junio 9, 2014
Viaje al paraíso
Redacción Travesías

Las Ventanas al Paraíso cumplió 15 años, y los agasajados somos nosotros, los huéspedes.

Qué

El sol no sale ni se pone en el océano, sino sobre las montañas, en dirección a Cabo San Lucas. Esto hace que el efecto óptico del mar, la arena y el cielo sea diferente, que los colores sean más vibrantes y que Las Ventanas al Paraíso más que un hotel sea una especie de vergel: un jardín de estilo californiano con cactus y nopales entre el mar y el desierto.

Este jardín cumplió 15 años y acaba de festejarlo como mejor sabe: invitando y consintiendo huéspedes. Cenas, clases, catas y una fiesta en la playa fueron los eventos de la celebración de cumpleaños. Un recuento de 15 años —mucho tiempo para la industria hotelera— que se resumió en cuatro días y abarcó sus tres fuertes: el lugar, la gastronomía y el servicio. Porque si sobrevivió al paso del tiempo, de las tendencias de viajes y a los gustos de los viajeros, es porque ha cuidado cada detalle para que la estadía allí sea única, paradisiaca, de un auténtico cinco estrellas. Sin exagerar.

Cómo

Allí la vida pasa a otro ritmo (y no sólo porque la mayoría de los huéspedes son estadounidenses y tienen horarios distintos). Amanece muy temprano, y aunque suene a cliché “aprovechar el día”, aquí adquiere más valor que nunca. Con playa, alberca, sol y un desayuno esperando, levantarse a las siete tiene sentido.

Una vez en el restaurante, después de una caminata por la playa, listo para desayunar, se puede elegir entre siete smoothies diferentes, todos muy energéticos y sanos, y luego pasar a los platos fuertes, sin saltarse el pan. El chef Fabrice es un francés que, además de carismático y talentoso, se preocupa porque los croissants y los chocolatines sepan como en Francia. Puedo confirmar que lo logra.

La preocupación siguiente es resolver a cuál de las siete albercas ir o quedarse en el jacuzzi de la habitación. No es fácil, pero hay que probar todas. Para quienes no se quieren sentir solos, la alberca principal, entre los restaurantes, es perfecta. Los que quieren más privacidad, pueden elegir entre dos algo más alejadas de la playa. Y, los que preferimos la calma, optamos por la de “Sólo adultos”, donde no hay gritos ni zambullidas, sólo hay sol, cocteles y la vista del mar.

Otra de las disyuntivas es si playa o alberca. Como el mar es algo complejo en esta zona, hay que aventurarse con la conciencia de que se puede tener algún revolcón por las olas. Pero en días tranquilos, uno puede nadar por ese mar azul tan profundo que parece de escenografía.

¿Más dilemas? ¿Cenar en The Restaurant o en el Sea Grill? El primero, es el restaurante para desayunos y cenas. Frente a la alberca principal, con un carta más formal para la noche. El Sea Grill es más informal, y sus ceviches (hay que probar el de lubina estilo Las Ventanas), su ensalada de tomate heirloom y tacos de camarón son los más frescos y deliciosos que he probado. Así que si uno se queda varios días, puede optar por uno o por otro indistintamente, no hay pierde.

¿Salir o no salir? San Lucas tiene fiesta y tiendas, y sí, una atmósfera de springbreakers. San José tiene más opciones para comer, una callecita con galerías de arte y alguno que otro hot spot, como Flora Farm (un restaurante con tienda orgánica que hace que el viaje hasta las afueras de San José valga la pena). También hay campos de golf para todos los estilos y complejidades, y otros hoteles para ir a comer, cenar o tomar un tratamiento de spa. Ahora, una vez que estás allí, en Las Ventanas, no dan muchas ganas de salir de la rutina de playa-alberca-restaurantes-playa-alberca-spa-restaurantes. Si tienes todo ahí para pasarla bien, o para ser feliz “no haciendo nada” para qué salir. Pero bueno, todo depende de los gustos de cada quien.

Por qué

La última duda ¿por cuántos años más seguirá Las Ventanas al Paraíso tratándonos como reyes? Ojalá que muchos. Porque al final, la playa y el mar son un marco perfecto, la cocina es una maravilla, las habitaciones, el spa y las áreas comunes también, pero lo mejor que tiene este hotel, es su gente. El mejor servicio, el más atento y anticipado. Muchos de los empleados llevan 15 años trabajando allí. Eso es lo que hace que Las Ventanas sea un hotel diferente en Los Cabos, que la gente vuelva una y otra vez y que haya cumplido 15 años con aplausos, brindis y muchos huéspedes satisfechos.

El top 5 de los detalles

Todos los hoteles dan costureros como amenity. Pero Las Ventanas le da al huésped uno personalizado según los colores que predominan en su guardarropas.

Muchos resorts organizan cenas románticas en la playa bajo la luna. Aquí, además, organizan noches bajo las estrellas: arman una cama con velas y otros mimos en la terraza de la habitación para dormir al fresco.

Antes de dejar el hotel, en el último desayuno te traen a la mesa un platito de frutas y almendras bañadas en chocolate y una leyenda de “Buen viaje” escrita en chocolate.

En cada cuarto, al huésped lo recibe una botella de tequila Clase Azul y varios ingredientes, así como una explicación de cómo tomarlo y combinarlo con el limón, chocolate, almendras o sales.

Cada noche, como parte de la “cortesía nocturna”, la camarista deja en la habitación una de las esencias que el huésped elige de un menú de cinco diferentes. Vale la pena probarlas todas.

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