agosto 1, 2019
Un viaje al comienzo del mundo
Luz ArredondoFotos: Rigo de la Rocha

Una aventura extraordinaria en Patagonia.

Para celebrar nuestros 18 años, invitamos a nuestros amigos y colaboradores más cercanos a compartir sus historias y recuerdos favoritos de Travesías en nuestro especial 18 X 18. Este texto –recomendación de Luz Arredondo, directora de Comunicación de Travesías Media– se publicó originalmente en el número 129 de Travesías, en abril de 2013.

En camino

Estamos sobrevolando Puerto Montt. En los audífonos escucho al piloto y a una voz desde la torre de control que intercambian planes de vuelo. Como fondo, el sonido de las hélices del helicóptero. Nuestra dirección es Valle California. El paisaje cambia a cada minuto, recorremos la costa y nos adentramos en la cordillera de los Andes. Me invade una sensación de adrenalina, estamos por llegar a un lugar desconocido y remoto. Apenas lo puedo creer, ya estamos en la Patagonia.

Hicimos la travesía un martes de febrero; dejamos atrás montañas de trabajo y agobios cotidianos. De la ciudad de México a Santiago, luego a Puerto Montt, una escala para comer en Puerto Varas, con un lago espectacular y un volcán. Después nos subimos a un helicóptero que nos llevó a Valle California. Un recorrido intenso y agotador para un cambio radical en menos de 24 horas.

Rigo de la Rocha

Valle California se encuentra en la Patagonia chilena, cerca del pueblo de Palena. Enclavado en la cordillera de los Andes, lo sorprendente es la variedad de paisajes: bosques, lagos, glaciares, montañas, ríos, praderas. Se respira una tranquilidad inusitada; el sonido de la naturaleza sin intervención humana. Aterrizamos ahí, en el fin del mundo, donde sólo había seis casitas, una casa principal y un establo.

Nos recibieron Natalia y Juan Carlos, de Audemars Piguet, y fuimos directo a instalarnos en nuestro yurt, una especie de casa de campaña de lona gruesa, que tiene todas las comodidades de un cuarto de hotel. Desde el yurt se podían ver las montañas y escuchar el sonido del río. Una ventanita en el techo dejaba contemplar las estrellas desde la cama. Y como era de esperarse, no había televisión, ni señal de celular ni internet: una desintoxicación de tecnología que hay que vivir de vez en cuando.

Nos dieron una linterna y un radio para poder comunicarnos por la noche. A la mañana siguiente, uno de nuestros compañeros de viaje me dijo en el desayuno: “Estás en el yurt del puma, ¿verdad?”, y yo le respondí que no entendía a qué se refería. Me dijo que a los últimos huéspedes los había visitado un puma, y me puse pálida. Todos se rieron porque era la broma de bienvenida.

Rigo de la Rocha

El centro de reunión de la reserva es el quincho donde todos los invitados coinciden para comer, contar sus experiencias del día, conocerse y convivir. Empiezas y terminas tu día en el quincho, una palabra que describe un espacio con un asador donde las familias chilenas se juntan para comer asado. Es como un club house construido de madera con un gran ventanal, un comedor largo, una sala con una chimenea que siempre está prendida y una vista espectacular del río y de las montañas.

Para entrar a este lugar hay que quitarse los zapatos y ponerse unas “patitas”, que son unos zapatos de lana hechos a mano por las tejedoras de la región. El diseño del quincho se integra perfectamente al entorno, tiene muy buen gusto en cuanto a la selección de muebles y detalles. No es ostentoso, pero sí acogedor. Hay un equipo de cocineros que prepara diferentes menús para cada comida con productos locales y recetas de la región. Y como debía ser, una buena selección de vinos chilenos para acompañar cada comida.

Rigo de la Rocha

Creando un paraíso sustentable

Patagonia Sur es una empresa enfocada en el desarrollo sustentable, que invierte, protege y conserva áreas remotas con alto valor ecológico en la Patagonia chilena. Es una empresa con fines de lucro que lleva cinco años en operación y que tiene como a 50 personas dedicadas al proyecto.

Warren Adams, su fundador, después de un año de viajar por el mundo llegó a la Patagonia, y estuvo pensando en cómo mantener un lazo para siempre con la región. Decidió crear un nuevo concepto para hacer de la conservación un buen negocio. Generalmente el concepto de conservación se asocia con acciones idealistas que no dejan dinero y que son pura buena voluntad. Cuando me explicaron el proyecto de Patagonia Sur, me di cuenta de que es muy profesional, nada improvisado y, más todavía, logra un balance entre mejorar el planeta, ayudar a las comunidades cercanas y ser rentable, lo que le dará permanencia a través de los años.

La rentabilidad viene de emitir bonos de carbono para empresas e instituciones, del patrocinio de empresas y universidades para reforestar bosques dentro de las reservas, de la venta de terrenos en la zona para que después se construyan casas con todos los lineamientos de sustentabilidad y también del turismo ecológico de lujo. Todos estos elementos generan ingresos para mantener los programas de reforestación, conservación y apoyo a las comunidades.

Rigo de la Rocha

Marcela, del área de comunicación del proyecto, nos contó que Patagonia Sur empezó con la selección y adquisición de seis propiedades en la región. El objetivo, desde el principio, fue mantener como área protegida 80% del lugar y que el restante 20% se dedicara a actividades de ecoturismo. Actualmente hay dos propiedades que tienen instalaciones para ecoturismo de lujo: Valle California y Melimoyu. Hay 60 socios fundadores del desarrollo, que originalmente eran los únicos que tenían acceso a estas dos reservas. A partir del año pasado, las propiedades se abrieron al público general.

