México

Veracruz: un diario fotográfico

En 2011, Enrique Medina pasó un verano en Catemaco y la región de Los Tuxtlas. Estas fotografías son un recuerdo de aquella temporada (llena de aventura y escapadas de fin de semana).

Por Enrique Medina
agosto 2021

Guías de México
en Travesías

Enrique Medina siempre ha creído que Veracruz está subestimado y no recibe la atención turística que merece. Desde niño, Medina ha desarrollado una relación muy cercana con este destino y sus diferentes ciudades, pueblos y playas, en particular la región de Los Tuxtlas y Catemaco. Las siguientes fotografías son un registro de sus vivencias en aquella zona durante junio y julio de 2011; mientras que el texto es un extracto de su blog de viajes, que se puede leer completo aquí.

Nadie da un varo por Veracruz, en el sentido más general de la idea. Yo pienso que la principal razón es porque cuando alguien escucha la palabra, inmediatamente piensa en los Tiburones Rojos (su equipo de fútbol que dejó las glorias en el pasado) y en el insípido puerto.

Pero a mí la vida me ha enseñado que hay mucho más. Primero porque durante toda mi infancia, mi familia materna, llena de primos, nos acostumbró a ir a Costa Esmeralda una o dos veces al año, pero también porque una esperanza que nunca se convirtió en cortometraje me presentó Catemaco y la región de Los Tuxtlas.

Eventualmente torcí un poco la suerte para vivir ahí durante el verano del 2011. Hice mi servicio social con una ONG que trabajaba de la mano con la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas.

Tomé fotos de varios proyectos e hice algunos videos, pero la suerte más grande era trabajar con gente que conocía la región a la perfección y que me sugerían a dónde ir, qué rutas tomar o qué cuidados tener.

Por dos meses, sentí que “vivía ahí”, en Catemaco; saludaba a los vecinos que eran dueños de la panadería que vendía piezas de pan dulce a dos pesos y al don de los tacos que me invitó a jugar un partido con su equipo de fútbol amateur.

Salía seguido a correr sin playera y volvía empapado en sudor; compré una hamaca por cien pesos y la colgué en mi balcón para que alguien se la llevara en la primera noche.

Junto con algunos compañeros de universidad renté una casa cerca del centro y pagué un poco más del costo dividido para quedarme con el cuarto que tenia espacio para cuatro. Porque yo estaba seguro, y así fue, de que siempre iba a tener amigos de visita. Durante esos dos meses no extrañé nada ni a nadie.

Afortunadamente, tenía coche y podía ir todas las tardes y todos los fines de semana a lugares distintos que me hacían sentir como un guía, aventurero y explorador; libre.

Descubrirlos siempre en búsqueda de un puente, roca o plataforma más alta para un nuevo brinco contra toda la voluntad de mi mamá, que fue lo único que me pidió cuando me fui: “no estés brincando de lugares altos a lo tonto”. Nunca fue a lo tonto.

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Enrique Medina dirige fotografía en diversos proyectos audiovisuales, siempre en busca de nuevos y distintos retos y oportunidades. Le gusta crear imágenes, retratar el mundo, viajes, pasiones, familia y amigos como los ve a través del lente de una cámara.


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