Los Starbucks ofrecen paninis de jamón serrano, no existen los cines administrados por grandes cadenas y los espectadores hablan en voz alta con la película, aconsejándole al personaje principal qué hacer.

¡Ay, Madrid! Cuánto se te extraña… A ti y esas particulares costumbres, como la fila de más de 173 personas (que juro haber contado una por una) en espera de comprar el boleto con el premio mayor en el expendio de Doña Manolita, en la calle del Carmen, casi esquina con Mesoneros Romano. Doña Manuela de Pablo comenzó a vender billetes de lotería en 1904. Dicen que sus boletos han ganado sumas millonarias y por eso, para el Sorteo Extraordinario de Navidad, la línea para entrar a su local es inmensa, la gente espera por horas su turno.

Doña Manolita

Así como el local de Manolita, en el centro de Madrid hay más de 128 establecimientos con una antigüedad centenaria, cuyos productos son un clásico en la vida de quienes aquí habitan. El Ayuntamiento (que los registra en una guía que edita anualmente) los ha reconocido, instalando una placa de metal en cada entrada, para destacar el valor histórico del servicio que ofrecen. Uno de ellos es la Antigua Pastelería del Pozo, ubicada en el número 8 de la calle del Pozo, muy cerca de Puerta del Sol. El establecimiento es famoso por su panadería artesanal, que incluye empanadillas, tartaletas, roscones de reyes y los mejores hojaldres de la ciudad (a decir por los clientes). Abrió en 1830.

Seseña

Seseña es una casa donde confeccionan capas desde 1901. Hay modelos clásicos, tal cual se utilizaban a principios del siglo pasado, pero sus diseños se han modernizado hasta tener capas similares a las chamarras actuales de estilo bomber. Quienes atienden suelen contar que ésta es una de las boutiques favoritas de Hillary Clinton, quien la visita constantemente para comprar nuevos looks. Una capa de corte a la cintura, del catálogo de temporada, llega a tener un costo de 390 euros.

Casa del Abuelo

La Casa del Abuelo es otro negocio familiar que abrió en 1906. La primera sucursal inauguró en la calle Victoria 12. Su vino, tapas y gambas se han hecho tan populares que les ha permitido abrir dos locales más, todos en el centro de Madrid. Aquí preparan su propio vino, receta de la casa que en los años cincuenta perfeccionó Patricio Ruiz, el dueño. Para atraer clientes, en sus primeros años realizaron un concurso de glotones, quien acumulara más órdenes de gambas gabardina (empanizadas) en una semana, ganaba un reloj. Además de las servilletas, el suelo tiene cáscaras de camarón, que barren cada hora.

Tres generaciones han atendido La Violeta, una bombonería que desde 1915 ha estado a cargo de la familia Gil. Antes de abrir este negocio, viajaron por Francia y Bélgica para conseguir las mejores recetas de dulcería. Su producto más famoso, y el que los ha mantenido en la mira de nuevos clientes, es una violeta natural comestible escarchada en azúcar.

Así como existen estos locales históricos, en el centro de Madrid hay muchos sitios centenarios más que ofrecen servicios, que van desde artículos militares, instrumentos, objetos religiosos y cerámica hasta disfraces, ferretería, joyería, relojería, entre otros. Espacios que al visitarlos se convierten en una máquina del tiempo que permite visualizar los procesos artesanales de la España de otros siglos.

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