septiembre 12, 2017
Hotel de Crillon, la reinvención del lujo
Loyda Muñoz

Un nuevo capítulo ha comenzado para este palacio, que confirma ser el destino de lujo para hospedarse en París.

Al cruzar Place de la Concorde, el obelisco de Louxor roba las miradas y al fondo se vislumbra un recinto arquitectónico que trae a la memoria el siglo XVIII por su fachada inconfundible. Se trata del Hotel de Crillon, un palacio que se ha convertido en uno de los hoteles más lujosos en el mundo y que, después de 3 años y medio, ha reabierto sus puertas.

Fue construido en 1708 por Ange-Jacques Gabriel. Luis XVI ordenó su edificación con un propósito: que sirviera como fondo para una estatua del monarca. Sin embargo, sería escenario de momentos clave de la monarquía francesa: la boda con María Antonieta en 1770, su paso por la guillotina, la revolución francesa y la lectura en voz alta de la Declaración de la Independencia, entre otras.

Con el paso de los años, sus pasillos fueron recorridos tanto por miembros de la monarquía, como por Orson Welles, Peggy Guggenheim o Sophia Loren. Desde su apertura al público en 1909, Crillon se caracterizó por sus detalles de época. Paradójicamente, en un afán por conservar la esencia de tiempo, quedaría rezagado en la cambiante definición de lujo.

Cuando el príncipe Miteb bin abdullah bin Abdulazis lo adquirió en 2010, marcó un antes y un después en el palacio. Así, en 2013 arrancó una renovación total que le obligó a cerrar sus puertas por tres años y medio. Y los resultados no han decepcionado. Con 200 millones de euros invertidos y más de 150 profesionales involucrados en el proyecto, el Hotel de Crillon abre un nuevo capítulo en el que el pasado se encuentra con el presente.

El encanto temporal se ha mantenido, pero son las pequeñas modificaciones las que hacen un cambio sustancial. Los techos fueron elevados 91 centímetros, algunos de los muebles fueron cambiados para una sensación de modernidad y 124 habitaciones fueron totalmente renovadas. Como es de esperarse, el mármol, el Baccarat, los candelabros, los acentos en terciopelo y tonos dorados son una constante en cada uno de los rincones del hotel, aunque con una armonía que evade lo barroco y que alude a lo estético.

Además, uno de los salones más exclusivos (Les Grands Appartements) fue rediseñado por Karl Lagerfeld, el káiser de Chanel y un coleccionista férreo de objetos del siglo XVIII. Entre pisos de mármol, vestidores majestuosos, una bañera Carrera y fotos de Choupette (su gato) en las paredes, la estética de este espacio es una oda a la esencia característica de Luis XVI y al estilo único de Lagerfeld.

Entre las novedades resaltan el spa, la nueva alberca y uno de los tres restaurantes ofrece el expertise del chef Christopher Hach —reconocido por sus estrellas Michelin—. Sin duda, con su reapertura el Hotel de Crillon confirma porqué en su momento fue un destino de lujo por sí mismo. No obstante, ha dejado claro que ha comenzado una nueva era que dialoga con su herencia y la contemporaneidad.

 

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