noviembre 7, 2019
Promesas escritas en concreto: una breve historia del brutalismo
Diego Ávila

Tras la Segunda Guerra Mundial, el brutalismo surgió como un estilo que reflejaba vanguardia y utopía

El brutalismo fue uno de los estilos arquitectónicos más famosos durante el siglo XX. Tras haber estado en boga en los años 50 y 60, cayó rápidamente en desuso y adquirió mala fama debido a que para muchos representa la decadencia urbana. No obstante esto, actualmente ha recuperado popularidad y las edificaciones que dejó esta tendencia se han convertido en verdaderos máquinas del tiempo que subsisten en la complejidad de estos tiempos.

Este tipo de arquitectura se caracteriza por el uso del concreto aparente, y por regirse por formas geométricas, rígidas y simples. Estos elementos les permiten a algunas  construcciones tener una apariencia masiva y monolítica que recuerda a los bloques. De hecho la palabra brutalismo proviene del nombre que recibe el concreto en francés: béton brut; término fue acuñado por el británico Reyner Banham.

Le Corbusier: el iniciador

Tras la Segunda Guerra Mundial, había una gran necesidad en Europa por reconstruir viviendas a gran escala. En honor a esto, el famoso arquitecto Le Corbusier inició la construcción de su Unité d’Habitation de Marsella. El complejo, con pocos adornos, fue hecho esencialmente de concreto y se terminó en 1952. Desde los primeros años marcó un parteaguas en la arquitectura moderna.

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Unité d’habitation de Marsella, el iniciador del brutalismo en el mundo.

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Robin Hood Gardens en Londres, un proyecto de Alison y Peter Smithson.

L’Unité marcó el inicio del brutalismo. Además, gracias a esta construcción, Le Corbusier al concreto este material más popular entre los arquitectos de todo el mundo. A partir de entonces, los grandes complejos habitacionales se construyeron siguiendo su línea. En Inglaterra, el estilo fue adoptado por Alison y Peter Smithson, que a su vez vieron en las losas de hormigón pre-fabricado una manera de crear la vivienda ideal.

Promesas de concreto: la arquitectura de la posguerra

Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques principales: el socialista y el capitalista. La  pugna entre estos dos modelos sociales fomentó un nuevo estilo de gobierno: el del Estado benefactor. El brutalismo fue entonces abrazado por muchos países para levantar grandes proyectos de vivienda, edificios educacionales y sedes gubernamentales.

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Teatro Nacional de Londres

El Brutalismo era visto como la representación de muchos principios éticos como la igualdad y la justicia. Sus construcciones tenían un ritmo singular, eran primitivas y masivas y  también escultóricas y poéticas. Los proyectos de vivienda social, por ejemplo, reflejaban un ideal de vida casi utópico que incluía departamentos, tiendas y áreas de esparcimiento como jardines y piscinas. Se llegó a decir que las torres de departamentos eran como calles en el cielo. En palabras del crítico Michael Lewis, eran “la expresión vernácula del Estado de bienestar.”

Fotografía: Scott Davenport

De la poética al horror

Con el paso del tiempo muchos de los proyectos habitacionales construidos bajo la influencia del brutalismo empezaron a decaer. El hormigón de los edificios brutalistas se deterioró y las altas torres de concreto, en muchas ocasiones, se convirtieron en polos de pobreza e inseguridad. Muchas de las antiguas construcciones  fueron catalogadas como feas o anticuadas y se volvieron sinónimo de decadencia. Se llegó a decir que un solo edificio brutalista podía arruinar la armonía de todo un paisaje urbano.

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Demolición del complejo Robin Hood Gardens en 2017.

Sin embargo, el estilo siguió siendo popular en los países del bloque soviético. Por esta razón es que el brutalismo empezó a asociarse con la URSS, y aún hoy en día esta rama del modernismo se asocia con los países de Europa del este.

En los último años ha habido una reapreciación del brutalismo. Nuevos libros como el Atlas of Brutalist Architecture y guías turísticas especializadas en el patrimonio brutalista han generado un nuevo interés por el estilo que hasta hace no pocos años era catalogado como inhumano y hostil. Aunque muchos complejos empezaron a ser demolidos, grandes edificaciones como el Teatro Nacional de Londres sobreviven hoy en día como muestras de la energía y la fuerza que caracterizó a la Posguerra.

México en concreto

La popularidad de este estilo se extendió rápidamente por todo el mundo y fue rápidamente adoptado en América Latina. En México este estilo permitió mezclar las líneas de las culturas prehispánicas con la geometría internacional y varios de los edificios más importantes de la época fueron construidos siguiendo esta estética.

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Escuela de Danza Folklórica en la Ciudad de México. Diseño de Agustín Hernández.

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Torre en Paseo de las Palmas 555. Ciudad de México. Diseño de Juan Sordo Madaleno.

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Taller de Agustín Hernández. Ciudad de México.

Sede de El Colegio de México. Diseño de Abraham Zabludovsky y Teodoro González de León.

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