junio 12, 2017
La ciudad que soñó Le Corbusier
Pablo Zulaica

Chandigarh, en India, se planeó hace 50 años con un diseño de Le Corbusier.

“¿Pero cómo que Chandigarh no es India?”, dice, contrariado, un periodista extranjero afincado en Nueva Delhi. Es, sí, un lugar común, pero es también un punto de partida. “Se dice lo mismo de Mumbai, pero este país tiene muchas caras, no sólo la que algunos creen”.

En India, ante su complejidad, es tentador buscar la síntesis: cierta manera de ser, de hablar, de construir o de hacer ver que algo les resulta ajeno. Estructuras seculares como la casta o el alcance de la vida familiar marcan una rutina que es mayoritariamente hindú, pero lo que articula el territorio se debe en parte a la herencia británica: el inglés como lengua franca, una burocracia endemoniada, educación reglada o la trama ferroviaria. Sin embargo, con tantas religiones, razas, comidas, y tanta gente, también, India es irreductible. Cada vez que hay tensión entre grupos religiosos, por ejemplo, el Gobierno se esmera en una tenaz defensa de su multiculturalidad. En otras palabras: que hay muchas formas de ser indio.

Pero el campo indio, reseco y esquilmado, exporta hombres a suburbios emergentes o a simples tramos de acera, y las urbes abigarradas que viven entre lo mucho y lo excesivo sí son una constante. Si la vara de medir es ésa, Chandigarh, con su orden, arbolado y avenidas paralelas no resulta tan nativa. Fue planeada ya en los años 50, a cuatro horas al norte de Nueva Delhi. En nombre de un futuro próspero, la cuadrícula y unas ideas exóticas propondrían un nuevo orden. Sin embargo, muchos indios aún no lo ven tan claro y su vigencia sigue siendo tema de debate.

Una ciudad científica

Cuando, en 1947, India y Pakistán se independizaron del Reino Unido, la densa provincia del Punjab tuvo una partición sangrienta. Su capital, Lahore, quedó en Pakistán, y el Gobierno indio de Jawaharlal Nehru acudió al franco-suizo Le Corbusier para crear la suya, quien tradujo a espacio, luz y zonas verdes su sueño de democracia, modernidad y transparencia. Cuando una capital nace por decreto la duda es siempre sobre su habitabilidad.

Y hoy, seis décadas después, Chandigarh da respuestas.

La ciudad consiste en núcleos de vida, unos 50 de 1 200 metros de largo, replicados una vez tras otra frente a los montes Shivalik, la antesala del Himalaya. Tiene otro urbanismo, otra atmósfera, y a eso se refieren quienes la sacan del país. Hay banquetas y parques de forma regular y casi no hay basura, algo que sorprende en el entorno. Hasta los coches, sin atascos, allá tocan menos claxon. Le Corbusier llegó a pensar que la idea de una ciudad humana podía volverse literal y adscribió a cada zona del plano una función vital.

En 2016, el área institucional —la cabeza— fue inscrita junto con otras obras del arquitecto en la lista de la UNESCO. Entonces, Deepika Gandhi, directora del Centro Le Corbusier, lamentaba en una entrevista la etiqueta de ciudad no india, alegó incomprensión de los indios hacia el franco-suizo y destacó que el “sueño de modernidad” había sido local, del propio Nehru. Junto a ella se citaba al profesor Sohan Lal Saharan. A sus alumnos les decía que los tres edificios premiados, levantados con cemento expuesto y vidrio, condensaron ya la arquitectura global del último tercio de siglo.

Sin embargo, la ciudad fue pensada para 250 mil personas y se ha sextuplicado. Sus dos centrales de autobuses recibieron en su día elogios. Pero uno ve el problema cuando en el boleto lee: “La empresa no responde por daños a pasajeros que viajen en el descansillo, ni colgados por fuera”.

“Hubo cosas que no funcionaron”, dice Siddarth Agarwal, estudiante en la Facultad de Arquitectura. “Él diseñó de acuerdo con lo que vio en India, a su percepción. La explanada de las instituciones se pensó abierta, símbolo de transparencia, pero por seguridad, debido a la guerra, fue vetada hasta hace poco”. Ese espacio, cuenta, iba a ser un chowk (mercado), pero, hecho a base de concreto; atravesarlo hoy parece a una cegadora travesía en el desierto. Al lado, en el edificio administrativo, cada burócrata ha colonizado su cubículo, al punto de adosarle aparatos de aire acondicionado o tapiar su balcón. ¿Sacrilegio? Esto no son los Alpes. La tórrida cuenca del Ganges recibe los vientos ardientes del sur y se vuelve una olla a los pies del Himalaya.

En cambio, el sector 17 —el corazón— es el ágora de Chandigarh, el centro de la vida social. Hay librerías, restaurantes y ¡bancos para sentarse! Y otra vez, letreros de abogados o de importadores cuelgan de oficinas sin ningún pudor ni estética.

Chandigarh, ¿ciudad plural?

Raghnav Kumar, otro estudiante, cuenta que el plan original consideró 14 estratos de empleados según su economía. “Pero en general se pensó para bajos costos, puedes ver ladrillo expuesto”. Hoy, la ciudad se ha salido del distrito federal que es y ha entrado en el Punjab, al sur, y en Haryana, al este, ambos con normativa más laxa. La ciudad humana se asfixiaba. ¿Y el éxodo del campo?, quiero saber. “Los materiales cambian a partir del sector 22”, dice Namratha Nath, su compañera. “Pero no todos encajan en los estándares de pobreza. Un pobre de aquí puede ser clase media en Delhi”.

Se respira orgullo en Chandigarh. Pero para Nath— que viene de la congestionada Dibrugarh, cerca de la frontera birmana—, quien viene de otras ciudades y sabe desenvolverse en ellas no se queda en Chandigarh. Ella tampoco cuando acabe su carrera. “Debería contemplarse a la clase trabajadora de sectores informales”, dice el estudiante Agarwal. “Son los que dan el carácter indio a las ciudades”. Todos concuerdan y proponen Gandhinagar, la nueva capital del estado de Gujarat: “Se hizo con estos mismos principios, pero tuvo en cuenta un contexto indio”.

Para recorrer Chandigarh

El Parlamento: obra del arquitecto suizo Le Corbusier. Abarca los edificios de la Asamblea,
el Secretariado y el Palacio de Justicia.

Monumento a la Mano Abierta: pieza de Le Corbusier que gira con dirección del viento y que revela a los viajeros que la ciudad está abierta a recibir a quien la visita.

El Valle del Ocio: zona considerada como el pulmón de la ciudad, un parque lineal que la atraviesa. En ella hay teatros al aire libre y diversos monumentos.

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