El inusitado (y lejano) origen de los chiles en nogada
septiembre 10, 2018
El inusitado (y lejano) origen de los chiles en nogada
Frida Méndez

El misterioso y controvertido origen de uno de los platos más icónicos de nuestra gastronomía.

Verde, blanco y rojo son los colores de septiembre, y también de  los chiles en nogada; ese platillo típico sin el cual las fiestas nacionales no serían lo mismo, no sabrían igual. Por su receta, sus ingredientes y su sabor, este plato se ha vuelto icónico; un símbolo precioso que con su sola existencia puede explicar todo lo que es la comida mexicana.

Sin embargo, su nacimiento es un misterio. De hecho, existen varias versiones acerca de su origen. Quizá la más famosa es una leyenda que sugiere que la primera vez que los hicieron fue en un convento poblano en 1821. Las monjas franciscanas que vivían ahí lo prepararon especialmente para alegrar el paladar del General Iturbide durante la celebración de  la Independencia.

Hay otras teorías mucho más estrafalarias, como que los chiles fueron idea de un grupo de novias que buscaban conquistar a los soldados hambrientos que visitaban su pueblo. No obstante, este relato no tiene tantos seguidores, quizá porque es un poco disperso. Pero además de esas hipótesis, algunos historiadores (los más osados) aseveran que el guiso no es del país.

Esta versión nació del estudio minucioso que se hizo a propósito de las influencias culinarias que llegaron a México en los siglos pasado. De entre todas las recetas antiguas que se hallaron se encontró un platillo en España que pudo haber sido la fuente de inspiración para la creación del famoso chile en nogada.

Este plato, de origen judío y con gran popularidad en las regiones de Valencia y Alicante, es conocido como bajoques farcides y sus ingredientes son esencialmente: pimiento y arroz.

Si bien este no es un platillo exactamente igual, ni cuenta con la misma popularidad o complejidad del chile en nogada, es posible creer que su preparación, en algunos recintos religiosos del siglo XIX, pudo haber sido reinterpretado según el chef y que en una de esas reinserciones pudo haber nacido el palto que hoy es insignia de las fiestas patrias del país, ¿será? Lo que sí es una certeza es que estos chiles ibéricos, de origen sefardí, son una prueba de que gran parte de la gastronomía mexicana es una mezcla deliciosa entre los sabores españoles y prehispánicos.

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