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Impresiones locales: una ciudad es las infinitas maneras de habitarla

Mientras la Ciudad de México va retomando el ritmo de a poco, cuatro colaboradores nos comparten sus vivencias pandémicas desde distintos ángulos.

Por Diego del Valle
julio 2021

Guías de México
en Travesías

La Ciudad de México es un palimpsesto de millones de recorridos que desbordan el tiempo y nos recuerdan las infinitas posibilidades de habitar este espacio. Durante el transcurso de la pandemia, esas posibilidades de habitar se han visto trastocadas por la cuarentena, en tensión con realidades de desigualdad, precariedad y violencia inherentes a las metrópolis administradas por el neoliberalismo global: se nos ha presionado para retomar el ritmo del capitalismo por el bien de la economía nacional a cambio de ir olvidando la vulnerabilidad y fragilidad que el virus expuso en muchas dimensiones de la vida.

Foto: cortesía kurimanzutto.

Dentro del campo de las artes visuales, la incertidumbre que acompaña a la pandemia nos ha traído una crisis económica resultado de recortes presupuestales a instituciones públicas dedicadas a la cultura, la contracción y reubicación más específica del capital privado y la aún pendiente búsqueda política por la organización gremial para la defensa de los derechos laborales. Sin embargo, los recorridos del habitar que accionan las prácticas artísticas en esta ciudad se reconfiguraron inevitablemente, trazando desvíos, reagrupaciones, exploraciones y búsquedas dentro de una economía afectiva que inauguran posibilidades aún por revelarse.

Foto: cortesía kurimanzutto.

Ante las continuas fallas de la Secretaría de Cultura, nos encontramos redimensionando las relaciones ecosistémicas entre instituciones privadas y trabajadores culturales, lo que se refleja en la importancia de apoyos como los que entrega el Patronato de Arte Contemporáneo (PAC), por mencionar un importante ejemplo. Asimismo, las ferias de arte, como Material Art Fair, FAIN y Salón Acme, comienzan a cuestionar su dependencia con Zona Maco como centro del mercado, algo que también se refleja en las redes de galerías para compartir a sus coleccionistas y sostener sus economías, tal cual sucede con Casa Versalles, donde participan galerías locales como kurimanzutto, Gaga, OMR, Labor, Proyectos Monclova, Pequod Co., Galería Agustina Ferreyra, entre otras.

Foto: cortesía nohacernada.org

Los espacios y agentes del campo de las artes visuales que se desempañan desde los espacios emergentes han ido encontrando maneras de sostener el trabajo cultural, para que no sólo sea redituable económicamente, de acuerdo con necesidades específicas, sino para recuperar la sociabilidad que el último año limitó de forma drástica. Hay ganas de reencontrarse y apoyarse. Espacios abrieron, cerraron y mutaron, tratando de conservar un pulso de contacto, diálogo y reconocimiento que ha permitido mantener un intercambio y movimiento de las obras e ideas que se produjeron a lo largo de la cuarentena.

Foto: cortesía nohacernada.org

Podríamos decir que hoy el sistema del arte de la Ciudad de México explora una primera dimensión, de acuerdo con los recursos disponibles, de lo que pueden ser las redes de apoyo mutuo en este contexto. Dichas redes se suscitan a partir de la posibilidad de materializar búsquedas conjuntas de un sentido de mundo, reaccionando a movimientos sociales como los feminismos y las disidencias sexo-genéricas, en paralelo con preguntas filosóficas y críticas que trazan dislocaciones de miradas para acercarnos, desde una sensibilidad poética, a la confusa cotidianidad de un país herido.

Vella, velluda, velludita, Carmen Serratos, 2018-2021. / Foto: cortesía nohacernada.org

Así lo observo en proyectos como Salón Silicón, Pandeo, nohacernada.org, Feminasty, Bicéfala, Bienal Tlatelolca o Estudio Marte. Las exposiciones que estos espacios independientes organizan tienen como núcleo la amistad, los afectos guiados por afinidades estéticas y político-identitarias, a fin de tender redes que habitan el borde de la obra artística como (posible) mercancía para el sustento económico y la profesionalización del trabajo cultural, y, a su vez, como espacio de reconocimiento ético, de alegría y potencia, que nos lleva a la posibilidad de otras formas de habitar esta ciudad a partir del trabajo cultural.

Foto: cortesía Pandeo.

Este tipo de redes también las encontraremos en otras formas de autogestión independiente. Una de esas formas es el grupo de estudio que responde a la carencia de programas de educación continua para las artes visuales. Grupos como Intercuraduría, Despatriarcalizar el Archivo, CIPEI o Zona de Desgaste, por mencionar algunos, trazan la docencia y la pedagogía colectiva como otras posibilidades de profesionalización. A su vez, estos espacios se reflejan en aquellas redes que toman forma a partir de proyectos editoriales como Tumbalacasa, Fiebre Ediciones, Gato Negro, Silvestre y Can Can Press, o de proyectos de comunicación y divulgación de pensamiento crítico, como Chiquilla Te Quiero, Amigas Íntimas, Onda MX, GasTV, Hysteria Revista! y Terremoto. Los materiales de estos y otros proyectos editoriales y de comunicación pueden encontrarse en librerías como Casa Bosques, U-Tópicas, RRD, Cafelería y la biblioteca Aeromoto.

Foto: cortesía Pandeo.

A pesar de la política de austeridad de la 4T, que tiene como consecuencia una institucionalidad pública cada vez más débil reflejada en la poca circulación de exhibiciones nacionales e internacionales en museos, que cada vez se quedan con menos especialistas contratados, el sistema del arte de la Ciudad de México se mantiene activo, en espera de que el capital simbólico y social pueda impulsar economías que reconozcan el valor del trabajo cultural.

Foto: Diego Berruecos.

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Diego del Valle Ríos es editor en jefe de la revista Terremoto y miembro del Círculo Permanente de Estudios Independientes.

En el último año y medio, la pandemia sacudió el pulso de la Ciudad de México. Sin embargo, la nostalgia provocada por lo que cambió (o se perdió) con el tiempo se compensó con todo tipo de nuevas propuestas —desde espacios culturales emergentes hasta taquerías que promueven la vida de banqueta— y esos lugares de siempre que, irónicamente, apenas aprendimos a valorar. Mientras la ciudad va retomando el ritmo de a poco, cuatro colaboradores nos comparten sus vivencias pandémicas desde distintos ángulos.


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