marzo 3, 2017
La esencia de París en 8 cuadras
Redacción Travesías

En la ribera derecha está la ciudad compleja, urdida con matices y desperfectos, acaso más vibrante por ser más heterogénea

El Sena divide a la ciudad en dos grandes universos. Lo que queda hacia el sur de la curva descendente que toma el río es la ribera izquierda, donde se concentra mayoritariamente el París que resaltan los libros de historia, las guías de viajes y los souvenirs; es el París monumental, refinado, altisonante. No se trata de un París engañoso o desvirtuado, pero sí de uno incompleto. En la ribera derecha está la ciudad compleja, urdida con matices y desperfectos, acaso más vibrante por ser más heterogénea; seductora por su diversidad étnica y su riqueza multicultural.

En el centro-norte de ese magma está el distrito 10, un concentrado de cosmopolitismo, hedonismo y vigor comercial, pero también de las tensiones que flotan en las grandes urbes cuando se encuentran tradición y modernidad. Junto a los distritos 2 y 18, que también están en la ribera derecha, el 10 concentra la mayor cantidad de población extranjera de la capital francesa, alrededor del 20 por ciento.París

Qué pasa por la calle

En términos estrictos, la rue du Faubourg Saint-Denis tiene un kilómetro y medio de extensión, pero lo más rutilante, alborotado y multiétnico se concentra alrededor de las primeras ocho cuadras en sentido norte-sur, desde que la calle toma su nombre. Adentrarse por allí es un viaje contrario a las convenciones: no hay más monumento que un arco colonizado por palomas. No hay museos. No hay sombra de la Torre Eiffel. No hay turistas. El atractivo es su miscelánea vitalidad, su energía de melting pot. Al tiempo que constituye un plácido sector residencial, es una animada zona de comercios con el ambiente de una feria de atracciones y un festival de comidas. Hay que recorrerlo sin mapa, penetrando las transversales, deteniéndose en las terrazas de los cafés, en las fruterías o en las esquinas, como quien planta una cámara y mira el espontáneo guión de la cotidianidad.París

En el aire reverbera el fulgor de los letreros que dicen Carrefour y Franprix y el de los leds fluorescentes que anuncian kebab y carne halal. Pese a la presencia de esos dos supermercados y del restaurante Julien, una brasserie clásica y famosa donde los meseros llevan pajarita y mandil blanco, la primera cuadra tiene una predominancia turca. A ambos lados de la calle se intercalan fruterías coloridas y tiendas de abarrotes que huelen a comino. En las aceras se cruzan rubias delgadas con vestidos de diseñador y mujeres romaníes que piden limosna. Sobre la banqueta, al pie de una escuela primaria, una mujer de unos 60 años, menuda y enérgica, ha levantado con simetría un montículo de ropas, muebles y otros objetos que se notan recuperados de los basureros.

Apenas a una cuadra de distancia, sobre la avenida paralela, a la misma altura de este tramo, en el número 14 del boulevard de Strasbourg, en un edificio con fachada de palacete veneciano, está el teatro Antoine, cuya tarima se precia de haber recibido a autores como Albert Camus y Jean-Paul Sartre y a directores como Peter Brook y Louis Jouvet. Quizá como un reflejo de su sintonía con el barrio, su programación ecléctica se pasea entre la comedia, el drama, la pantomima y el teatro de boulevard.parís

De vuelta a la principal arteria, como quien sale del teatro y va por una copa, el siguiente tramo de la rue du Faubourg Saint-Denis se muestra con una atmósfera más bobo (se pronuncia bobó), contracción de bourgeois-bohème, término que designa un ámbito sociocultural de gente acomodada, urbana, moderna y que vota a la izquierda. El bar-restaurante Chez Jeannette, en el número 47, es el epicentro de ese entorno, y a la vez un indicador del rumbo que ha tomado la zona. Hasta inicios de 2010 el barrio generaba dudas. La mixtura cultural que hoy es un atractivo antes se percibía como la patente de un gueto.

El pasaje Brady, exactamente frente a Chez Jeannette, es una constatación de que por aquí el mundo es multipolar. Son 200 metros de un callejón con cobertizo de vidrio que atraviesa todo un bloque de edificios y desemboca en el boulevard de Strasbourg. El pasaje Brady fue construido a mediados del siglo xix y durante décadas acogió a tiendas de disfraces y ropas de alquiler, hasta que en 1973 un señor Ponnousammy llegó de India y abrió ahí un restaurante. De a poco desaparecieron las tiendas de disfraces y proliferaron los comederos indios y pakistaníes. Hoy el pasaje Brady, una cápsula de teletransportación a otro universo, tiene ocho restaurantes con altares a Shiva, unas cuantas peluquerías adornadas con fotos de divos de Bollywood, un estupendo minimercado con todas las especias conocidas y un penetrante aroma a curry. Dado que a París le gusta parecerse a Nueva York, alguien se apuró a llamarlo Little India.paris

En el medio de todo, imponiéndose por presencia y por historia, lo que con generosidad de barrio suele llamarse institución. Julhès es un pequeño emporio familiar compuesto por un local de sándwiches y ensaladas, uno de pasta fresca y conservas, la mejor panadería-pastelería del sector y una épicerie fine con quesos, embutidos y los más exquisitos licores del mundo. Julhès tiene, además, la primera destilería de París, que abrió en 2015 luego de que una ordenanza las prohibiera hace más de un siglo.

En el número 61, un pequeño arco embadurnado con afiches publicitarios y obras de street art conduce a la cour des Petites-Écuries, una angosta calle empedrada que tiene un cierto aire bucólico. Hay árboles que brindan sombra en las banquetas y farolas que expelen una luz tenue. Su aura de otro tiempo, un legado de cuando en el siglo xviii se encontraba ahí una parte de las caballerizas reales, se funde con el entorno moderno que crean una serie de bares, talleres de creación y oficinas de emprendedores.París

A esta altura de la calle vale la pena otro desvío hacia el Boulevard de Strasbourg, la avenida paralela donde está el teatro Antoine. La parada es otro núcleo del arte, el cine Le Brady, una de esas salas antiguas, pequeñas, con los asientos en paño rojo, los tiquetes de entrada en el papel bicolor de la vieja escuela y una clientela con habitués ilustres como François Truffaut. Inaugurado en 1956, durante más de tres décadas dedicó su programación al cine fantástico y de horror, y luego se abrió a las cinematografías del mundo y dio cabida a los filmes independientes. Cuando se cree que ya todo está perdido, es posible que Le Brady tenga aún programada la película que estábamos buscando.París

Hacia el final del recorrido por estas ocho cuadras de la rue du Faubourg Saint-Denis, por detrás de un parque infantil más bien desangelado, queda la biblioteca municipal más nueva y moderna de la ciudad. Lleva como nombre Françoise Sagan, en honor a la escritora y realizadora francesa que formó parte de la Nouvelle Vague. Lo que alguna vez fuera primero un hospital y luego una prisión, hoy es un mastodonte de cinco plantas, blanco de un blanco mediterráneo y con un jardín interior adornado con palmeras. paris

Así, en ocho cuadras, habremos recorrido más de 200 negocios diversos vinculados a gente de 16 nacionalidades. Con la curiosidad y el apetito debidos, el paseo podrá haber tomado tres horas.

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