abril 28, 2015
Aspen: sin esquiar en el pueblo de esquí
Redacción Travesías

Sabemos que a Aspen se viene a esquiar, pero esta vez decidimos contarles sobre la otra cara de este histórico pueblito de Colorado.

Mientras en las calles del centro de Aspen se llevaba a cabo la Soupsköl, un concurso donde cada año los restauranteros sirven la mejor de sus sopas al público, Gina despacha en su tienda de abrigos, a unas cuadras de ahí.

Entro por mera curiosidad a su local, como lo había hecho con muchos del andador peatonal Hyman Mall, e inmediatamente me aborda, aunque no para orientarme con los artículos que vendía.

—¿Qué te pareció la Soupsköl? ¿Cuántas probaste? ¿Por cuál votaste? Gina parece muy entusiasmada con el evento que se está perdiendo. Luego de cinco minutos de contarme sobre sus amigos que participaban y también de sus sopas preferidas, se convence a sí misma de cerrar el local e ir a votar.

Mientras nos encaminamos, Gina me cuenta que nació en Puerto Rico pero gran parte de su vida la pasó en Nueva York. Al graduarse quiso conocer los estados del oeste y cuando llegó a Aspen supo que ésa sería su próxima residencia.

—Pregúntale a la gente por qué vive aquí. Casi nadie te va a responder que por su familia, por nacer aquí o por su trabajo. De Aspen la gente se enamora, del Ajax (el nombre de cariño de Aspen Mountain), del invierno y del bosque.

La gente hace largas filas por un vaso de sopa caliente, ni la ligera nieve los ahuyenta. Todos platican y se divierten; es una fiesta de la comunidad con muy pocos turistas. “No es casualidad que la gente de aquí tenga los mismos intereses y que por eso se generen lazos fuertes y sentimientos comunitarios. Todos buscamos actividades al aire libre, algunos esquían, otros hacen snowboard, ciclismo o alpinismo; otros han ampliado la oferta cultural abriendo galerías y estudios”.

La Soupsköl es uno de los tantos concursos del gran festival anual Wintersköl, al igual que el Broom Ball (una especie de hockey que se juega con escobas o bastones de plástico), el Canine Fashion Show (desfile de perritos vestidos a la moda), el Fat Cycle Challenge (un rally en bicicletas de llantas anchas) o el Mad Hatter’s Ball (baile con concurso de sombreros). Hay gran expectativa para conocer a los campeones de cada año, y además, claro, son eventos divertidos y emocionantes, me cuenta Gina.

—A algunos extranjeros que vienen de grandes ciudades la Wintersköl les parece un tanto inocente, tal vez porque todavía no descubren el valor de la sencillez. A mí, incluso siendo de Nueva York, no me costó trabajo adaptarme a un ritmo de vida pausado, lleno de naturaleza y con gente buena.

Si bien Gina tiene razón en la inocencia de Aspen y la pasión de sus habitantes por la vida de montaña, omite que este pequeño pueblo, con una colorida historia de épocas mineras y del Viejo Oeste, también se distingue por hoteles de lujo extremo, restaurantes que presumen cavas de miles de botellas, clubes privados, y por tener uno de los costos inmobiliarios más altos por metro cuadrado del país. Así que pintarlo como sencillo e inocente, tal cual, tampoco es correcto.

La primera impresión

Muchos pueblos de Colorado y Utah comparten un pasado minero con rasgos en común: rápida expansión hacia finales de siglo XIX y principios del XX, llegada de riqueza (edificios, trenes, infraestructura, electricidad) y una vertiginosa decadencia que los dejó en abandono parcial o de plano como pueblos fantasma luego de la Gran Depresión.

Aspen estuvo a punto de sumarse a la fantasmagórica lista: su población decayó hacia 1930 a unos 700 habitantes. No tenían recursos, pero el legado minero les ayudó a salir adelante; se rehabilitaron edificios como la Wheeler Opera House, (de 1898 pero incendiada y saqueada desde 1912), el Pitkin County Courthouse (de 1890) o el Hyman-Brand Building (1891), construcciones de ladrillo que daban una gran vista a la ciudad.

Sumaron esos atractivos a sus privilegios naturales de montañas, ríos y a las toneladas anuales de nieve;  fue así como rápidamente se convirtieron en el destino turístico de esquí por excelencia, apenas en 1950. Por ello, desde la llegada al pueblo se siente una vibra distinta a la de una ciudad común de Estados Unidos. Tantas construcciones de ladrillo rojo entre calles estrechas dan un sentimiento de elegancia, historia y antigüedad, algo que no se encuentra en cualquier sitio de este país.

Entre hoteles como The Little Nell, St. Regis, o Jerome, se respira lujo puro, ya sea para dormir ahí, tomar un tratamiento en el spa, ir al après-ski o a cenar. Carlton Mccoy, el director de la cava de The Little Nell, es uno de los poquísimos master sommelier (y uno de los más jóvenes del mundo): su selección de botellas impresiona a cualquiera. La cava está en el sótano y si uno reserva con tiempo, Carlton la mostrará y dejará probar sus más exquisitas etiquetas; incluso sus preferidas, las francesas de principios de siglo.

