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Patrimonios naturales de México: Reserva de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar

Al norte de Sonora, la inesperada combinación de un desierto de dunas, cráteres volcánicos, y la humedad del delta del río Colorado, han generado uno de los ecosistemas más diversos de toda América.

Por Diego Ávila
mayo 2021

Guías de México
en Travesías

Con una extensión de poco más 710 mil hectáreas, la Reserva de la Biósfera de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar es uno de los cinco sitios en México declarados como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Alberga una extraordinaria combinación de cráteres, escudos volcánicos y dunas de arena que alcanzan los 200 metros de altura y, por si fuera poco, este desierto en apariencia inhóspito es una de las regiones más biodiversas de todo el país. 

El desierto de El Pinacate durante la floración. Foto: SEMARNAT.

El Pinacate y el Gran Desierto de Altar

Reserva de la Biosfera de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar
Ubicación: Sonora
Fecha de inscripción: 2013
Categoría: Bien natural

Historia

Existen cuatro grandes desiertos en América del Norte: el de Chihuahua, el de Sonora, el de Mojave y el de la Gran Cuencia; y aunque el primero es el más grande, el sonorense es el más biodiverso de todos. Este ecosistema se extiende desde la bahía de Guaymas en el sur y hasta Phoenix, Arizona, en el norte; pero además resguarda una de las principales reservas de la biosfera que existen en todo el continente: El Pinacate y el Gran Desierto de Altar.

Una improbable combinación de diversos fenómenos vulcanológicos y geológicos acontecidos hace varios miles de años al norte del golfo de California generó un paisaje único en su tipo. Mientras que los sedimentos del río Colorado (que desemboca justo en el golfo) fueron esculpiendo poco a poco las dunas del desierto de Altar, las sucesivas erupciones volcánicas engendraron una serie de cráteres y un panorama recubierto por ceniza y piedras volcánicas. 

Grandes extensiones se encuentran cubiertas por piedras volcánicas y ceniza, testigos de las erupciones volcánicas que han tenido lugar en la región. Foto: SEMARNAT.

Esta zona del desierto sonorense ha sido habitada por diversos pueblos indígenas. En la actualidad, sus principales habitantes son los tohono o’odham (también conocidos como pápagos).

Si bien en un inicio se solía asociar la biodiversidad a la exuberancia de los bosques tropicales y las selvas, poco a poco la riqueza natural de la combinación de dunas, humedad y piedra volcánica se hizo evidente. La zona fue nombrada como reserva de la biosfera por interés público en junio de 1993 y, 20 años más tarde, fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad.

A lo largo de la historia, esta zona ha estado poblada por diversos pueblos indígenas. Desde tiempos prehispánicos, los areneños y los pimas han sido los principales pobladores de la zona norte de Sonora y del Gran Desierto de Altar. Otra cultura de la zona son los tohono o’odham (también conocidos como pápagos), famosos por sus trabajos de cestería. 

Fotografía de una mujer del pueblo de los tohono o’odham.

Qué ver

La idea común de que los desiertos son lugares desolados e inhóspitos es totalmente errónea y queda desmentida aquí. El de Sonora es considerado como el desierto más biodiverso del mundo y, dentro de él, la extraordinaria combinación de dunas y cráteres de la Reserva de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar ha creado una gran diversidad de hábitats que albergan a más de 540 especies de plantas, 200 de aves, 44 de mamíferos, 40 de reptiles e incluso dos de peces que son endémicos. 

Más de 560 especies de plantas crecen y florecen en la reserva. Foto: SEMARNAT.

La Reserva ocupa un área de 714,566 hectáreas (más otras 354,871 de amortiguamiento), así que no es exagerado decir que es prácticamente inabarcable. Sin embargo, la mejor manera de aproximarse a ella es comenzar por el museo y centro de visitantes Schuk Toak. Su sala audiovisual enseña a los visitantes sobre los paisajes y formaciones que verán en su recorrido, y también sobre las especies que habitan en ellos. Además, desde el museo parten tres senderos que se pueden recorrer a pie, y que ofrecen una experiencia directa con el desierto. De entre ellos, el más popular es, sin duda alguna, el que conduce a las dunas: una ruta de 5 kilómetros que permiteterminar frente a un mar de arena de 5,000 km2. 

