agosto 1, 2019
Bailar como cubano en Cuba (una guía práctica, paso a paso)
Redacción TravesíasTexto: Sigfredo Ariel / Fotos: Tomás Casademunt

Todo lo que necesitan saber antes de irse a bailar a Cuba

Para celebrar nuestros 18 años, invitamos a nuestros amigos y colaboradores más cercanos a compartir sus historias y recuerdos favoritos de Travesías en nuestro especial 18 X 18. Este texto se publicó originalmente en el número 23 de Travesías, en agosto de 2003.

Encontrar música cubana en Cuba parece fácil. Por todas partes pequeños grupos insisten en un repertorio “clásico”, del son al chachachá, y cantadores espontáneos tocan los viejos hits que reviviera el Buena Vista Social Club: la raída Guantanamera o Hasta siempre Che Guevara que –según piensan– es lo que viene a escuchar el viajero. Pero hallar la música que verdaderamente bailan los cubanos es una cosa bien distinta.

Timba para bailar

Lo bailable siempre ha sido el fuerte de la música popular cubana, y por fortuna la salud de la llamada timba –término que los cubanos enfrentaron a la etiqueta de salsa de Nueva York– es magnífica. Si no lo es en el sentido puramente comercial, pues apenas existe un mercado interno del disco con escasa repercusión internacional, sí lo es a nivel de apetencia de los bailadores cubanos: hoy es posible encontrar una docena de orquestas de primera línea que se disputan a brazo partido la preferencia del público.

Tomás Casademunt

Los escenarios están divididos en dos grandes grupos: los “elegantes”, donde la entrada y el consumo se efectúan en dólares norteamericanos, y los “populares”, al aire libre, que son los lugares en donde se inventan nuevas coreografías, se estrenan modas en el peinado y el vestir; donde, sobre todo, los cantantes y músicos improvisan y ensayan ideas, textos y melodías cuyo éxito dependerá de la aceptación de Su Majestad el bailador.

Los escenarios del baile popular son la plaza Menocal de Arroyo Naranjo, la de la Virgen del Camino, la de San Miguel del Padrón, La Alberro, del Cotorro, la Plaza Roja de La Víbora y La Vereda de La Lisa. Todas son plazas públicas ubicadas a unos pocos minutos del centro, y las matinées tienen un poder sorprendente, sobre todo los fines de semana.

Más serenos, aunque no carentes de tórrido sabor, son los lugares que llamé “elegantes”, con servicio de snackbar y covers. En una opulenta quinta de recreo de la periferia capitalina se encuentra el cabaret y restaurante La Macumba. Memorable, dicen, fue la noche en que Pedro Almodóvar y Alaska ocuparon una de sus mesas. En la Cecilia se presenta regularmente uno de los “número uno” de la actualidad timbera: Paulito FG y su élite. También hay espectáculos bailables en el exclusivo Papa´s Cabaret, de la Marina Hemingway.

Compay Segundo. Foto: Tomás Casademunt.

Otros elegantes: La Casa de Música de la Playa es, como en su día el extinto Palacio de la Salsa, una cita obligada para los interesados en ponerse al día sobre qué y cómo baila La Habana. Rivaliza ahora con otra Casa de la Música, más lujosa y mejor equipada, abierta recientemente en el hermoso edificio del Teatro América, de estilo art decó, que albergó también el antiguo Radio Cine en la céntrica calle Galiano. Ahí se presentan diariamente espectáculos bailables, pero tome en cuenta que en las matinées suben al escenario grupos de música alternativa o pop, como Buena Fe.

Hay música bailable de primera línea en los jardines del Restaurante 1830 de fantástico diseño arquitectónico a la orilla del mar, y en los cabarets de los hoteles Habana Libre y Meliá Cohiba, este último ambientado a manera de los años 40 y 50, que tal vez cuenta con la mejor barra de la ciudad.

Tomás Casademunt

El Diablo Tun Tún –en el mismo lugar que la Casa de la Música–, aunque tiene dimensiones de piano bar (el nombre proviene de una vieja y pícara guaracha) es en realidad un cabaret que abre hasta poco antes del amanecer. Su atractivo principal es José Luis Cortés “El Tosco”, flautista de sólida formación académica y protagonista de varias aventuras exitosas, como su conjunto NG La Banda.

Se baila cada noche también en el café cantante Mi Habana, del Teatro Nacional, y en su piano bar Delirio Habanero. Aunque la programación de los dos escenarios está centrada en lo bailable, dan cabida a grupos vocales y algunos solistas.

Clubes y cabarets para cantar y llorar

El bolero y la canción se refugian en la oscuridad de los clubes (boîtes) y en ciertos segmentos de espectáculos de cabaret. El remozado club El Gato Tuerto es el reducto de la bohemia artística de los años 60. Nicolás Guillén era uno de los asiduos, así como numerosos autores e interpretes del “filin”. Ahí cantó hasta poco antes de su muerte Elena Burke, una de las más veneradas cantantes cubanas.

Tomás Casademunt

Una de las figuras del elenco del Gato Tuerto, Alina Torres, canta al piano un número que compuso con versos de Olga Navarro en homenaje al club: “Se refugiaba en el Gato Tuerto/ como marinos que andan sin puerto/ la farándula habanera/ de smoking y guayabera”. Para terminar en un coro que asegura: “… en el Gato se vacila… una pila”, lo que en un buen habanero quiere decir, aproximadamente, “allí se la pasa uno a todo dar”. Y es cierto que en el Gato Tuerto uno puede perderse en noches francamente indescriptibles.