Marie, la directora de marketing, nos explicó que Patagonia Sur tiene otras divisiones enfocadas en la reforestación y la emisión de bonos de carbono. También visitamos la fundación que se encarga de integrar a las comunidades, dar educación y generar un desarrollo productivo en la zona. Los productos que se consumen en las reservas provienen de un huerto orgánico y de productores locales. Martha, la experta en agricultura orgánica, nos contó que mediante los cultivos con semillas tradicionales y la rotación de los mismos, se logra alcanzar un equilibrio natural en el huerto de la fundación.

Patagonia chilena

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Otro programa interesante de la fundación se enfoca en apoyar a tejedoras de lana de la comunidad cercana de Palena. A partir de nuevos diseños se abre el mercado para el proceso de la lana. Nos contaron que las tejedoras aumentaron 40% sus ingresos desde que se implementó este programa.

Los bonos de carbono

En un principio no entendía del todo el asunto de los bonos de carbono. Ataqué a Marie con mis preguntas durante una de las comidas después de una excursión, y platicamos un largo rato sobre el tema. Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) se generan todo el tiempo en nuestra vida cotidiana con el consumo de electricidad, combustibles, etc. De manera colectiva, estas emisiones contribuyen al cambio climático. Y éste se ha ido acelerando en los últimos años, y el resultado es un desequilibrio grave.

Marie me platicaba que desde que se firmó el Protocolo de Kyoto se crearon diferentes mecanismos para reducir las emisiones de CO2 en el mundo. Parte de estos mecanismos incluye establecer límites de emisiones para los países desarrollados que, cuando sean mayores a los establecidos, se puedan neutralizar por medio de la compra de bonos de carbono.

Patagonia chilena

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Con el proyecto de reforestación y biodiversidad de Patagonia Sur se crean bonos de carbono que sirven para reducir y compensar estas emisiones de CO2, de manera que se disminuya la huella de carbono de individuos y empresas. La deforestación es la segunda causa más importante del cambio climático, por lo que algo tan sencillo como plantar árboles revierte de manera inmediata el daño causado.

De paseo

Las excursiones se planean cada día considerando el ánimo de los huéspedes y el clima. Hay una gran cantidad de recorridos que se pueden hacer en las 3200 hectáreas de la propiedad. Cada uno de los guías es experto en su tema, por lo que en el camino uno va aprendiendo diferentes cuestiones ambientales de la zona.

El segundo día del viaje intentamos la pesca con mosca. Parece simple, pero es todo un arte. Ricardo, nuestro instructor, al que irónicamente llaman Pequeño (porque es altísimo), nos dio una clase básica de cómo lanzar la guía para que alcance la mayor distancia en el río. Después de practicar varias veces el lanzamiento, a la guía de la caña de pescar se le pone una mosca, que es un anzuelo disfrazado de insecto, para intentar pescar algo. En el río Tigre hay truchas, así que si eres paciente y afortunado, puedes atrapar una. Aquí se pesca y se libera, una manera de no dañar al ecosistema pero sentir la emoción de ganarle al pez. Para los expertos en este deporte se tiene la posibilidad de realizar pesca en lagos y lagunas remotas a los que sólo se puede llegar a caballo o en helicóptero. No resulté una experta innata, pero fue divertido intentarlo.

Patagonia chilena

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Mi experiencia favorita fue recorrer el valle en helicóptero. Al tercer día del viaje hicimos una excursión a un glaciar muy cerca del lago Palena. El recorrido fue espectacular, unos paisajes en los que se mezclan las montañas y el bosque con un lago de color azul que va cambiando de tonalidades y que es como un espejo perfecto del cielo. El glaciar es inmenso, con un azul que se agudiza mientras más viejo es el hielo. Las rocas junto al glaciar eran de granito, y las escalamos para poder ver de cerca las formaciones de hielo. Daniel, nuestro guía, nos explicó que este glaciar se encuentra a 400 metros sobre el nivel del mar y que la única manera de llegar a él es en helicóptero.

La sensación de estar a la mitad de la nada contemplando ese paisaje es insuperable. Me hubiera encantado estar allí todo el día, pero teníamos más actividades. Así que nos subimos de nuevo al helicóptero para ir al pueblo de Palena. Miguel, el piloto, no dejó de hacer bromas de mi acento mexicano. Luego, para ponernos todavía más contentos, le puso emoción al viaje subiendo y bajando con la nave: una sensación de adrenalina que me encantó.

Patagonia chilena

Rigo de la Rocha

En el último día hicimos una excursión a caballo con Simón, un experto en equitación que conoce la zona a profundidad. Nos llevó a visitar una laguna a través de senderos en el bosque. El estilo de silla de montar es gaucho, lo que permite recorrer largas distancias sin cansarse. De pronto se soltó a llover y el olor del bosque húmedo lo invadió todo. Simón nos fue platicando sobre el tipo de árboles, qué animales viven allí, cómo les gusta pescar, y que a veces pescan en la noche, también nos platicó que la frontera con Argentina está muy cerca, por lo que a caballo puedes cambiar de país en cuestión de minutos.

Hablamos de los caballos que son silvestres y están libres comiendo lo que encuentran. La yegua que me tocó montar tenía hambre y aprovechaba cada descanso para buscar qué se comía. De regreso, los caballos apresuraron el paso, estaban contentos de regresar a su casa. Nosotros no teníamos prisa de volver a casa todavía, pero como todo lo bueno, el viaje también se acaba.

Foto de portada: Rigo de la Rocha

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