A la montaña

El mayor atractivo de este destino es la propia ciudad. Incluso los mapas, que en Aspen están orientados al revés con tal de que la montaña (que está en el sur) quede en la parte superior. Esto no es nuevo, ocurre desde los mapas más antiguos de la ciudad.

Desde luego, no se puede llegar sin idea de qué es lo que se quiere hacer. Esquiar y hacer snowboard son dos opciones (muy recomendables, con una de las mejores escuelas del país y con un porcentaje muy elevado de pistas negras para expertos), pero no las únicas. También vale la pena ir a las Maroon Bells a hacer snowmobiling, con la familia Dean, dueños de ranchos en la zona desde hace casi 80 años.

Su tradición vaquera, con reminiscencias del Viejo Oeste, es cuidar ganado. Mantienen caballos en excelentes condiciones y en verano los visitantes galopan en ellos por las montañas.

Salimos en el snowmobile, un vehículo con poderoso motor que se desliza ágil entre los aspens (así se llaman los árboles predominantes aquí) y después de conducir durante media hora llegamos a una cabaña en el medio de la nada. Kevin, uno de los vaqueros, enciende leña en una parrilla al aire libre rodeada de nieve. Cocina hamburguesas de res, provenientes de animales criados en este mismo rancho, alimentados de manera orgánica y que además viven en libertad por la montaña. La cultura por el respeto a los alimentos está muy difundida en Aspen y en general por todo Colorado.

—Nuestro pueblo siempre ha estado a la vanguardia en ideología de sustentabilidad, respeto y ecología, a tal grado que en cierta época en el país se nos tachaba de hippies eternos. John Denver se mudó aquí en los años setenta para cantarle a las montañas, al río, a los caminos. Aspen inspira a todo eso, algunos lo entienden y lo aprecian, otros lo toman con prejuicios.

Ya no quise sacar el tema porque al parecer Kevin estaba un poco sensible con la naturaleza y el progresismo, pero valdría la pena saber su opinión sobre la tienda de marihuana que abrieron en el centro este año y que los ha colocado, junto con Washington, en la punta de lanza hacia la legalización generalizada en Estados Unidos.

Ha trascendido en los medios que la legalización para el uso recreativo del cannabis ha repercutido de manera favorable tanto en las arcas como en la economía del estado, generando cientos de empleos según Drug Policy Alliance y Marijuana Policy Project. Y no es que uno se percate de esto en las calles de Aspen, ya que más allá del par de locales que venden la planta y parafernalia, no hay otros rastros de marihuana en las calles. Parece que una gran mayoría de los locales y los visitantes aceptan de buena manera la legalización.

Luego de cocinar hamburguesas y volver de la cabaña Kevin nos explicó cómo sale a pescar a los ríos del valle de Roaring Fork en el verano. Él va a caballo, pero mucha gente sale en caminatas o en todoterrenos y practica pesca con mosca. El verde del bosque es incomparable e igualmente impresionante que en el invierno, nos cuenta, y la actividad más popular cuando la nieve se va es sin duda el ciclismo de montaña. La gente rueda por los senderos trazados en las montañas y dan la vuelta por Aspen Mountain hasta llegar acá, a los picos de Maroon Bells. Muchos salen con sus perros, casi siempre de razas grandes.

El tour cool y cultural

Tuvimos una buena dosis de montaña y naturaleza, pero nos faltaba ver la parte más sofisticada del pueblo. Comenzamos por el Aspen Art Museum, un edificio que ha desatado controversia a su alrededor. Algunos dicen que es un desperdicio de espacio y otros elogian su belleza arquitectónica. Lo cierto es que sin duda hay que ir, sobre todo porque está sobre Hyman y es una esquina ineludible. Además, la entrada es gratis.

También en Hyman se encuentra la Omnibus Gallery, donde George Sells, un malhumorado millonario, vende litografías y pósters antiguos –de hasta 150 años– con precios que van desde los dos mil hasta medio millón de dólares. Se jacta de tener una de las colecciones más grandes del mundo, aunque no está seguro de ello (tiene entre 10 mil y 20 mil piezas).

La librería Explore y la Wheeler Opera House son dos de los edificios emblemáticos de Aspen (muy queridos por los locales, además). Ambos centenarios y de ladrillo, vale la pena asomarse ya que seguro habrá algún evento llevándose a cabo. Para obras y musicales destaca el Theatre Aspen Hurst Theatre (parece errata, pero así se llama), al cual algunos han apodado, por la tremenda calidad de las representaciones, el minibroadway.

¿Y el esquí?

Ya habíamos dicho que no íbamos a hablar del esquí. Pero bueno, sí, desde luego que uno a eso viene a Aspen y con esa nieve tan suave es inevitable. Aunque es clásico que alguien en el grupo no sea tan hábil en los descensos, para ellos también hay un plan alterno aquí: visitar los shrines, una suerte de altares o retablos montados en árboles a la mitad de la montaña. Algunos son muy famosos, como el que honra a Jimi Hendrix o el de The Beatles; la simple misión de internarse a buscarlos bastará para entretenerse por semanas. Siempre está la opción de acercarse en verano, cuando no hay multitudes y el verde lo invade todo. La montaña aquí puede disfrutarse, sin duda, en cualquier momento del año.

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