Boleros de toda la vida se escuchan cada noche en Dos Gardenias, interpretados por grandes del género sentimental como Lino Brorges y Roberto Sánchez. Es un ambiente íntimo, propicio para dúos, tríos y cuartetos improvisados de cantantes que descargan un repertorio de más de un siglo, respaldados por guitarra, piano y percusión. A veces actúan en Dos Gardenias pequeños grupos musicales que acompañan las voces del bolero… y de algún otro valiente espontáneo. La casa lleva el nombre de una famosa canción sentimental compuesta por Isolina Carrillo en los años 30.

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El famoso Tropicana sigue ofreciendo un vertiginoso y extenso show al estilo de los grandes espectáculos de los años 50, con profusión de coristas, jazz band y cuerdas , cuartetos vocales, modelos y solistas. Recorre géneros y estilos de la música cubana, desde los cantos religiosos africanos hasta el bolero, la canción lírica, el son, la rumba… y un segundo show con orquesta bailable termina un poco después de media noche. El Copa Room del Hotel Havana Riviera y el Cabaret Parisién del Hotel Nacional de Cuba, también presentan shows con orquestas, cuerpo de baile y figuras.

Lo que está emergiendo

Grupos como Free Hole Negro, Interactivo, cantantes como X Alfonso –que recibiera un Grammy por un disco homenaje a Benny Moré–, William Vivanco, Yusa y otros se presentan a menudo en la sala Caturla del Auditorium Amadeo Roldán, donde se ofrecen también conciertos de música de fusión o expresiones contemporáneas de la canción cubana, que admite influencias tan variadas como el hip hop, la música brasileña o la rumba cubana. El dúo Buena Fe es muy popular en todo el país, con canciones que tienen un poco de nueva canción y otro tanto de pop o balada rock.

Tomás Casademunt

Últimamente también proliferan grupos de “nuevo flamenco”, que mezclan al cante andaluz con un espíritu evidentemente isleño. Reiner Mariño y su grupo es uno de los más laboriosos y originales de esta tendencia que, inesperadamente, vinen ganando espacio. Aunque se presenta en varios escenarios, es posible encontrarlo en La Zaragoza, un restaurante especializado en comida española.

Carlos Varela, Polito Ibáñez, Santiago Feliú, Frank Delgado y Gerardo Alfonso son, aunque cada quien a su estilo, continuadores la Nueva Canción Cubana o Nueva Trova, que popularizaron Pablo Milanés, Noel Nicola y Silvio Rodríguez. Ofrecen conciertos y actuaciones especiales en instituciones culturales como Casa de las Américas y en salas teatrales.

Tomás Casademunt

En La Rampa, centro del Vedado, la zona de los mejores hoteles, está La Zorra y el Cuervo, un verdadero recinto de jazz que a menudo ofrece mucho más (y mejor) que lo que anuncia su cartelera diaria. Winston Marsalis, George Benson o Chucho Valdés pueden aparecer inesperadamente y ponerse a tocar. He visto por allí, por ejemplo, al actor Jack Nicholson fumarse un puro ante un dorado ron añejo. Jazz Café es, por otra parte, sede de uno de los principales grupos de jazz del país: Habana Ensemble, dirigido por el saxofonista César López, quien tiene su cuartel general. El Greco y Diákara hacen maravillas en una madrugada que tiene un solo defecto: concluye. Y los martes Charanjazz es una experiencia sui generis que está –y dará– de qué hablar.

De dónde son los cantantes…

“El son es lo más sublime, para el alma divertir se debiera de morir quien por bueno no lo estime…” Esta especie de maldición gitana pertenece a un son que escribió Ignacio Piñeiro hace unos setenta años. De algún modo encierra la jactancia que siente el cubano de su música, incluso aquellos que van al karaoke a cantar baladas de Luis Miguel. Los grupos de sones tradicionales –tanto septetos como conjuntos– no tienen sede fija, pero es posible hallar a las Estrellas de Chocolate tocando en los jardines de La Tropical, y al Septeto Habanero en algún otro salón al mismo tiempo. Todo es cuestión de suerte. Compay Segundo, Omara Portuondo, la orquesta Aragón o Pío Leyva no dejan de recalar en la isla y tocar entre uno y otro avión de los que llevan a las cuatro esquinas del planeta. Todo es cuestión de seguirles la pista.

Tomás Casademunt

La trova y la tradición Santiago y Santa Clara

La Casa de la Trova de Santiago de Cuba, cuna del bolero, está situada en la céntrica calle Heredia. Más que trovadores, presenta cantantes y grupos que cultivan el son y la guaracha… a veces un bolero al estilo oriental. Aquí también se han abierto otras Casa de la Música Trinidad y Cienfuegos. Proveídas con sofisticados sistemas de luces y audio, al igual que las capitalinas, no es raro sorprender en ellas a una buena orquesta habanera en tournée.

Tomás Casademunt

En la misma ciudad, la Casa de las Tradiciones suele ofrecer un programa más variado, que incluye grupos de changüí, arcaica y sabrosa modalidad del son cubano apenas recogido en grabaciones. Originario de Guantánamo, el changüí se cultiva en sus formas tradicionales en esa localidad donde viven aún figuras renombradas del género. En la ciudad Santa Clara existe El Mejunje, espacio informal que presenta una vez a la semana al grupo de Los Fakires, con su constate insignia, Cascarita. Veteranos que conocen los secretos del bolero y el son. Un grupo estupendo de música campesina, Mi cocodrilo verde, también se presenta aquí.

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Foto de portada: Tomás Casademunt
Este texto forma parte del número 23 de Travesías

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