Las dunas del Gran Desierto de Altar varían constantemente debido al viento y pueden alcanzar hasta 200 metros de altura. Foto: SEMARNAT.

El Gran Desierto de Altar es el hogar de las dunas activas más extensas de toda América del Norte. Foto: SEMARNAT.

Por el otro lado, la Reserva alberga asimismo la concentración más alta de cráteres volcánicos tipo ‘maar’ en toda América del Norte. La ruta escénica de los cráteres mide 80 km y únicamente se puede recorrer en automóvil. La duración del trayecto es de aproximadamente 3 horas, y el Elegante y el Cerro Colorado son los dos cráteres más populares. El primero es el más grande de toda la Reserva (tiene un diámetro de 1.6 km y una profundidad de 244 metros), y el segundo resalta por su color rojizo. 

Aunque los cráteres son lo más impresionante, hay que poner atención en el paisaje para percatarse que prácticamente todo se encuentra cubierto con ceniza volcánica. Además también se pueden apreciar los antiguos flujos de lava, y mención aparte merece la vegetación y los enormes sahuaros que crecen en el aparente inhóspito terreno. 

Los sahuaros son endémicos del desierto de Sonora, y de entre todas las especies de catactáceas, son las que alcanzan mayor altura.

Cuándo ir

Durante el verano, el termómetro llega a alcanzar hasta los 50 grados centígrados, así que lo mejor es visitar la Reserva entre octubre y abril, cuando la temperatura es menor. Además, es importante llevar algo abrigador, pues durante la noche las temperaturas pueden bajar drásticamente. 

Cómo llegar

Es importante tener en cuenta que la Reserva de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar tiene dos accesos, ambos sobre la carretera Puerto Peñasco-Sonoyta. El primero, en el Km. 72, es el del museo Schuk Toak y el centro de visitantes a las dunas, mientras que el segundo, en el Km. 52, es el de la estación biológica que sirve como puerta de entrada a la ruta de los cráteres. 

Para llegar, es indispensable hacerlo en automóvil. Lo mejor es rentar uno ya sea en Mexicali o en Puerto Peñasco, o si el plan es más extenso, incluso se puede organizar un road trip desde Tijuana (pasando por la Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California y el golfo de Santa Clara), o de Hermosillo (una oportunidad para visitar las misiones de Magdalena de Kino y Caborca). Además, prácticamente todos los resorts de Puerto Peñasco ofrecen tours y diversos paquetes con transporte a la Reserva. 

Puerto Peñasco, Sonora. Foto: Ron Reiring.

Dónde dormir

Aunque es posible manejar desde Mexicali, la mejor opción para visitar la reserva de El Pinacate es pasar la noche en Puerto Peñasco. Esta población se localiza a sólo 30 km de la entrada del centro de visitantes Schuk Toak y, al ser el principal destino de playa de Sonora, ofrece una amplia gama de hoteles, desde grandes resorts, hasta condominios y bungalows. Pernoctar en Puerto Peñasco ofrece además la oportunidad de complementar la visita a los cráteres y las dunas de la reserva, con un día de playa frente al Mar de Cortés. 

Horarios de acceso

Estación Biológica (cráteres): 8 am – 5 pm (3:30 último acceso)
Museo Schuk Toak: 9 am – 5 pm
Senderos en el desierto de Altar desde el museo Schuk Toak: 9 am – 2 pm

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¿Sabías que…?

La palabra ‘pinacate’ proviene del nahuatl ‘pinacatl’. Este termino se usa para nombrar a un pequeño escarabajo negro que habita en la reserva y en otros lugares húmedos.


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