septiembre 26, 2017
Larga vida a Colette
Loyda Muñoz

En la calle Saint Honoré (París, Francia), en el número 213 existe un recinto único. Aquí se crean las tendencias, aquí converge el diseño con la moda, la cultura con lo pop y lo cool se vuelve cool en sus vitrinas. Se trata de Colette, una concept store parisina que, desde su apertura en 1997, revolucionó la industria.

Sin embargo, en un comunicado oficial, Colette Roussaux (fundadora) y Sarah Andelman (su hija, quién ha estado al frente desde hace algunos años), han anunciado su cierre en diciembre de este año. “Como todas las cosas buenas llegan a su fin, después de 20 maravillosos años, Colette cerrará sus puertas al final del año. Colette Roussaux desea tomarse un tiempo libre y Colette no puede existir sin Colette”, se leía en el comunicado.

No se trata de un simple cierre, sino del fin de una era. Colette abrió sus puertas a diseñadores revolucionarios, cambió el concepto de “bar” con su Water Bar, reunió el lujo con lo urbano y, con el paso del tiempo, se volvió un punto de encuentro para los amantes de la moda, del diseño, de la literatura y el arte. Este es el sitio obligado en París para editoras de moda, influencers o quién sea que desee conocer qué está de moda.

Siempre supo cómo sorprendernos con firmas de libros únicos, colaboraciones con marcas como Ikea, Chanel, Louis Vuitton o H&M, íntimos conciertos y exclusivas colecciones cápsula que develaban una comprensión única de las formas que esta disciplina podía tomar. Por ejemplo, la colección con Balenciaga en 2017 que replicaba la propaganda de las campañas políticas, en específico, la de Bernie Sanders en EE.UU, con encendedores, playeras y gorras, o bien, la colaboración con McDonald’s —¿quién lo esperaría?— en 2015 con prendas y accesorios estampados con papas fritas y el logo en rojo con amarillo.

Colette abrió sus puertas hace 20 años en medio de una fiebre por las concept stores alrededor del mundo. Dentro de esa generación está también 10 Corso Como. Fundada en Milán en 1990 por una leyenda en el mundo editorial, Carla Sozzani, se ha expandido por Seoul, Pekín y Shanghai, Londres, Tokyo y Nueva York. No obstante, Colette se ha mantenido con una sola sede —justo arriba viven Andelman y Rosseaux— y como la más relevante porque en este lugar debutaron algunos de los más grandes exponentes de la moda actual.

Su estatus de inigualable no se debe a la intuición y nada más, sino que es un reflejo de quiénes son Roussaux y Andelman. Madre e hija son reconocidas en la industria por tener una visión particular acerca de la estética, del desarrollo de la moda y de la constante evolución. Esa ideología se refleja en este sitio. Aquí no venden ropa, Karl Lagerfeld lo ha descrito mejor que nadie, “compro todo ahí. Es la única tienda a la que voy porque tiene artículos que en ningún lugar están. Han inventado una fórmula que no se puede copiar fácilmente, sólo hay un Colette”. Y no se equivoca, en un mismo lugar dialogan objetos de nicho, souvernirs, productos editoriales y más.

Andelman ha apostado por lo disruptivo. Es gracias a ella que las colecciones de diseñadores vitales para comprender la moda hoy, como Jeremy Scott, Mary Katrantzou, Christopher Kane, Rodarte, Proenza Schouler o Raf Simons, entre otros, han tenido un espacio en la boutique, aún antes de ser las leyendas que son ahora. Grace Coddington tuvo una firma de su libro Grace en Colette. Colombia tuvo su propio espacio de la mano de grandes exponentes de la cultura del país como Esteban Cortázar, un diseñador de moda que ha tenido gran éxito a nivel internacional. Y el listado de momentos hitos podría seguir.

No existe una receta para el éxito, la genialidad de Colette radica en la espontaneidad y lo genuino. En una entrevista para The New York Times, Roussaux afirmaba que “si queremos pintar de verde o azul la tienda, lo hablamos por un par de minutos y lo hacemos. Creo que ese es el secreto: trabajo y espontaneidad”. Sin duda eso hizo que esta tienda fuera no sólo un lugar que fusiona marcas de lujo con marcas de streetwear (Off White o Vetements, por mencionar algunas), sino una especie de predictora de lo que, en un par de meses, sería tendencia en las calles.

Ahora, ambas quieren pasar la página. Se va la tienda física y con ella, el e-commerce. Han anunciado que las colaboraciones que tienen planeadas hasta fin de año se mantienen en pie, quizás las últimas oportunidades para tener algo de la unicidad de Colette. Aún así, los amantes de la tienda tienen esperanza, ya que Saint Laurent podría ocupar los 2 mil 500 metros cuadrados del recinto. Después de un altercado en 2013, cuando Hedi Slimane era el director creativo y decidieron eliminar “Yves” del nombre de la marca, en febrero de este año se reconciliaron con una vitrina especial dedicada a la colección debut de Anthony Vaccarello.

De igual forma, será difícil ver el 213 de la Rue Honoré cerrado, no esperar con ansias el nombre del siguiente gran colaborador o ver una vitrina nueva cada domingo. Aunque, habrá que esperar y ver qué es lo que Colette y Sarah planean para el futuro. Larga vida a Colette, a ambas, aunque una se vaya y deje un vacío en París.